Nehemías

Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos

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Capítulo 3

1 El sumo sacerdote Elyasib y sus hermanos los sacerdotes se encargaron de construir la puerta de las Ovejas: la armaron, fijaron sus hojas, barras y goznes, y continuaron hasta la torre de los Cien y hasta la torre de Jananel.

2 Al lado de ellos construyeron los de Jericó; a su lado constuyó Zakkur, hijo de Imrí.

3 Los hijos de Hassenáa construyeron la puerta de los Peces: la armaron y fijaron sus hojas, barras y goznes.

4 A su lado reparó Meremot, hijo de Urías, hijo de Haqcós; a continuación reparó Mesullam, hijo de Berekías, hijo de Mesezabel; a su lado reparó Sadoq, hijo de Baaná.

5 Junto a él repararon los de Técoa, pero sus notables se negaron a poner su cuello al servicio de sus señores.

6 La puerta del Barrio nuevo la repararon Yoyadá, hijo de Paséaj, y Mesullam, hijo de Besodías: la armaron y fijaron sus hojas, barras y goznes.

7 A continuación de éstos repararon Melatías de Gabaón y Yadón de Meronot, así como los de Gabaón y de Mispá, a expensas del gobernador de Transeufratina.

8 A su lado reparó Uzziel, miembro del gremio de los orfebres, y a continuación reparó Jananías, del gremio de los perfumistas: ellos reconstruyeron Jerusalén hasta el muro de la Plaza.

9 A continuación reparó Refaías, hijo de Jur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén.

10 A continuación reparó Yedaías, hijo de Harumaf, delante de su casa; a continuación reparó Jattús, hijo de Hasabneías.

11 Malkiyías, hijo de Jarim, y Jassub, hijo de Pajat Moab, repararon la parte siguiente, hasta la torre de los Hornos.

12 A continuación de éstos reparó, con sus hijos, Sallum, hijo de Hallojés, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén.

13 Repararon la puerta del Valle, Hanún y los habitantes de Zanóaj: la construyeron, fijaron sus hojas, barras y goznes, e hicieron mil codos de muro, hasta la puerta del Muladar.

14 La puerta del Muladar la reparó Malkiyías, hijo de Rekab, jefe del distrito de Bet Hakkérem, con sus hijos: fijó sus hojas, barras y goznes.

15 La puerta de la Fuente la reparó Sallum, hijo de Kol Jozé, jefe del distrito de Mispá: la construyó, la cubrió y fijó sus hojas, barras y goznes. También restauró el muro de la alberca del canal, que está junto al huerto del rey, hasta las escaleras que bajan de la Ciudad de David.

16 Después de él Nehemías, hijo de Aztuq, jefe de la mitad del distrito de Bet Sur, reparó hasta enfrente de las tumbas de David, hasta la alberca artificial y hasta la Casa de los Valientes.

17 A continuación repararon los levitas: Rejum, hijo de Baní; a su lado reparó Jasabías, jefe de la mitad del distrito de Queilá, en su distrito;

18 a continuación repararon sus hermanos: Binnuy, hijo de Jenadad, jefe de la mitad del distrito de Queilá;

19 a continuación Ezer, hijo de Josué, jefe de Mispá, reparó otra sección frente a la subida del Arsenal del Angulo.

20 Después de él Baruc, hijo de Zabbay, reparó otro sector, desde el Angulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote Elyasib.

21 Después de él Meremot, hijo de Urías, hijo de Haqcós, reparó otro sector, desde la puerta de la casa de Elyasib hasta el término de la misma.

22 Después de él prosiguieron la reparación los sacerdotes que habitaban en la Vega.

23 Repararon a continuación Benjamín y Jassub frente a sus casas. Después de ellos Azarías, hijo de Maaseías, hijo de Ananías, reparó junto a su casa.

24 Después de él Binnuy, hijo de Jenadad, reparó otra sección, desde la casa de Azarías hasta el Angulo y la esquina.

25 A continuación Palal, hijo de Uzay, reparó enfrente del Angulo y de la torre en saliente de la casa del rey, la de arriba que da al patio de la cárcel. Después de él Pedaías, hijo de Parós, reparó

26 hasta la puerta de las Aguas hacia Oriente y hasta delante de la torre en saliente.

27 A continuación los de Técoa repararon otro sector frente a la torre grande en saliente hasta el muro del Ofel.

28 Desde la puerta de los Caballos repararon los sacerdotes, cada uno frente a su casa.

29 Después de ellos reparó Sadoq, hijo de Immer, frente a su casa. Después de él reparó Semaías, hijo de Sekanías, encargado de la puerta Oriental.

30 Después de él, Jananías, hijo de Selemías, y Janún, sexto hijo de Salaf, repararon otro sector. A continuación reparó Mesullam, hijo de Berekías, frente a su vivienda.

31 Después de él Malkiyías, del gremio de los orfebres, reparó hasta la casa de los donados y de los comerciantes, frente a la puerta de la Inspección, hasta la cámara alta del ángulo.

32 Y entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas, repararon los orfebres y los comerciantes.

33 Cuando Samballat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, montó en cólera y se irritó mucho. Se burlaba de los judíos,

34 y decía delante de sus hermanos y de la gente principal de Samaría: «¿Qué pretenden hacer esos miserables judíos? ¿Es que quieren terminar en un día? ¿Van a dar vida a esas piedras, sacadas de montones de escombros y calcinadas?»

35 Tobías el ammonita, que estaba junto a él, dijo: «¡Déjales que construyan; que si un chacal se alza, abrirá brecha en su muralla de piedra!»

36 ¡Escucha, Dios nuestro, porque nos desprecian. Haz que caiga su insulto sobre su cabeza. Entrégalos al desprecio en un país de cautividad!

37 No pases por alto su iniquidad, ni su pecado sea borrado en tu presencia, porque han insultado a los constructores.

38 Construimos, pues, la muralla, que quedó terminada hasta media altura. El pueblo había puesto su corazón en el trabajo.

Reflexión del capítulo 3

El tercer capítulo es una larga lista de quienes reconstruyen el muro, segmento por segmento, puerta por puerta. Sacerdotes, orfebres, mercaderes, mujeres y hasta el sumo sacerdote trabajan cada cual frente a su casa. El autor nos entrega un catálogo aparentemente árido que encierra una lección profunda: la obra de Dios es tarea de todos, y cada uno edifica desde su propio lugar. No hay protagonismo único; hay corresponsabilidad. El capítulo nos muestra que la comunidad se fortalece cuando cada miembro asume su porción. Algunos reconstruyen junto a sus hijas; otros, tras su propia puerta. La cercanía al hogar subraya que la fe se vive también en lo doméstico. Para la Iglesia de hoy, este texto es imagen del cuerpo de Cristo: muchos miembros, un edificio. La lista nos recuerda que Dios conoce y valora el nombre de quienes, en silencio, ponen su ladrillo. La reconstrucción del muro es símbolo de la edificación de la santidad comunitaria, donde nadie es superfluo. El trabajo manual ofrecido a Dios se vuelve oración hecha manos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy asume con responsabilidad tu «porción» en la comunidad o familia: una tarea concreta que nadie más hace. Ofrece tu trabajo manual o cotidiano a Dios. Valora el esfuerzo silencioso de los demás y reconócelo.

Oración

Señor, que reuniste a tu pueblo para edificar el muro, haz de nosotros piedras vivas en tu Iglesia. Que cada uno cumpla su parte con amor y nadie se considere superfluo. Amén.

Acerca del libro de Nehemías

El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.

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