Miqueas
Antiguo Testamento | 7 capítulos | 105 versículos
Capítulo 2
1 ¡Ay de aquellos que meditan iniquidad, que traman maldad en sus lechos y al despuntar la mañana lo ejecutan, porque está en poder de sus manos!
2 Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad.
3 Por eso, así dice Yahveh: He aquí que yo medito, contra esta ralea, una hora de infortunio de la que no podréis sustraer vuestro cuello. ¡No andaréis con altivez, porque será un tiempo de desgracia!
4 Aquel día se proferirá sobre vosotros una sátira, se plañirá una lamentación y se dirá: «¡Estamos despojados del todo; la porción de mi pueblo se ha medido a cordel, y no hay quien restituya; a nuestros saqueadores les tocan nuestros campos!»
5 Por eso no habrá para vosotros nadie que tire el cordel sobre un lote en la asamblea de Yahveh.
6 «¡No babeéis - babean ellos - que no babeen de esa manera! ¡El oprobio no nos alcanzará!
7 ¿Es acaso maldita la casa de Jacob? ¿Se ha cortado el soplo de Yahveh? ¿Es ése su proceder? ¿Es que no favorecen sus palabras a su pueblo Israel?»
8 Sois vosotros los que contra mi pueblo como enemigos os alzáis. Al irreprochable le arrancáis el manto; al que pasa confiado le infligís los desastres de la guerra.
9 A las mujeres de mi pueblo expulsáis de las casas de sus delicias; de sobre sus niños arrancáis mi honor para siempre:
10 «¡Levantaos, marchad, que esta no es hora de reposo! Por una bagatela exigís una prenda agobiante.
11 Si un hombre anda al viento, inventando mentiras: «Yo babeo para ti vino y licor», ése será el baboso de este pueblo.
12 Voy a reunir a Jacob todo entero, voy a recoger al Resto de Israel; los agruparé como ovejas en el aprisco, como rebaño en medio del pastizal, harán estrépito lejos de los hombres.
13 El que abre brecha subirá delante de ellos; abrirán brecha, pasarán la puerta, y por ella saldrán; su rey pasará delante de ellos, y Yahveh a su cabeza.
Reflexión del capítulo 2
El segundo capítulo desciende de las capitales al corazón de la vida cotidiana: los que traman el mal en sus camas y lo ejecutan al amanecer, los que codician campos y casas y se apoderan de ellos por la fuerza. La codicia no es aquí un sentimiento privado, sino un sistema que despoja al hombre de su heredad, es decir, de su dignidad y de su futuro. Contra esa violencia el Señor anuncia una hora de desastre de la que nadie podrá librarse, y el pueblo que arrebató tierras ajenas acabará escuchando una burla sobre la repartición de su propia tierra. Frente a la denuncia aparecen los falsos profetas, que prohíben hablar de estas cosas y prometen que el oprobio no alcanzará a nadie; son los que anuncian vino y licor para adormecer la conciencia. Pero el capítulo no termina en el juicio. En contraste con quienes se enriquecen a costa de los demás, el Señor promete reunir él mismo al resto de Israel, juntarlo como ovejas en el aprisco y ponerse a su cabeza abriendo el camino. Es la imagen del pastor que precede a su rebaño y lo saca a la libertad. La advertencia es clara: se puede construir un éxito sobre la injusticia, pero solo por un tiempo; la última palabra la tiene Dios, que reúne a los dispersos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Vivimos en un mundo donde es fácil beneficiarse de estructuras que perjudican a otros, a veces sin advertirlo. Revisa hoy si algún logro tuyo se apoya en ventajas indebidas, y pide al Señor un corazón que prefiera la justicia al provecho. Apoya de manera concreta a alguien que lo esté pasando peor que tú, sin esperar nada a cambio. La justicia de Dios nos invita a no construir nada sobre la injusticia.
Oración
Señor, tú ves las tramas ocultas y no dejas impune la opresión. Límpiame de toda codicia y de toda complicidad con la injusticia; enséñame a contentarme con lo justo y a ser, como tú, pastor que abre camino a los que están atrapados. Amén.
Acerca del libro de Miqueas
El profeta Miqueas era natural de Moréset, una pequeña localidad de la campiña de Judá, y ejerció su ministerio en el siglo VIII antes de Cristo, en tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías. Fue contemporáneo de Isaías y de Amós, y como ellos habló a una sociedad que vivía una prosperidad engañosa mientras los pobres eran despojados y la justicia se compraba. A diferencia de Isaías, cortesano y cercano a Jerusalén, Miqueas habla desde el campo: conoce la vida de los campesinos y denuncia sin rodeos a los que codician tierras, a los jueces que se venden y a los profetas que anuncian paz a cambio de dinero.
Su libro alterna anuncios de juicio y promesas de salvación. Comienza con una teofanía imponente en la que el Señor desciende a juzgar y con la ruina de Samaria y de Judá; continúa con las invectivas contra los opresores y contra los líderes religiosos corrompidos; y en su parte central abre uno de los horizontes más luminosos del Antiguo Testamento: la subida de los pueblos al monte del Señor, las espadas convertidas en arados y el anuncio de un rey que saldrá de Belén, la pequeña entre las familias de Judá.
El versículo que resume su mensaje es el que responde a la pregunta sobre qué quiere Dios del hombre: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con él. Miqueas muestra que el culto sin vida recta es vacío, y que la esperanza de Israel no está en sus ejércitos ni en sus alianzas, sino en la fidelidad de un Dios que se complace en perdonar y que arroja los pecados al fondo del mar.
Para la fe católica, Miqueas es voz profética que defiende la dignidad del pobre y anuncia a Cristo, el pastor nacido en Belén cuyo origen es antiguo, el príncipe de la paz que reúne al resto disperso. La liturgia lo lee en Adviento y en Navidad, reconociendo en el niño de Belén al que había de pastorear a su pueblo con la fuerza del Señor.
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