Oseas

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 197 versículos

Os

Capítulo 11

1 Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo.

2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: a los Baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían incienso.

3 Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos.

4 Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer.

5 Volverá al país de Egipto, y Asur será su rey, porque se han negado a convertirse.

6 Hará estragos la espada en sus ciudades, aniquilará sus cerrojos y devorará, por sus perversos planes.

7 Mi pueblo tiene querencia a su infidelidad; cuando a lo alto se les llama, ni uno hay que se levante.

8 ¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como a Admá, y hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas.

9 No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira.

10 En pos de Yahveh marcharán, él rugirá como un león; y cuando ruja él, los hijos vendrán azorados de occidente,

11 azorados vendrán de Egipto, como un pájaro, como paloma desde el país de Asiria; y yo les asentaré en sus casas - oráculo de Yahveh -.

Reflexión del capítulo 11

Aquí el tono se vuelve entrañable. Dios habla como un padre que recuerda los primeros años de su hijo: le enseñó a caminar, lo tomó en brazos, lo levantó contra su mejilla, se inclinó para darle de comer. Y a pesar de tantos cuidados, el hijo no reconoció de quién era. El texto usa la imagen más tierna posible para describir a Dios, y luego la más dolorosa: el padre que se ve obligado a dejarlo marchar. Pero en el momento mismo de la amenaza surge un grito que revela el corazón divino: ¿cómo podría abandonarte, Efraín? Mi corazón se conmueve dentro de mí y se encienden a la vez mis compasiones. Es una de las páginas más humanas de la Biblia: Dios mismo se describe con entrañas estremecidas, incapaz de ejecutar del todo su ira. El capítulo enseña que la misericordia no es una debilidad de Dios, sino el fondo mismo de su ser. Su justicia existe, pero no llega a sofocar su amor de padre.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Recuerda hoy de manera concreta cómo Dios te ha cuidado a lo largo de tu historia: las veces que te levantó, las personas que puso en tu camino, las salidas que no veías, las puertas que se abrieron cuando todo parecía cerrado. Escribe tres de esos momentos y agradécelos en voz alta. La memoria agradecida sostiene la fe en los días difíciles y nos ayuda a reconocer que nunca hemos estado solos.

Oración

Padre bueno, gracias por haberme enseñado a caminar y por levantarme tantas veces. Reconozco tu mano en cada etapa de mi historia. No permitas que me aleje de ti ni que olvide de dónde vengo, porque tu corazón se conmueve por mí. Amén.

Acerca del libro de Oseas

Oseas, hijo de Beeri, profetizó en el reino del norte durante el siglo VIII antes de Cristo, en las décadas que precedieron a la caída de Samaria en manos de Asiria el año 722. Es el primero de los Doce Profetas y, quizá, el más desconcertante: Dios le pide no solo que hable en su nombre, sino que entregue su propia vida como signo. Su matrimonio con Gómer y los nombres de sus hijos se convierten en una parábola viviente de la relación entre el Señor e Israel. El libro alterna páginas de acusación durísima con otras de ternura inesperada: la infidelidad del pueblo es descrita como adulterio, y la respuesta de Dios no es el divorcio, sino un amor que persigue, espera y vuelve a seducir. Oseas habla a una sociedad próspera por fuera y corrompida por dentro, que confunde la abundancia material con la bendición divina, que multiplica los altares y los sacrificios mientras olvida la justicia y el conocimiento de Dios. Su lenguaje es el de un esposo celoso y herido, capaz de pasar del reproche al abrazo en pocos versículos. La tradición cristiana lo ha leído siempre como el profeta del amor misericordioso: en su propia experiencia matrimonial reconoce la historia de un Dios que no se resigna a perder a su pueblo. Los Padres de la Iglesia vieron en él un anuncio de Cristo, esposo de la Iglesia, y del perdón ofrecido a todos, incluso a quienes parecen irremediablemente alejados. Leer a Oseas es dejarse sorprender por un amor que no depende de nuestros méritos.

Compartir

Enlace copiado