Oseas
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 197 versículos
Capítulo 14
1 Rea de castigo es Samaria, porque se rebeló contra su Dios. A espada caerán, serán sus niños estrellados, y reventadas sus mujeres encinta.
2 Vuelve, Israel, a Yahveh tu Dios, pues has tropezado por tus culpas.
3 Tomad con vosotros palabras, y volved a Yahveh. Decidle: «Quita toda culpa; toma lo que es bueno; y en vez de novillos te ofreceremos nuestros labios.
4 Asiria no nos salvará, no montaremos ya a caballo, y no diremos más "Dios nuestro" a la obra de nuestros manos, oh tú, en quien halla compasión el huérfano.»
5 - Yo sanaré su infidelidad, los amaré graciosamente; pues mi cólera se ha apartado de él,
6 seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, y hundirá sus raíces como el Líbano.
7 Sus ramas se desplegarán, como el del olivo será su esplendor, y su fragancia como la del Líbano.
8 Volverán a sentarse a mi sombra; harán crecer el trigo, florecerán como la vid, su renombre será como el del vino del Líbano.
9 Efraím... ¿qué tiene aún con los ídolos? Yo le atiendo y le miro. Yo soy como un ciprés siempre verde, y gracias a mí se te halla fruto.
10 ¿Quién es sabio para entender estas cosas, inteligente para conocerlas?: Que rectos son los caminos de Yahveh, por ellos caminan los justos, mas los rebeldes en ellos tropiezan.
Reflexión del capítulo 14
El libro termina con una invitación luminosa: vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque has caído por tu culpa. La conversión se describe con palabras que el pueblo debe poner en sus labios: quita toda iniquidad y acepta lo que hay de bueno en nosotros, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Es una de las definiciones más puras de arrepentimiento: no traemos sacrificios que nos hagan sentir bien, sino la verdad de nuestra boca y el reconocimiento de que en Dios está el huérfano que encuentra misericordia. La respuesta divina es de una belleza incomparable: Dios sana la infidelidad, ama gratuitamente, se convierte en rocío para Israel, que florecerá como el lirio, echará raíces como el álamo y dará la fragancia del Líbano. El capítulo cierra con una observación sapiencial: quien es sabio, que entienda estas cosas; los caminos del Señor son rectos, y los justos caminan por ellos. La última palabra del libro no es el juicio, sino la promesa de florecimiento.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Acércate a la confesión con esta disposición: no para enumerar culpas por costumbre, sino para dejar que Dios te quite la iniquidad y te devuelva la fecundidad. Si hace tiempo que no te confiesas, pon hoy una fecha concreta y prepárate con calma, examinando tu vida sin dramatizar. La misericordia es un rocío que devuelve la vida a lo que parecía seco. Y después de confesarte, agradece.
Oración
Señor, vuelvo a ti con las manos vacías y el corazón sincero. Quita mi iniquidad y acepta lo bueno que puedas encontrar en mí. Sé para mí como el rocío que hace florecer el desierto. Amén.
Acerca del libro de Oseas
Oseas, hijo de Beeri, profetizó en el reino del norte durante el siglo VIII antes de Cristo, en las décadas que precedieron a la caída de Samaria en manos de Asiria el año 722. Es el primero de los Doce Profetas y, quizá, el más desconcertante: Dios le pide no solo que hable en su nombre, sino que entregue su propia vida como signo. Su matrimonio con Gómer y los nombres de sus hijos se convierten en una parábola viviente de la relación entre el Señor e Israel. El libro alterna páginas de acusación durísima con otras de ternura inesperada: la infidelidad del pueblo es descrita como adulterio, y la respuesta de Dios no es el divorcio, sino un amor que persigue, espera y vuelve a seducir. Oseas habla a una sociedad próspera por fuera y corrompida por dentro, que confunde la abundancia material con la bendición divina, que multiplica los altares y los sacrificios mientras olvida la justicia y el conocimiento de Dios. Su lenguaje es el de un esposo celoso y herido, capaz de pasar del reproche al abrazo en pocos versículos. La tradición cristiana lo ha leído siempre como el profeta del amor misericordioso: en su propia experiencia matrimonial reconoce la historia de un Dios que no se resigna a perder a su pueblo. Los Padres de la Iglesia vieron en él un anuncio de Cristo, esposo de la Iglesia, y del perdón ofrecido a todos, incluso a quienes parecen irremediablemente alejados. Leer a Oseas es dejarse sorprender por un amor que no depende de nuestros méritos.
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