Cantar

Antiguo Testamento | 8 capítulos | 117 versículos

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Capítulo 2 de 8

Capítulo 2

1 - Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.

2 - Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas.

3 - Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

4 Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor.

5 Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor.

6 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.

7 - Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.

8 ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados.

9 Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.

10 Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.

11 Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido.

12 Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.

13 Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!

14 Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»

15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor.

16 Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los lirios.

17 Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras, vuelve, sé semejante, amado mío, a una gacela o a un joven cervatillo por los montes de Béter.

Reflexión del capítulo 2

La primavera irrumpe como metáfora del amor que despierta: 'la higuera madura sus brevas, las vides en flor dan fragancia'. El Amado invita: 'levántate, amiga mía, hermosa mía, y ven'. La Esposa compara al Esado con un manzano entre los árboles del bosque, a cuya sombra se sienta y cuyo fruto es dulce. El capítulo celebra el cuerpo y el encuentro sin pudor sagrado: 'sostenedme con flores, rodeadme de manzanas, porque estoy enferma de amor'. Aparece también la voz desde el desierto, figura del amante que pasa. Las 'zorritas' que echan a perder las viñas en flor son las pequeñas infidelidades que hay que vigilar. El capítulo cierra con la adjuración de no despertar el amor antes de tiempo: el amor madura con respeto y paciencia. En lectura espiritual, es el alma que gusta a Cristo bajo la sombra de la cruz, dulce fruto que sacia el hambre del corazón.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy cultiva tu 'viña' con paciencia: no apresures los afectos ni la intimidad, respeta los tiempos del amor y de la gracia. Ofrece una flor o un gesto tierno a quien amas, como signo del 'sostenedme con flores', y evita las 'zorritas' (pequeñas infidelidades, miradas impuras) que dañan lo que florece. El amor madura donde hay respeto.

Oración

Señor Jesús, manzano sombrío y dulce, déjame sentarme a tu sombra y saciar mi hambre de amor. Guárdame de las zorritas que dañan mi entrega y haz que mi afecto crezca con paciencia y respeto. Que tu fruto me nutra. Amén.

Acerca del libro de Cantar

El Cantar de los Cantares, también llamado Cantar de Salomón, es la cumbre de la poesía hebrea y uno de los libros más singulares de la Biblia. Atribuido a Salomón, es un conjunto de cantos nupciales que celebran el amor humano en su belleza, deseo y fidelidad. La Iglesia, desde los primeros siglos, lo ha leído de modo alegórico: es la expresión del amor de Dios por Israel, de Cristo por su Iglesia y del Esposo divino por el alma. Así lo enseñaron Orígenes, san Ambrosio, san Bernardo y el Cantar espiritual de san Juan de la Cruz, para quien la noche oscura es la prueba de ese amor.

Literariamente es poesía lírica, sin relato histórico: alternan la Esposa, el Esposo y el coro de las hijas de Jerusalén. Sus imágenes —viñas, jardines, aromas, la noche en que se busca al amado— elevan la sexualidad humana a dignidad sagrada, pues Dios creó al hombre y a la mujer para amarse y se hizo carne en el seno de María. Los temas centrales son el deseo sano, la búsqueda, la entrega mutua y la fuerza invencible del amor.

En la historia de la salvación, el Cantar canta la alianza como matrimonio; el amor conyugal es sacramento y reflejo del amor trinitario. Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo en sus dos niveles: como alabanza del amor esponsalicio, fiel y gozoso, y como invitación a dejarse buscar y poseer por Dios, cuya fuerza es 'fuerte como la muerte'. La castidad y el matrimonio hallan aquí su mejor canto, y la Iglesia recomienda su lectura orante a los esposos y a cuantos buscan la pureza del amor Por eso su lectura orante es alimento seguro para la vida espiritual de todo creyente que busca amar de verdad.

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