Cantar
Antiguo Testamento | 8 capítulos | 117 versículos
Capítulo 7
1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?
2 ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.
3 Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado.
4 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.
5 Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.
6 Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso!
7 ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!
8 Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.
9 Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,
10 tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan.
11 Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.
12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas.
13 De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores.
14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.
Reflexión del capítulo 7
El Esposo describe ahora la figura entera de la Esposa: sus pies calzados, las caderas como joyas, el ombligo como copa redonda, el vientre como montón de trigo, los senos como racimos, el cuello como torre de marfil, los ojos como estanques, la nariz como el Líbano. Es una celebración gozosa de la feminidad y de la sexualidad como don de Dios. '¿A dónde se fue tu amado?', vuelven a preguntar; ella invita a ir tras él, al campo, a dormir en las aldeas, a madrugar hacia las viñas para ver si brotan los frutos. El capítulo canta el deseo mutuo y la fecundidad: el amor no teme al cuerpo ni a la tierra. En sentido espiritual, es el alma que se deja contemplar por Dios sin vergüenza, restaurada en su integridad; la invitación al campo es la vida ordinaria hecha santuario. El amor de Dios se encarna en lo cotidiano y lo carnal, elevándolo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy santifica lo cotidiano: realiza una tarea doméstica o de trabajo como 'ir a la viña' con el Amado, ofreciéndola con amor y sin queja. Trata tu cuerpo y el de los demás con la reverencia que merece un don de Dios, y descubre la presencia de Cristo en las tareas pequeñas y olvidadas del día.
Oración
Señor, que celebraste la belleza de la Esposa, ayúdame a ver tu huella en lo creado y en el cuerpo humano. Que mi vida ordinaria sea viña que da fruto para ti, y que mi amor santifique lo cotidiano. Que tu gloria llene la tierra. Amén.
Acerca del libro de Cantar
El Cantar de los Cantares, también llamado Cantar de Salomón, es la cumbre de la poesía hebrea y uno de los libros más singulares de la Biblia. Atribuido a Salomón, es un conjunto de cantos nupciales que celebran el amor humano en su belleza, deseo y fidelidad. La Iglesia, desde los primeros siglos, lo ha leído de modo alegórico: es la expresión del amor de Dios por Israel, de Cristo por su Iglesia y del Esposo divino por el alma. Así lo enseñaron Orígenes, san Ambrosio, san Bernardo y el Cantar espiritual de san Juan de la Cruz, para quien la noche oscura es la prueba de ese amor.
Literariamente es poesía lírica, sin relato histórico: alternan la Esposa, el Esposo y el coro de las hijas de Jerusalén. Sus imágenes —viñas, jardines, aromas, la noche en que se busca al amado— elevan la sexualidad humana a dignidad sagrada, pues Dios creó al hombre y a la mujer para amarse y se hizo carne en el seno de María. Los temas centrales son el deseo sano, la búsqueda, la entrega mutua y la fuerza invencible del amor.
En la historia de la salvación, el Cantar canta la alianza como matrimonio; el amor conyugal es sacramento y reflejo del amor trinitario. Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo en sus dos niveles: como alabanza del amor esponsalicio, fiel y gozoso, y como invitación a dejarse buscar y poseer por Dios, cuya fuerza es 'fuerte como la muerte'. La castidad y el matrimonio hallan aquí su mejor canto, y la Iglesia recomienda su lectura orante a los esposos y a cuantos buscan la pureza del amor Por eso su lectura orante es alimento seguro para la vida espiritual de todo creyente que busca amar de verdad.
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