Cantar

Antiguo Testamento | 8 capítulos | 117 versículos

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Capítulo 4 de 8

Capítulo 4

1 ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el monte Galaad.

2 Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse: todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.

3 Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.

4 Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes.

5 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios.

6 Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.

7 ¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!

8 Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos.

9 Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar.

10 ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!

11 Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del Líbano.

12 Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada.

13 Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:

14 nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

15 ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!

16 ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

Reflexión del capítulo 4

El Esposo ahora canta la belleza de la Esposa con un sublime poema de alabanza: '¡Qué hermosa eres, amiga mía, qué hermosa!'. La compara con colonias de cabras, trenzas como rebaños, dientes como ovejas, labios como cinta de escarlata, cuello como torre de David, pechos como gemelos de gacela entre lirios. Cada imagen celebra el cuerpo como creación buena y amada. 'Has raptado mi corazón', dice, con un solo de tus ojos. La Esposa es jardín cerrado, fuente sellada, paraíso de granados y aromas: metáfora de la virginidad y de la fidelidad conyugal a la vez. El capítulo exalta la intimidad exclusiva del amor: el cuerpo no es objeto, sino don sellado para el otro. En clave mística, es Cristo que contempla a la Iglesia y al alma santificada por su gracia, jardín que él mismo ha plantado. El amor humano, bendecido, refleja el amor divino que se deleita en su criatura.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy mira a tu cuerpo y al de tu cónyuge como 'jardín sellado', sagrado y respetado, nunca como mercancía. Si eres soltero, vive tu castidad como don consagrado a Dios, y haz un acto concreto de pureza en la mirada y en la palabra. El amor verdadero celebra la exclusividad y la entrega libre de todo corazón.

Oración

Creador bueno, que hiciste el cuerpo humano jardín de tu alabanza, enséñame a amar con pureza. Que mi castidad sea fuente sellada para ti y para el otro, y que el amor humano refleje tu amor santo. Que tu gracia me guarde. Amén.

Acerca del libro de Cantar

El Cantar de los Cantares, también llamado Cantar de Salomón, es la cumbre de la poesía hebrea y uno de los libros más singulares de la Biblia. Atribuido a Salomón, es un conjunto de cantos nupciales que celebran el amor humano en su belleza, deseo y fidelidad. La Iglesia, desde los primeros siglos, lo ha leído de modo alegórico: es la expresión del amor de Dios por Israel, de Cristo por su Iglesia y del Esposo divino por el alma. Así lo enseñaron Orígenes, san Ambrosio, san Bernardo y el Cantar espiritual de san Juan de la Cruz, para quien la noche oscura es la prueba de ese amor.

Literariamente es poesía lírica, sin relato histórico: alternan la Esposa, el Esposo y el coro de las hijas de Jerusalén. Sus imágenes —viñas, jardines, aromas, la noche en que se busca al amado— elevan la sexualidad humana a dignidad sagrada, pues Dios creó al hombre y a la mujer para amarse y se hizo carne en el seno de María. Los temas centrales son el deseo sano, la búsqueda, la entrega mutua y la fuerza invencible del amor.

En la historia de la salvación, el Cantar canta la alianza como matrimonio; el amor conyugal es sacramento y reflejo del amor trinitario. Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo en sus dos niveles: como alabanza del amor esponsalicio, fiel y gozoso, y como invitación a dejarse buscar y poseer por Dios, cuya fuerza es 'fuerte como la muerte'. La castidad y el matrimonio hallan aquí su mejor canto, y la Iglesia recomienda su lectura orante a los esposos y a cuantos buscan la pureza del amor Por eso su lectura orante es alimento seguro para la vida espiritual de todo creyente que busca amar de verdad.

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