Cantar
Antiguo Testamento | 8 capítulos | 117 versículos
Capítulo 6
1 ¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que contigo le busquemos?
2 Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos, y recoger lirios.
3 Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los lirios.
4 Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones.
5 Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño de cabras que ondulan por el monte Galaad.
6 Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
7 Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las doncellas).
9 Unica es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:
10 «¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»
11 Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, y si florecían los granados.
12 ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!
Reflexión del capítulo 6
Las hijas de Jerusalén, ante la descripción del Amado, preguntan dónde ha ido; la Esposa responde que bajó a su huerto, a los surcos de bálsamo, a apacentar y recoger lirios. El amor no se posee como propiedad, sino que se acoge donde él quiere estar. Luego el coro y el Esposo vuelven a alabarla: 'hermosa como la luna, brillante como el sol, temible como un ejército en orden'. La comparación con la ciudad de paz, la majestuosa Tirsa y Jerusalén, eleva a la Esposa a dignidad de pueblo e Iglesia. El capítulo destaca la reciprocidad: el amado busca a la amada en su huerto y ella lo acoge; el amor sano fluye en ambos sentidos. En lectura mística, es Cristo que se deleita en las virtudes del alma y la eleva a participar de su gloria. La belleza del amor fiel irradia como astro y despliega una fuerza dulce pero invencible, capaz de vencer el temor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy acoge al Amado en tu 'huerto' concreto: un espacio y un tiempo de oración que le reservas cada día, aunque sea breve. Deja que tu amor fiel irradie paz a quienes conviven contigo, sin pretender poseer a nadie, y celebra la reciprocidad del amor como don mutuo y gratuito, nunca como conquista El amor que se da sin pretender poseer es ya, en la tierra, imagen de Dios.
Oración
Dios de paz, que te deleitas en tu Esposa, ven a mi huerto y recoge sus lirios. Hazme bella con tu gracia y fuerte con tu amor que todo lo vence, y que mi vida irradie tu paz. Que tu Espíritu me fecunde. Amén.
Acerca del libro de Cantar
El Cantar de los Cantares, también llamado Cantar de Salomón, es la cumbre de la poesía hebrea y uno de los libros más singulares de la Biblia. Atribuido a Salomón, es un conjunto de cantos nupciales que celebran el amor humano en su belleza, deseo y fidelidad. La Iglesia, desde los primeros siglos, lo ha leído de modo alegórico: es la expresión del amor de Dios por Israel, de Cristo por su Iglesia y del Esposo divino por el alma. Así lo enseñaron Orígenes, san Ambrosio, san Bernardo y el Cantar espiritual de san Juan de la Cruz, para quien la noche oscura es la prueba de ese amor.
Literariamente es poesía lírica, sin relato histórico: alternan la Esposa, el Esposo y el coro de las hijas de Jerusalén. Sus imágenes —viñas, jardines, aromas, la noche en que se busca al amado— elevan la sexualidad humana a dignidad sagrada, pues Dios creó al hombre y a la mujer para amarse y se hizo carne en el seno de María. Los temas centrales son el deseo sano, la búsqueda, la entrega mutua y la fuerza invencible del amor.
En la historia de la salvación, el Cantar canta la alianza como matrimonio; el amor conyugal es sacramento y reflejo del amor trinitario. Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo en sus dos niveles: como alabanza del amor esponsalicio, fiel y gozoso, y como invitación a dejarse buscar y poseer por Dios, cuya fuerza es 'fuerte como la muerte'. La castidad y el matrimonio hallan aquí su mejor canto, y la Iglesia recomienda su lectura orante a los esposos y a cuantos buscan la pureza del amor Por eso su lectura orante es alimento seguro para la vida espiritual de todo creyente que busca amar de verdad.
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