Cantar

Antiguo Testamento | 8 capítulos | 117 versículos

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Capítulo 5 de 8

Capítulo 5

1 Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!

2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»

3 - «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»

4 ¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas.

5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura.

6 Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me repondió.

7 Me encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de las murallas.

8 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor.

9 ¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures?

10 Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil.

11 Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.

12 Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque.

13 Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida.

14 Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.

15 Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.

16 Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

Reflexión del capítulo 5

La Esposa duerme y el Amado llama a la puerta: 'ábreme, hermana, amiga, paloma mía'. Ella vacila, aduce que ya se ha lavado, y cuando se levanta a abrir, él ya se ha ido. La búsqueda nocturna se repite, ahora con dolor: los guardianes la golpean y le quitan el manto. Es el momento de la prueba y la distancia, donde el amor aprende a extrañar lo amado. Las hijas de Jerusalén preguntan qué tiene su amado, y ella responde con el célebre elogio: 'es blanco y rubio, distinguido entre diez mil', su cabeza como oro fino, ojos como palomas junto a las corrientes, sus mejillas como aromas. El capítulo muestra dos rostros del amor: la cercanía gozosa y la ausencia que hiere. En sentido espiritual, es la tibieza que aleja y la conversión que busca de nuevo; el elogio del Amado es la contemplación que enciende el deseo. El amor crece también en la nostalgia y en el arrepentimiento.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, si has dejado 'cerrar' tu corazón a Dios o a tu cónyuge por comodidad o rutina, abre de nuevo con un gesto concreto de reconciliación o de oración. No dejes pasar la voz que llama a tu puerta, pues el amor se alimenta de acogida. Y practica la delicadeza con quien convive contigo cada día.

Oración

Señor, que llamaste a la puerta en la noche, perdona mi tardanza en abrirte. Que tu belleza cautive mi alma y mi arrepentimiento te busque sin descanso, y que tu voz supere mi sueño. Que tu amor despierte mi corazón. Amén.

Acerca del libro de Cantar

El Cantar de los Cantares, también llamado Cantar de Salomón, es la cumbre de la poesía hebrea y uno de los libros más singulares de la Biblia. Atribuido a Salomón, es un conjunto de cantos nupciales que celebran el amor humano en su belleza, deseo y fidelidad. La Iglesia, desde los primeros siglos, lo ha leído de modo alegórico: es la expresión del amor de Dios por Israel, de Cristo por su Iglesia y del Esposo divino por el alma. Así lo enseñaron Orígenes, san Ambrosio, san Bernardo y el Cantar espiritual de san Juan de la Cruz, para quien la noche oscura es la prueba de ese amor.

Literariamente es poesía lírica, sin relato histórico: alternan la Esposa, el Esposo y el coro de las hijas de Jerusalén. Sus imágenes —viñas, jardines, aromas, la noche en que se busca al amado— elevan la sexualidad humana a dignidad sagrada, pues Dios creó al hombre y a la mujer para amarse y se hizo carne en el seno de María. Los temas centrales son el deseo sano, la búsqueda, la entrega mutua y la fuerza invencible del amor.

En la historia de la salvación, el Cantar canta la alianza como matrimonio; el amor conyugal es sacramento y reflejo del amor trinitario. Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo en sus dos niveles: como alabanza del amor esponsalicio, fiel y gozoso, y como invitación a dejarse buscar y poseer por Dios, cuya fuerza es 'fuerte como la muerte'. La castidad y el matrimonio hallan aquí su mejor canto, y la Iglesia recomienda su lectura orante a los esposos y a cuantos buscan la pureza del amor Por eso su lectura orante es alimento seguro para la vida espiritual de todo creyente que busca amar de verdad.

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