II Macabeos

Antiguo Testamento | 15 capítulos | 556 versículos

2 Mac

Capítulo 10

1 Macabeo y los suyos, guiados por el Señor, recuperaron el Templo y la ciudad,

2 destruyeron los altares levantados por los extranjeros en la plaza pública, así como los recintos sagrados.

3 Después de haber purificado el Templo, hicieron otro altar; tomando fuego de pedernal del que habían sacado chispas, tras dos años de intervalo ofrecieron sacrificios, el incienso y las lámparas, y colocaron los panes de la Presencia.

4 Hecho esto, rogaron al Señor, postrados sobre el vientre, que no les permitiera volver a caer en tales desgracias, sino que, si alguna vez pecaban, les corrigiera con benignidad, y no los entregara a los gentiles blasfemos y bárbaros.

5 Aconteció que el mismo día en que el Templo había sido profanado por los extranjeros, es decir, el veinticinco del mismo mes que es Kisléu, tuvo lugar la purificación del Templo.

6 Lo celebraron con alegría durante ocho días, como en la fiesta de las Tiendas, recordando cómo, poco tiempo antes, por la fiesta de las Tiendas, estaban cobijados como fieras en montañas y cavernas.

7 Por ello, llevando tirsos, ramas hermosas y palmas, entonaban himnos hacia Aquél que había llevado a buen término la purificación de su lugar.

8 Por público decreto y voto prescribieron que toda la nación de los judíos celebrara anualmente aquellos mismos días.

9 Tales fueron las circunstancias de la muerte de Antíoco, apellidado Epífanes.

10 Vamos a exponer ahora lo referente a Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío, resumiendo las desgracias debidas a las guerras.

11 En efecto, una vez heredado el reino, puso al frente de sus asuntos a un tal Lisias, estratega supremo de Celesiria y Fenicia.

12 Pues Tolomeo, el llamado Macrón, el primero en observar la justicia con los judíos, debido a la injusticia con que se les había tratado, procuraba resolver pacíficamente lo que a ellos concernía;

13 acusado ante Eupátor a consecuencia de ello por los amigos del rey, oía continuamente que le llamaban traidor, por haber abandonado Chipre, que Filométor le había confiado, y por haberse pasado a Antíoco Epífanes. Al no poder honrar debidamente la dignidad de su cargo, envenenándose, dejó esta vida.

14 Gorgias, hecho estratega de la región, mantenía tropas mercenarias y en toda ocasión hostigaba a los judíos.

15 Al mismo tiempo los idumeos, dueños de fortalezas estratégicas, causaban molestias a los judíos, y acogiendo a los fugitivos de Jerusalén procuraban fomentar la guerra.

16 Macabeo y sus compañeros, después de haber celebrado una rogativa y haber pedido a Dios que luchara junto a ellos, se lanzaron contra las fortalezas de los idumeos;

17 después de atacarlos con ímpetu, se apoderaron de las posiciones e hicieron retroceder a todos los que combatían sobre la muralla; daban muerte a cuantos caían en sus manos. Mataron por lo menos 20.000.

18 No menos de 9.000 hombres se habían refugiado en dos torres muy bien fortificadas y abastecidas de cuanto era necesario para resistir un sitio.

19 Macabeo dejó entonces a Simón y José, y además a Zaqueo y a los suyos, en número suficiente para asediarles, y él mismo partió hacia otros lugares de mayor urgencia.

20 Pero los hombres de Simón, ávidos de dinero, se dejaron sobornar por algunos de los que estaban en las torres; por 70.000 dracmas dejaron que algunos se escapasen.

21 Cuando se dio a Macabeo la noticia de lo sucedido, reunió a los jefes del pueblo y acusó a aquellos hombres de haber vendido a sus hermanos por dinero al soltar enemigos contra ellos.

22 Hizo por tanto ejecutarles por traidores e inmediatamente se apoderó de las dos torres.

23 Con atinada dirección y con las armas en las manos, mató en las dos fortalezas a más de 20.000 hombres.

24 Timoteo, que antes había sido vencido por los judíos, después de reclutar numerosas fuerzas extranjeras y de reunir no pocos caballos traídos de Asia, se presentó con la intención de conquistar Judea por las armas.

25 Ante su avance, los hombres de Macabeo, en rogativas a Dios, cubrieron de polvo su cabeza y ciñeron de sayal la cintura;

26 y, postrándose delante del Altar, a su pie, pedían a Dios que, mostrándose propicio con ellos, se hiciera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como declara la Ley.

27 Al acabar la plegaria, tomaron las armas y avanzaron un buen trecho fuera de la ciudad; cuando estaban cerca de sus enemigos, se detuvieron.

28 A poco de difundirse la claridad del sol naciente, ambos bandos se lanzaron al combate; los unos tenían como garantía del éxito y de la victoria, además de su valor, el recurso al Señor; los otros combatían con la furia como guía de sus luchas.

29 En lo recio de la batalla, aparecieron desde el cielo ante los adversarios cinco hombres majestuosos montados en caballos con frenos de oro, que se pusieron al frente de los judíos;

30 colocaron a Macabeo en medio de ellos y, cubriéndole con sus armaduras, le hacían invulnerable; arrojaban sobre los adversarios saetas y rayos, por lo que heridos de ceguera se dispersaban en completo desorden.

31 20.500 infantes fueron muertos y seiscientos jinetes.

32 El mismo Timoteo se refugió en una fortaleza, muy bien guardada, llamada Gázara, cuyo estratega era Quereas.

33 Las tropas de Macabeo, alborozadas, asediaron la ciudadela durante cuatro días.

34 Los de dentro, confiados en lo seguro de la posición, blasfemaban sin cesar y proferían palabras impías.

35 Amanecido el quinto día, veinte jóvenes de las tropas de Macabeo, encendidos en furor a causa de las blasfemias, se lanzaron valientemente contra la muralla y con fiera bravura herían a cuantos se ponían delante.

36 Otros, subieron igualmente por el lado opuesto contra los de dentro, prendieron fuego a las torres y, encendiendo hogueras, quemaron vivos a los blasfemos. Aquéllos, entretanto, rompián las puertas, y tras abrir paso al resto del ejército, se apoderaron de la ciudad.

37 Mataron a Timoteo, que estaba escondido en una cisterna, así como a su hermano Quereas y a Apolófanes.

38 Al término de estas proezas, con himnos y alabanzas bendecían al Señor que hacía grandes beneficios a Israel y a ellos les daba la victoria.

Reflexión del capítulo 10

El décimo capítulo celebra el liderazgo de Simón, hermano de Judas y Jonatán, y el momento en que el pueblo reconoce su libertad bajo su guía. Tras años de opresión, los judíos «comenzaron a escribir en sus documentos y contratos: año primero de Simón, gran sacerdote, jefe y caudillo de los judíos». Es la proclamación solemne de una libertad recuperada, no por Roma ni por los reyes vecinos, sino por la fidelidad de Dios a su pueblo. Simón consolida las fronteras, fortifica ciudades y gana el apoyo popular mediante la justicia y la clemencia. El autor subraya que la verdadera autoridad nace del servicio y del reconocimiento libre de la comunidad, no de la imposición tiránica. Este capítulo es canto de acción de gracias: el yugo extranjero es sacudido y el culto restaurado en paz. Para el creyente, Simón prefigura al Pastor bueno que cuida, defiende y unifica a las ovejas. Nos recuerda que la libertad cristiana no es capricho, sino capacidad de amar y servir desde la verdad. La paz obtenida es fruto de la constancia de tres generaciones de hermanos fieles entregados a una misma causa santa.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy ejerce tu influencia (en casa, trabajo o comunidad) como servicio, no como dominio. Agradece a Dios alguna libertad o paz que has recuperado. Construye algo estable y bueno para los que dependen de ti.

Oración

Señor, que diste a tu pueblo un libertador en Simón, concédenos líderes servidores y corazones agradecidos. Que tu paz reine en nuestras familias y comunidades. Amén.

Acerca del libro de II Macabeos

El libro de II Macabeos, junto con I Macabeos, narra la heroica resistencia del pueblo judío frente a la violenta helenización impulsada por Antíoco IV Epífanes en el siglo II antes de Cristo. A diferencia de I Macabeos, este segundo relato no es una crónica militar continua, sino una obra de carácter más teológico y didáctico, compuesta originariamente en griego por un autor desconocido que resume la obra mayor de Jason de Cirene. La Iglesia Católica venera II Macabeos como parte integrante del canon deuterocanónico, inspirado por el Espíritu Santo, y así lo confirmaron los concilios de Hipona y Cartago y, de modo definitivo, el Concilio de Trento. Su valor no reside solo en los hechos, sino en la luz con la que los interpreta: la fidelidad a la Ley, el poder de la oración, el sacrificio expiatorio por los difuntos y la certeza de la resurrección. El libro sitúa la persecución dentro del designio de Dios, que permite la prueba para purificar a su pueblo, pero nunca lo abandona. Los martirios de Eleazar y de la madre con sus siete hijos, así como las victorias de Judas, muestran que la fuerza verdadera nace de la confianza en el Señor y no de la superioridad militar. Para nosotros hoy, II Macabeos es una invitación a la coherencia de vida: creer en la resurrección comporta vivir con esperanza incluso en el sufrimiento, honrar a quienes nos precedieron en la fe y entender el dolor como ocasión de santificación. Leerlo con oración nos ayuda a descubrir que Dios escribe recto sobre los renglones torcidos de la historia.

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