Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 1

1 Proberbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:

2 para aprender sabiduría e instrucción, para entender los discursos profundos,

3 para alcanzar intrucción y perspicacia, - justicia, equidad y rectitud -,

4 para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión,

5 Que atienda el sabio y crecerá en doctrina, y el inteligente aprenderá a hacer proyectos.

6 para descifrar proverbios y enigmas, los dichos de los sabios y sus adivinanzas.

7 El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre:

9 corona graciosa son para tu cabeza y un collar para tu cuello.

10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no vayas.

11 Si te dicen: «¡Vente con nosotros, estemos al acecho para derramar sangre, apostémonos contra el inocente sin motivo alguno,

12 devorémoslos vivos como el seol, enteros como los que bajan a la fosa!;

13 ¡hallaremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas de botín,

14 te tocará tu parte igual que a nosotros, para todos habrá bolsa común!»:

15 no te pongas, hijo mío, en camino con ellos, tu pie detén ante su senda,

16 porque sus pies corren hacia el mal y a derramar sangre se apresuran;

17 pues es inútil tender la red a los ojos mismos de los pajarillos.

18 Contra su propia sangre están acechando, apostados están contra sus propias vidas.

19 Esa es la senda de todo el que se entrega a la rapiña: ella quita la vida a su propio dueño.

20 La Sabiduría clama por las calles, por las plazas alza su voz,

21 llama en la esquina de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:

22 «¿Hasta cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza y arrogantes os gozaréis en la arrogancia y necios tendréis odio a la ciencia?

23 Convertíos por mis reprensiones: voy a derramar mi espíritu para vosotros, os voy a comunicar mis palabras.

24 Ya que os he llamado y no habéis querido, he tendido mi mano y nadie ha prestado atención,

25 habéis despreciado todos mis consejos, no habéis hecho caso de mis reprensiones;

26 también yo me reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando llegue vuestro espanto,

27 cuando llegue, como huracán, vuestro espanto, vuestra desgracia sobrevenga como torbellino, cuando os alcancen la angustia y la tribulación.

28 Entonces me llamarán y no responderé, me buscarán y no me hallarán.

29 Porque tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh,

30 no hicieron caso de mi consejo, ni admitieron de mí ninguna reprensión;

31 comerán del fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán.

32 Su propio descarrío matará a los simples, la despreocupación perderá a los insensatos.

33 Pero el que me escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia.»

Reflexión del capítulo 1

El primer capítulo de Proverbios abre el libro con una imagen inolvidable: dos voces que buscan al mismo joven. Por un lado, los pecadores que lo invitan a unirse a su banda, prometiéndole riquezas fáciles y una bolsa común (1,14); por otro, la Sabiduría, que no se esconde en un templo ni en una escuela, sino que clama por las calles, en las plazas y a la entrada de las puertas de la ciudad (1,20-21). La escena enseña que la vida es un cruce de caminos y que nadie es neutral: o se escucha la instrucción del padre y de la madre, o se camina con quienes corren a derramar sangre. La razón última no es un cálculo de conveniencia, sino el temor de Yahveh, principio de la ciencia (1,7). El capítulo no esconde la advertencia: quien desprecia los consejos de la Sabiduría acabará llamándola sin respuesta (1,28). Pero su tono de fondo es esperanzador, porque promete al que escucha que vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia (1,33). Dios sigue hablando hoy en lo cotidiano, y su voz, aunque a veces incómoda, siempre es una puerta abierta.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, antes de tomar una decisión importante —una amistad, un negocio, un plan—, detente a preguntarte a qué voz estás escuchando. Dedica cinco minutos a leer un salmo o un pasaje de los Evangelios y pide al Señor que te dé un corazón dócil. Cuando alguien te proponga un camino que promete mucho y exige poco, recuerda la bolsa común del capítulo 1 y consulta antes con una persona prudente y de fe.

Oración

Padre bueno, tú que hablas por las calles de nuestra vida, danos oídos atentos para reconocer tu voz y valor para no seguir el camino de los violentos. Enséñanos tu santo temor, principio de toda sabiduría. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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