Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 26

1 Como nieve en verano y lluvia en la siega, así de mal le sienta la gloria al insensato.

2 Como se escapa el pájaro y vuela la golondrina, así no se realiza la maldición sin motivo.

3 Látigo para el caballo, brida para el asno y vara para la espalda de los necios.

4 No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te vuelvas como él.

5 Responde al necio según su necedad, no vaya a creerse que es un sabio.

6 Se corta los pies, se empapa de amargura, el que envía un recado en mano de necio.

7 Como las piernas vacilantes del cojo, es el proverbio en boca de los necios.

8 Como sujetar una piedra en la honda, es conceder honores a un necio.

9 Como espino que va a parar a mano de borracho, es el proverbio en boca de los necios.

10 Como arquero que a todos hiere, es el que toma a sueldo al necio y al borracho que pasan.

11 Como el perro vuelve a su vómito, vuelve el necio a su insensatez.

12 ¿Has visto a un hombre que se cree sabio? Más se puede esperar de un necio que de él.

13 Dice el perezoso: «¡Un león en el camino! ¡Un león en la plaza!»

14 La puerta gira en los goznes, y el perezoso en la cama.

15 El perezoso hunde la mano en el plato; pero le fatiga llevarla a la boca.

16 El perezoso se tiene por más sabio que siete personas que responden con tacto.

17 Agarra por las orejas a un perro que pasa el que se mete en litigio que no le incumbe.

18 Como un loco que arroja saetas escondidas, flechas y muerte,

19 tal es el hombre que engaña a su prójimo, y dice: «¿No ves que estaba bromeando?»

20 Cuando se acaba la leña, se apaga el fuego, cuando no hay chismoso, se apacigua la disputa.

21 Carbón sobre brasas y leña sobre fuego, es el pleiteador para atizar querellas.

22 Las palabras del delator son golosinas que bajan hasta el fondo de las entrañas.

23 Plata con escorias esmaltada sobre arcilla, son los labios dulces con corazón perverso.

24 El que odia, disimula con sus labios, pero en su interior comete perfidia;

25 si da a su voz un tono amable, no te fíes, porque hay siete abominaciones en su corazón.

26 Encubrirá su odio con engaño, pero en la asamblea se descubrirá su malicia.

27 El que excava una fosa caerá en ella, el que hace rodar una piedra se le vendrá encima.

28 La lengua mentirosa odia a sus víctimas, la boca melosa labra la ruina.

Reflexión del capítulo 26

El capítulo 26 es una galería de retratos, a menudo con humor. Habla del insensato, a quien no le sienta la gloria como la nieve en verano (26,1), y de la vara que necesita (26,3). Sorprende su aparente contradicción: no respondas al necio según su necedad, y a la vez responde al necio según su necedad (26,4-5), señal de que la sabiduría no es un recetario rígido, sino un arte que discierne cada caso. Sigue el retrato del perezoso, que se vuelve en la cama como la puerta en sus goznes (26,14), y el del que se mete en litigios ajenos, que agarra por las orejas a un perro que pasa (26,17). Denuncia al que engaña y luego dice que bromeaba (26,19) y al que disimula el odio con labios dulces (26,24-25). La lección de fondo es la sinceridad y la prudencia en las relaciones. La sabiduría no es una regla fija, sino un arte que pide atención al momento y caridad con las personas.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy sé sincero sin ser cruel: no disimules un malestar con falsa dulzura, pero tampoco respondas con dureza. No te metas en pleitos que no te corresponden; si puedes ayudar a reconciliar, hazlo, pero sin avivar el fuego. Y vence la pereza en una tarea concreta que llevas aplazando, porque el que es perezoso en el trabajo es hermano del que destruye.

Oración

Señor, líbranos de la doblez y de la pereza. Danos un corazón sincero y una palabra prudente, que no siembre discordia ni engañe, sino que busque la verdad y la paz. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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