Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 13

1 El hijo sabio atiende a la instrucción de su padre, el arrogante no escucha la reprensión.

2 Con el fruto de su boca, come el hombre lo que es bueno, pero el alma de los pérfidos se nutre de violencia.

3 Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina.

4 Tiene hambre el perezoso, mas no se cumple su deseo; el deseo de los diligentes queda satisfecho.

5 El justo odia la palabra mentirosa, pero el malo infama y deshonra.

6 La justicia guarda al íntegro en su camino, mas la maldad arruina al pecador.

7 Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.

8 El precio de la vida de un hombre es su riqueza; pero el pobre no hace caso a la amenaza.

9 La luz de los justos alegremente luce, la lámpara de los malos se apaga.

10 La insolencia sólo disputas proporciona; con los que admiten consejos está la sabiduría.

11 Fortuna rápida, vendrá a menos, quien junta poco a poco, irá en aumento.

12 Espera prolongada enferma el corazón; árbol de vida es el deseo cumplido.

13 Quien desprecia la palabra se perderá, quien respeta el mandato se salvará.

14 La lección del sabio es fuente de vida, para sortear las trampas de la muerte.

15 Una gran prudencia alcanza favor, el camino de los pérfidos no tiene fin,

16 Todo hombre cauto obra con conocimiento, el tonto ostenta su necedad.

17 Mensajero perverso cae en desgracia, mensajero leal trae la curación.

18 Miseria e ignominia al que rechaza la instrucción, gloria al que acepta la reprensión.

19 Deseo cumplido, dulzura para el alma, los necios detestan abandonar el mal.

20 El que anda con los sabios será sabio; quien frecuenta los necios se hará malo.

21 A los pecadores los persigue la desgracia, los justos son colmados de dicha.

22 El hombre de bien deja herencia a los hijos de sus hijos, al justo se reserva la riqueza del pecador.

23 Las roturas de los pobres dan mucho de comer; pero hay perdición cuando falta justicia.

24 Quien escatima la vara, odia a su hijo, quien le tiene amor, le castiga.

25 Come el justo y queda satisfecho, pero el vientre de los malos pasa necesidad.

Reflexión del capítulo 13

El capítulo 13 vuelve sobre la fuerza de las palabras y el valor de la esperanza. Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina (13,3). Frente al atajo del dinero fácil, que viene a menos, el sabio alaba la constancia: quien junta poco a poco irá en aumento (13,11). Uno de sus versículos más bellos habla de la espera: espera prolongada enferma el corazón; árbol de vida es el deseo cumplido (13,12). Y otro recuerda el peso de las compañías: el que anda con los sabios será sabio; quien frecuenta los necios se hará malo (13,20). El capítulo no ignora la disciplina: quien escatima la vara odia a su hijo, quien le tiene amor le corrige (13,24), palabras que la Iglesia entiende como una pedagogía del amor y no de la dureza. Es una invitación a la paciencia, a la buena compañía y a la esperanza que sostiene el corazón.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy ejercita la paciencia con un deseo que no se cumple todavía: en lugar de forzarlo, preséntalo a Dios y da un paso pequeño y constante hacia él. Revisa también tus compañías: qué persona te acerca a lo bueno y cuál te arrastra, y dedica tiempo hoy a la primera. Y cuida una palabra: piensa antes de hablar, sobre todo si estás cansado.

Oración

Señor, tú que eres árbol de vida para quien te desea, danos paciencia en la espera y sabiduría en la compañía. Guarda nuestra lengua y enséñanos a juntar poco a poco, con constancia, lo que tú quieres edificar en nosotros. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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