Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 21

1 Corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Yahveh, que él dirige donde quiere.

2 Al hombre le parecen rectos todos sus caminos, pero es Yahveh quien pesa los corazones.

3 Practicar la justicia y la equidad, es mejor ante Yahveh que el sacrificio.

4 Ojos altivos, corazón arrogante, antorcha de malvados, es pecado.

5 Los proyectos del diligente, todo son ganancia; para el que se precipita, todo es indigencia.

6 Hacer tesoros con lengua engañosa, es vanidad fugitiva de quienes buscan la muerte.

7 La violencia de los malos los domina, porque se niegan a practicar la equidad.

8 Tortuoso es el camino del hombre criminal, pero el puro es recto en sus obras.

9 Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa.

10 El alma del malvado desea el mal, su vecino no halla gracia a sus ojos.

11 Cuando se castiga al arrogante, el simple se hace sabio; cuando se instruye al sabio, adquiere ciencia.

12 El Justo observa la casa del malvado, y arroja a los malvados a la desgracia.

13 Quien cierra los oídos a las súplicas del débil clamará también él y no hallará respuesta.

14 Regalo a escondidas, aplaca la cólera, y obsequio oculto, la ira violenta.

15 Alegría para el justo es el cumplimiento de la justicia, pero horror para los que hacen el mal.

16 El hombre que se aparta del camino de la prudencia reposará en la asamblea de las sombras.

17 Se arruina el hombre que ama el placer, no será rico el aficionado a banquetes.

18 Rescate del justo es el malo, y en lugar de los rectos, el traidor.

19 Mejor es habitar en el desierto que con mujer litigiosa y triste.

20 Tesoro precioso y aceite en la casa del sabio, pero el hombre necio los devora.

21 Quien va tras la justicia y el amor hallará vida, justicia y honor.

22 El sabio escala la ciudad de los fuertes, y derriba la fortaleza en que confiaban.

23 El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de la angustia.

24 Al insolente y altivo se le llama: «arrogante»; actúa en el exceso de su insolencia.

25 El deseo del perezoso le lleva a la muerte, porque sus manos rehúsan el trabajo.

26 Todo el día está el malo codicioso; pero el justo da sin rehusar jamás.

27 El sacrificio de los malos es abominable, sobre todo si se ofrece con mala intención.

28 El testigo falso perecerá, el hombre que escucha, por siempre podrá hablar.

29 El hombre malo se muestra atrevido, el recto afianza su camino.

30 No hay sabiduría, ni hay prudencia ni hay consejo, delante de Yahveh.

31 Se prepara el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahveh.

Reflexión del capítulo 21

El capítulo 21 comienza con una imagen de soberanía divina: corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Yahveh, que él dirige donde quiere (21,1). Y añade que practicar la justicia y la equidad es mejor ante Yahveh que el sacrificio (21,3), una frase que los profetas repetirán y que Jesús recordará. El sabio advierte contra la altivez y la lengua engañosa, y valora la prudencia que guarda la boca y la lengua (21,23). Frente a la injusticia, recuerda que quien cierra los oídos a las súplicas del débil clamará también él y no hallará respuesta (21,13). El capítulo termina con una confesión de confianza: se prepara el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahveh (21,31). Es una llamada a la justicia, a la misericordia y a la humildad ante Dios. La rectitud con el prójimo y la confianza en el Señor son las dos alas con que vuela la vida creyente.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy elige una obra de justicia por encima de un gesto religioso vacío: si tienes un conflicto, busca la equidad y no solo tu razón; si alguien te pide ayuda, no cierres el oído. Sé cuidadoso con lo que dices de otros. Y al prepararte para un desafío, trabaja lo que te toca, pero pon tu confianza en el Señor, de quien viene la victoria.

Oración

Señor, tú que diriges el corazón del hombre como un río, guíanos hacia la justicia y la misericordia. Enséñanos a escuchar al débil y a confiar en ti, sabiendo que la victoria es tuya. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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