Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 5

1 Presta, hijo mío, atención a mi sabiduría, aplica tu oído a mi prudencia,

2 para que guardes tú la reflexión y tus labios conserven la ciencia. No hagas caso de la mujer perversa,

3 pues miel destilan los labios de la extraña, su paladar es más suave que el aceite;

4 pero al fin es amarga como el ajenjo, mordaz como espada de dos filos.

5 Sus pies descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol.

6 Por no seguir la senda de la vida, se desvía por sus vericuetos sin saberlo.

7 Así pues, hijo mío, escúchame, no te apartes de los dichos de mi boca:

8 aleja de ella tu camino, no te acerques a la puerta de su casa;

9 no sea que ella dé tu honor a otro y tus años a un hombre cruel;

10 no se harten de tus bienes los extraños, ni paren tus fatigas en casa del extranjero;

11 no sea que gimas a la postre cuando tu cuerpo y tu carne se consuman,

12 y digas: «Ay de mí, que he odiado la instrucción, mi corazón ha despreciado los reproches,

13 no he escuchado la voz de mis maestros ni he prestado oídos a los que me instruían.

14 A punto he estado de cualquier desgracia, en medio de la asamblea y la comunidad.»

15 Bebe el agua de tu cisterna, la que brota de tu pozo.

16 ¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas?

17 Que sean para ti solo, no para que las beban contigo los extraños.

18 - Sea tu fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad,

19 cierva amable, graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione para siempre.

20 ¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una ajena, abrazar el seno de una extraña?

21 Pues los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus senderos.

22 El malvado será presa de sus propias maldades, con los lazos de su pecado se le capturará.

23 Morirá por su falta de instrucción, por su gran necedad se perderá.

Reflexión del capítulo 5

El capítulo 5 es una advertencia vibrante contra la seducción de la mujer ajena, imagen aquí de toda propuesta que promete dulzura y termina en muerte. Sus labios destilan miel, pero al fin es amarga como el ajenjo (5,3-4); sus pies descienden al seol. Frente a esa trampa, el sabio propone un camino positivo y gozoso: beber el agua de la propia cisterna, gozarse en la mujer de la propia mocedad (5,15.18), amarla con fidelidad. No se trata solo de prohibir, sino de enseñar dónde está la verdadera fuente de la alegría. El capítulo añade una razón profunda: los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus senderos (5,21). Nada escapa a su mirada, y el malvado queda preso de sus propias maldades. La Iglesia lee este texto como una invitación a la fidelidad y a la pureza de corazón, don que se pide a Dios y que custodia el amor verdadero.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy cultiva la fidelidad en lo pequeño y en lo grande: sé leal en tus compromisos, cuida tus ojos y tus conversaciones, y no alimentes fantasías que te alejen de las personas que Dios ha puesto a tu lado. Si estás casado, dedica un gesto concreto de cariño y tiempo a tu cónyuge; si no lo estás, cuida la castidad como un don que protege tu libertad y tu alegría.

Oración

Señor, tú que ves todos nuestros caminos, guárdanos de las fuentes amargas y enséñanos a beber de la fuente bendita que tú nos das. Danos un corazón fiel y agradecido, que se goce en el amor que tú has puesto en nuestra vida. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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