Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 17

1 Mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad, que casa llena de sacrificios de discordia.

2 El siervo prudente prevalece sobre el hijo sin honra; tendrá, con los hermanos, parte en la herencia.

3 Crisol para la plata, horno para el oro; los corazones, Yahveh mismo los prueba.

4 El malo está atento a los labios inicuos, el mentiroso presta oído a la lengua perversa.

5 Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor, quien se ríe de la desgracia no quedará impune.

6 Corona de los ancianos son los hijos de los hijos; los padres son el honor de los hijos.

7 Al necio no le sienta un lenguaje pulido, y aún menos al noble un hablar engañoso.

8 El obsequio es un talismán, para el que puede hacerlo; dondequiera que vaya, tiene éxito.

9 El que cubre un delito, se gana una amistad el que propala cosas, divide a los amigos.

10 Más afecta un reproche a un hombre inteligente que cien golpes a un necio.

11 El malvado sólo busca rebeliones, pero le será enviado un cruel mensajero.

12 Mejor topar con osa privada de sus cachorros que con tonto en su necedad.

13 Si uno devuelve mal por bien no se alejará la desdicha de su casa.

14 Entablar proceso es dar curso libre a las aguas; interrúmpelo antes de que se extienda.

15 Justificar al malo y condenar al justo; ambas cosas abomina Yahveh.

16 ¿De qué sirve la riqueza en manos del necio? ¿Para adquirir sabiduría, siendo un insensato?

17 El amigo ama en toda ocasión, el hermano nace para tiempo de angustia.

18 Es hombre insensato el que choca la mano y sale fiador de su vecino.

19 El que ama el pecado, ama los golpes, el que es altanero, busca la ruina.

20 El de corazón pervertido, no hallará la dicha; el de lengua doble caerá en desgracia.

21 El que engendra un necio, es para su mal; no tendrá alegría el padre del insensato.

22 El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos.

23 El malo acepta regalos en su seno, para torcer las sendas del derecho.

24 Ante el hombre inteligente está la sabiduría, los ojos del necio en los confines de la tierra.

25 Hijo necio, tristeza de su padre, y amargura de la que lo engendró.

26 No es bueno poner multa al justo, golpear a los nobles es contra derecho.

27 El que retiene sus palabras es conocedor de la ciencia, el de sangre fría es hombre inteligente.

28 Hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio, por inteligente, si cierra los labios.

Reflexión del capítulo 17

El capítulo 17 es un racimo de sentencias sobre la convivencia. Su primera frase ya marca el tono: mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad, que casa llena de sacrificios de discordia (17,1). El sabio habla del crisol que prueba los corazones (17,3), de la amistad que se gana cubriendo un delito y de la que se pierde propalando cosas (17,9), y de la fuerza de la corrección: más afecta un reproche a un hombre inteligente que cien golpes a un necio (17,10). Valora el corazón alegre, que mejora la salud, mientras el espíritu abatido seca los huesos (17,22). Y termina con un elogio del silencio prudente: hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio (17,28). Es una sabiduría doméstica, hecha de paciencia, de discreción y de alegría serena, que la tradición cristiana ha aplicado a la vida de familia y de comunidad. La casa donde se soportan con paciencia las diferencias se convierte en escuela de caridad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy construye paz en tu casa: evita una discusión que no lleva a nada y elige en cambio el detalle que une —poner la mesa, escuchar a alguien, aguantar un malhumor sin devolverlo—. Y guarda un secreto que te hayan confiado, porque cubrir un delito con discreción gana una amistad. Si puedes, regala alegría: una sonrisa, una palabra amable, una visita.

Oración

Señor, tú que pruebas los corazones como el crisol prueba la plata, danos un espíritu sereno y alegre. Enséñanos a cubrir con discreción las faltas del prójimo y a construir la paz en nuestra casa. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

Compartir

Enlace copiado