Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 31

1 Palabras de Lemuel, rey de Massá, que le enseño su madre:

2 ¡No, hijo mío, no, hijo de mis entrañas! ¡No, hijo de mis votos!

3 No entregues tu vigor a las mujeres, ni tus caminos a las que pierden a los reyes.

4 No es para los reyes, Lemuel, no es para los reyes beber vino, ni para los príncipes ser aficionado a la bebida.

5 No sea que, bebiendo, olviden sus decretos y pervientan las causas de todos los desvalidos.

6 Dad bebidas fuertes al que va a perecer y vino al de alma amargada;

7 que beba y olvide su miseria, y no se acuerde ya de su desgracia.

8 Abre tu boca en favor del mudo, por la causa de todos los abandonados,

9 abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del mísero y del pobre.

10 Alef. Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.

11 Bet. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.

12 Guímel. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

13 Dálet. Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.

14 He. Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.

15 Vau. Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.

16 Zain. Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.

17 Jet. Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.

18 Tet. Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.

19 Tod. Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.

20 Kaf. Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.

21 Lámed. No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble.

22 Mem. Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.

23 Nun. Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.

24 Sámek. Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.

25 Ain. Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.

26 Pe. Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.

27 Sade. Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.

28 Qof. Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio:

29 Res. «¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!»

30 Sin. Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada.

31 Tau. Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.

Reflexión del capítulo 31

El capítulo 31 cierra el libro con dos piezas. La primera son las palabras de Lemuel, rey de Massá, que le enseñó su madre: una advertencia contra el desorden de la bebida y de las pasiones, y una llamada a defender al pobre: abre tu boca en favor del mudo, juzga con justicia y defiende la causa del mísero (31,8-9). La segunda es el célebre poema acróstico de la mujer completa, cuyo valor supera a las perlas (31,10). Se describe su trabajo incansable, su cuidado de la casa, su generosidad con los pobres, su palabra sabia, y sobre todo su raíz: la mujer que teme a Yahveh, esa será alabada (31,30). La tradición católica ha visto en esta figura un modelo de la vida cristiana entregada y también una imagen de la Iglesia y de María. El libro, que comenzó con el temor de Yahveh, termina en la misma clave: la sabiduría se vuelve servicio y amor fiel.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy reconoce y agradece el trabajo de las mujeres que sostienen tu vida —madre, esposa, hermana, amiga, compañera— y ayúdales de forma concreta. Defiende a alguien que no puede defenderse: alza la voz por el que es tratado injustamente. Y revisa tu propia vida: que tus obras, como las de la mujer del poema, nazcan del temor de Dios y del amor a los demás.

Oración

Señor, tú que alabas al que te teme y sirve con fidelidad, enséñanos a trabajar con diligencia y a defender a los débiles. Que nuestra vida sea alabada por sus obras y que todo lo hagamos por amor a ti. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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