Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 14 de 31Capítulo 14
1 La Sabiduría edifica su casa; le Necedad con sus manos la destruye.
2 Quien anda en rectitud, teme a Yahveh; el de torcido camino le desprecia.
3 En la boca del necio hay una raíz de orgullo, pero los labios de los sabios los protegen.
4 Donde no hay bueyes, pesebre vacío; cosecha abundante con la fuerza del toro.
5 Testigo veraz no miente, testigo falso respira mentiras.
6 Busca el arrogante la sabiduría pero en vano, al inteligente la ciencia le es fácil.
7 Apártate del hombre necio, pues no conocerías labios doctos.
8 Sabiduría del cauto es atender a su conducta, la necedad de los tontos es engaño.
9 De los necios se aparta el sacrificio expiatorio, pero entre los rectos se encuentra el favor de Dios.
10 El corazón conoce su propia amargura, y con ningún extraño comparte su alegría.
11 La casa de los malos será destruida, la tienda de los rectos florecerá.
12 Hay caminos que parecen rectos, pero, al cabo, son caminos de muerte.
13 También en el reír padece el corazón, y al cabo la alegría es dolor.
14 El perverso de corazón está satisfecho de su conducta, y el hombre de bien, de sus obras.
15 El simple cree cuanto se dice, el cauto medita sus propios pasos.
16 El sabio teme el mal y de él se aparta, el necio es presuntuoso y confiado.
17 El de genio pronto, hace necedades, el hombre artero es odiado.
18 La herencia de los simples es la necedad, los cautos son coronados de ciencia.
19 Los malos se postran ante los buenos, los malvados a la puerta de los justos.
20 Incluso a su vecino es odioso el pobre, pero son muchos los amigos del rico.
21 Quien desprecia a su vecino comete pecado; dichoso el que tiene piedad de los pobres.
22 ¿No andan extraviados los que planean el mal?; amor y lealtad a los que planean el bien.
23 Todo trabajo produce abundancia, la charlatanería sólo indigencia.
24 Corona de los sabios es la riqueza, la necedad de los insensatos es necedad.
25 Salvador de vidas es el testigo veraz, quien profiere mentira es un impostor.
26 El temor de Yahveh es seguridad inexpugnable; sus hijos tendrán en él refugio.
27 El temor de Yahveh es fuente de vida, para apartarse de las trampas de la muerte.
28 Pueblo numeroso, gloria del rey; pueblo escaso, ruina del príncipe.
29 El tardo a la ira tiene gran prudencia, el de genio pronto pone de manifiesto su necedad
30 El corazón manso es vida del cuerpo; la envidia es caries de los huesos.
31 Quien oprime al débil, ultraja a su Hacedor; mas el que se apiada del pobre, le da gloria.
32 El malo es derribado por su propia malicia, el justo en su integridad halla refugio.
33 En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida.
34 La justicia eleva a las naciones, el pecado es la vergüenza de los pueblos.
35 El favor del rey para el siervo prudente; y su cólera para el que le avergüenza.
Reflexión del capítulo 14
El capítulo 14 se abre con una imagen de arquitectura moral: la Sabiduría edifica su casa; la Necedad con sus manos la destruye (14,1). A lo largo de sus versículos, el sabio insiste en que las apariencias engañan: hay caminos que parecen rectos pero al cabo son caminos de muerte (14,12), y también en el reír padece el corazón (14,13). Frente al simple que cree cuanto se dice, el cauto medita sus pasos (14,15). El capítulo da un lugar central al temor de Yahveh, presentado como seguridad inexpugnable y fuente de vida (14,26-27). Y desciende a la vida social con una sentencia que la tradición cristiana citará con frecuencia: quien oprime al débil ultraja a su Hacedor, mas el que se apiada del pobre le da gloria (14,31). La justicia, dice, eleva a las naciones, y el pecado es la vergüenza de los pueblos (14,34). El sabio no promete una vida sin sombras, pero sí un corazón que sabe dónde está su refugio.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy haz una obra que edifique tu casa, tu familia o tu comunidad: una reconciliación, un arreglo pendiente, una palabra de perdón. Y fíjate en los pobres que tienes cerca —un vecino, un compañero, alguien que pide— y hazles un bien concreto, sabiendo que en ellos honras a Dios. Antes de creer un rumor, comprueba; el cauto medita sus pasos.
Oración
Señor, tú que eres refugio de los humildes, enséñanos a edificar nuestra casa sobre ti y a no despreciar a los pequeños. Que tu temor sea nuestra seguridad y que la justicia guíe nuestros pasos. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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