Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 18 de 31Capítulo 18
1 El que vive apartado, busca su capricho, se enfada por cualquier consejo.
2 El necio no halla gusto en la prudencia, sino en manifestar su corazón.
3 Cuando llega la maldad, también llega el desprecio; y con la afrenta viene la ignominia.
4 Las palabras en la boca del hombre son aguas profundas: torrente desbordado, fuente de sabiduría.
5 No es bueno tener miramientos con el malo, para quitar, en el juicio, la razón al justo.
6 Los labios del necio se meten en el proceso, y su boca llama a los golpes.
7 La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su vida.
8 Las palabras del delator son golosinas, que bajan hasta el fondo de las entrañas.
9 El que es perezoso en el trabajo, es hermano del que destruye.
10 El nombre de Yahveh es torre fuerte, a ella corre el justo y no es alcanzado.
11 La fortuna del rico es su plaza fuerte; como muralla inexpugnable, en su opinión.
12 El corazón humano se engríe antes de la ruina, y delante de la gloria va la humildad.
13 Si uno responde antes de escuchar eso es para él necedad y confusión.
14 El ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad; pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará?
15 Corazón inteligente adquiere ciencia, el oído de los sabios busca la ciencia.
16 El regalo de un hombre todo se lo allana, y le lleva hasta la presencia de los grandes.
17 Parece justo el primero que pleitea; mas llega su contendiente y lo pone al descubierto.
18 Las suertes ponen fin a los litigios y deciden entre los poderosos.
19 Un hermano ofendido es peor que una plaza fuerte, y las querellas son como cerrojos de ciudadela.
20 Con el fruto de la boca sacia el hombre su vientre, con los frutos de sus labios se sacia.
21 Muerte y vida están en poder de la lengua, el que la ama comerá su fruto.
22 Quien halló mujer, halló cosa buena, y alcanzó favor de Yahveh.
23 El pobre habla suplicando, pero el rico responde con dureza.
24 Hay amigos que causan la ruina, y hay quien ama con más apego que un hermano.
Reflexión del capítulo 18
El capítulo 18 gira en buena parte en torno a la palabra y a la amistad. Las palabras en la boca del hombre son aguas profundas, torrente desbordado, fuente de sabiduría (18,4). El sabio advierte que la boca del necio es su ruina (18,7) y que responder antes de escuchar es necedad y confusión (18,13). Frente a la fuerza del dinero, que el rico cree su plaza fuerte, proclama una verdad que la tradición cristiana repetirá: el nombre de Yahveh es torre fuerte, a ella corre el justo y no es alcanzado (18,10). El capítulo culmina con dos sentencias memorables: muerte y vida están en poder de la lengua, el que la ama comerá su fruto (18,21), y hay amigos que causan la ruina y hay quien ama con más apego que un hermano (18,24). Es una invitación a medir las palabras y a valorar la amistad verdadera, don que la fe reconoce como reflejo del amor de Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy escucha antes de responder: en una conversación difícil, deja que el otro termine y repite lo que ha dicho para asegurarte de entenderle. Reserva una palabra amable para quien lo necesita y evita una crítica que solo hiere. Y da gracias a Dios por un amigo fiel, buscando además ser tú ese amigo para alguien que está solo.
Oración
Señor, tú cuyo nombre es torre fuerte, sé nuestro refugio en la angustia. Guarda nuestra lengua de la ruina y enséñanos a escuchar antes de hablar y a ser amigos fieles, como tú lo eres con nosotros. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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