Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 20 de 31Capítulo 20
1 Arrogante es el vino, tumultuosa la bebida; quien en ellas se pierde, no llegará a sabio.
2 Como rugido de león la indignación del rey, el que la excita, se daña a sí mismo.
3 Es gloria para el hombre apartarse de litigios, pero todo necio se sale de sí.
4 A partir del otoño, el perezoso no trabaja, en la cosecha busca, pero no hay nada.
5 El consejo en el corazón del hombre es agua profunda, el hombre inteligente sabrá sacarla.
6 Muchos hombres se dicen piadosos; pero un hombre fiel, ¿quién lo encontrará?
7 El justo camina en la integridad; ¡dichosos sus hijos después de él!
8 Un rey sentado en el tribunal disipa con sus ojos todo mal.
9 ¿Quién puede decir: «Purifiqué mi corazón, estoy limpio de mi pecado?»
10 Dos pesos y dos medidas, ambas cosas aborrece Yahveh.
11 Incluso en sus acciones da el muchacho a conocer si sus obras serán puras y rectas.
12 El oído que oye y el ojo que ve; ambas cosas las hizo Yahveh.
13 No ames el sueño, para no hacerte pobre; ten abiertos los ojos y te hartarás de pan.
14 «¡Malo, malo!» dice el comprador, pero al marchar se felicita.
15 Hay oro y numerosas perlas, pero los labios instruidos son la cosa más preciosa.
16 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños.
17 El pan de fraude le es dulce al hombre, pero luego la boca se llena de grava.
18 Los proyectos con el consejo se afianzan: haz con táctica la guerra.
19 El que anda murmurando descubre secretos; no andes con quien tiene la lengua suelta.
20 Al que maldice a su padre y a su madre, se le extinguirá su lámpara en medio de tinieblas.
21 Herencia adquirida al principio con presteza, ne será a la postre bendecida.
22 No digas: «Voy a devolver el mal»; confía en Yahveh, que te salvará.
23 Tener dos pesas lo abomina Yahveh; tener balanzas falsas no está bien.
24 De Yahveh dependen los pasos del hombre: ¿cómo puede el hombre comprender su camino?
25 Lazo es para el hombre pronunciar a la ligera: «¡Sagrado!» y después de haber hecho el voto reflexionar.
26 Un rey sabio aventa a los malos y hace pasar su rueda sobre ellos.
27 Lámpara de Yahveh es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser.
28 Bondad y lealtad custodian al rey, fundamenta su trono en la bondad.
29 El vigor es la belleza de los jóvenes, las canas el ornato de los viejos.
30 Las cicatrices de las heridas son remedio contra el mal, los golpes curan hasta el fondo de las entrañas.
Reflexión del capítulo 20
El capítulo 20 toca temas de sobriedad, justicia y providencia. Comienza advirtiendo que el vino es arrogante y la bebida tumultuosa (20,1), y sigue con la denuncia de los pesos y medidas desiguales, que Yahveh aborrece (20,10.23). El sabio recuerda que solo Dios conoce del todo el corazón: quién puede decir que está limpio de su pecado (20,9). Y ofrece una imagen entrañable: lámpara de Yahveh es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser (20,27). Frente a la pretensión de controlarlo todo, afirma que de Yahveh dependen los pasos del hombre (20,24). Valora el trabajo que sostiene la vida y la prudencia que evita los pleitos. También señala que la bondad y la lealtad custodian al rey y fundamentan su trono (20,28). Es una sabiduría sobria y humilde, que invita a la templanza y a la confianza. Quien reconoce sus límites y los pone en manos de Dios camina más seguro que quien se cree dueño de su destino.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy practica la sobriedad en algo concreto: modera lo que bebes, lo que compras o el tiempo que pasas en pantallas, y deja ese espacio para algo que te humanice. Sé escrupulosamente justo en una medida o un trato, sin aprovecharte. Y reconoce ante Dios, con humildad, que no controlas tu camino: pídele con sencillez que dirija tus pasos y sostenga tu vida.
Oración
Señor, tú que sondeas el fondo de nuestro ser, danos templanza y humildad. Que no confiemos en nuestra propia fuerza y que reconozcamos que de ti dependen nuestros pasos. Guíanos con tu luz. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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