Proverbios

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos

Pr

Capítulo 22

1 Más vale buen nombre que muchas riquezas, y mejor es favor que plata y oro.

2 El rico y el pobre se encuentran, a los dos los hizo Yahveh.

3 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo.

4 Premio de la humildad, el temor de Yahveh, la riqueza, el honor y la vida.

5 Espinas y lazos en la senda del malo, el que cuida de su vida, se aleja de ellos.

6 Instruye al joven según sus disposiciones, que luego, de viejo, no se apartará de ellas.

7 El rico domina a los pobres, el deudor es esclavo de su acreedor.

8 Quien siembra injusticia cosecha miserias y la vara de su cólera desaparecerá.

9 El de buena intención será bendito, porque da de su pan al débil.

10 Expulsa al arrogante y se irá el litigio, y pleitos e injurias cesarán.

11 El que ama los corazones puros, el de gracia en los labios, es amigo del rey.

12 Los ojos de Yahveh custodian la ciencia, pero confunden las palabras del pérfido.

13 El perezoso dice: «Hay fuera un león; voy a ser muerto en medio de la calle.»

14 Fosa profunda la boca de las mujeres ajenas: aquel contra el que Yahveh se aíra, caerá en ella.

15 La necedad está enraizada en el corazón del joven, la vara de la instrucción lo alejará de ella.

16 El que oprime a un débil, lo engrandece; el que da a un rico, llega a empobrecerlo.

17 Presta oído y escucha las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi ciencia,

18 porque te será dulce guardarlas en tu seno, y tener todas a punto en tus labios.

19 Para que esté en Yahveh tu confianza también a ti hoy te enseñaré.

20 ¿No he escrito para ti treinta capítulos de consejos y ciencia,

21 para hacerte conocer la certeza de las palabras verdaderas, y puedas responder palabras verdaderas a quien te envíe?

22 No despojes al débil, porque es débil, y no aplastes al desdichado en la puerta,

23 porque Yahveh defenderá su causa y despojará de la vida a los despojadores.

24 No tomes por compañero a un hombre airado, ni vayas con un hombre violento,

25 no sea que aprendas sus senderos, y te encuentres con un lazo para tu vida.

26 No seas de los que chocan la mano, y salen fiadores de préstamos:

27 porque si no tienes con qué pagar, te tomarán el lecho en que te acuestas.

28 No desplaces el lindero antiguo que tus padres pusieron.

29 ¿Has visto un hombre hábil en su oficio? Se colocará al servicio de los reyes. No quedará al servicio de gentes oscuras.

Reflexión del capítulo 22

El capítulo 22 reúne sentencias sobre el buen nombre, la educación y la justicia. Más vale buen nombre que muchas riquezas (22,1), y el rico y el pobre se encuentran, a los dos los hizo Yahveh (22,2). Una de sus frases más conocidas es la invitación a instruir al joven según sus disposiciones, para que de viejo no se aparte de ellas (22,6). El sabio advierte contra la opresión del débil y recuerda que Yahveh defenderá su causa (22,22-23), y desaconseja las malas compañías y la fianza imprudente. En la segunda parte del capítulo comienza una colección de treinta dichos de los sabios (22,17-29), que pide prestar oído y aplicar el corazón a la ciencia. El conjunto forma una escuela de prudencia y de respeto por el prójimo, sobre todo por los pequeños, que la tradición cristiana ha leído a la luz de la dignidad de toda persona.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy dedica tiempo a enseñar algo bueno a alguien más joven que tú —un hijo, un sobrino, un alumno, un compañero— con paciencia y ejemplo. Sé justo con quien tiene menos poder que tú, sin abusar de tu posición. Y cuida tu buen nombre con actos coherentes, sabiendo que la honradez vale más que cualquier ganancia.

Oración

Señor, tú que hiciste al rico y al pobre, danos respeto por toda persona y celo por la justicia. Enséñanos a formar a los pequeños en el bien y a construir un nombre honrado ante ti y ante los hombres. Amén.

Acerca del libro de Proverbios

El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.

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