Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 29 de 31Capítulo 29
1 El hombre que, reprendido, endurece la cerviz, será pronto deshecho y sin remedio.
2 Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra, cuando dominan los malos, el pueblo gime.
3 El que ama la sabiduría, da alegría a su padre, el que anda con prostitutas, disipa su fortuna.
4 El rey, con la equidad, mantiene el país, el hombre exactor lo arruina.
5 El hombre que adula a su prójimo pone una red bajo sus pasos.
6 En el pecado del malo hay una trampa, pero el justo se regocija y alegra.
7 El justo conoce la causa de los débiles, el malo no tiene inteligencia para conocerla.
8 Los arrogantes turban la ciudad, los sabios alejan la cólera.
9 Cuando el sabio tiene un pleito con el necio, ya se exaspere o se ría, no logrará sosiego.
10 Los hombres sanguinarios odian al intachable, los rectos van en busca de su persona.
11 El necio da salida a toda su pasión; el sabio la reprime y apacigua.
12 Si un jefe hace caso de las palabras mentirosas, todos sus servidores serán malos.
13 El pobre y el opresor se encuentran, Yahveh da la luz a los ojos de ambos.
14 El rey que juzga con verdad a los débiles, asegura su trono para siempre.
15 Vara y reprensión dan sabiduría, muchacho dejado a sí mismo, avergüenza a su madre.
16 Cuando se multiplican los malos, se multiplican los delitos, pero los justos contemplarán su caída.
17 Corrige a tu hijo y te dejará tranquilo; y hará las delicias de tu alma.
18 Cuando no hay visiones, el pueblo se relaja, pero el que guarda la ley es dichoso.
19 No se corrige a un siervo con palabras, porque aunque las entienda, no las cumple.
20 ¿Has visto un hombre dispuesto siempre a hablar? más se puede esperar de un necio que de él.
21 Si se mima a un esclavo desde niño, al final será un ingrato.
22 El hombre violento provoca querellas, el hombre airado multiplica los delitos.
23 El orgullo del pobre lo humillará; el humilde de espíritu obtendrá honores.
24 El que reparte con ladrón se odia a sí mismo, oye la imprecación, pero no revela nada.
25 Temblar ante los hombres es un lazo; el que confía en Yahveh está seguro.
26 Son muchos los que buscan el favor del jefe, pero es Yahveh el que juzga a cada uno.
27 Abominación para los justos es el hombre inicuo abominación para el malo el de recto camino.
Reflexión del capítulo 29
El capítulo 29 trata sobre todo de la vida en común y del buen gobierno. Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra; cuando dominan los malos, el pueblo gime (29,2). El rey que juzga con verdad a los débiles asegura su trono (29,14), mientras el hombre que adula pone una red bajo los pasos de su prójimo (29,5). El sabio advierte contra la ira descontrolada —el necio da salida a toda su pasión, el sabio la reprime y apacigua (29,11)— y contra el orgullo, pues el humilde de espíritu obtendrá honores (29,23). Dos sentencias resumen su espíritu: cuando no hay visiones, el pueblo se relaja (29,18), y temblar ante los hombres es un lazo, pero el que confía en Yahveh está seguro (29,25). Es una sabiduría que une la responsabilidad pública y la confianza personal en Dios. El pueblo camina cuando sus guías buscan el bien común, y el creyente camina cuando su confianza está puesta en el Señor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy reprime una reacción de ira: cuenta hasta diez, respira, y responde cuando estés en calma. Si tienes alguna responsabilidad sobre otros —en casa, en el trabajo, en la comunidad—, actúa con justicia y sin favoritismos. Y no fundes tu seguridad en el qué dirán: ponla en el Señor, que no defrauda. Y obra siempre con rectitud y valentía.
Oración
Señor, tú que sostienes a los humildes, danos dominio de nosotros mismos y valentía para obrar con justicia. Que no temblemos ante los hombres, sino que confiemos en ti, que eres nuestro refugio seguro. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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