Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 16 de 31Capítulo 16
1 Al hombre, los planes del corazón; pero de Yahveh, la respuesta.
2 Al hombre le parecen puros todos sus caminos, pero Yahveh pondera los espíritus.
3 Encomienda tus obras a Yahveh y tus proyectos se llevarán a cabo.
4 Todas las obras de Yahveh tienen su propio fin, hasta el malvado, para el día del mal
5 Yahveh abomina al de corazón altivo, de cierto no quedará impune.
6 Con amor y lealtad se expía la falta; con el temor de Yahveh se evita el mal.
7 Cuando Yahveh se complace en la conducta de un hombre. hasta a sus enemigos los reconcilia con él.
8 Más vale poco, con justicia, que mucha renta sin equidad.
9 El corazón del hombre medita su camino, pero es Yahveh quien asegura sus pasos
10 Oráculo en los labios del rey: en el juicio no comete falta su boca.
11 De Yahveh son la balanza y los platillos justos, todas las pesas del saco son obra suya.
12 Los reyes aborrecen las malas acciones, pues su trono en la justicia se afianza.
13 El favor del rey para los labios justos; y ama al que habla rectamente.
14 El furor del rey es mensajero de muerte; pero el hombre sabio lo apacigua.
15 Si el rostro del rey se ilumina, hay vida; su favor es como nube de lluvia tardía.
16 Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro; adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17 La calzada de los rectos es apartarse del mal; el que atiende a su camino, guarda su alma.
18 La arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída.
19 Mejor es ser humilde con los pobres que participar en el botín con los soberbios.
20 El que está atento a la palabra encontrará la dicha, el que confía en Yahveh será feliz.
21 Al de corazón sabio, se le llama inteligente, la dulzura de labios aumenta el saber.
22 La prudencia es fuente de vida para el que la tiene, el castigo de los necios es la necedad.
23 El corazón del sabio hace circunspecta su boca, y aumenta el saber de sus labios.
24 Palabras suaves, panal de miel: dulces al alma, saludables al cuerpo.
25 Hay caminos que parecen rectos, pero al cabo son caminos de muerte.
26 El ansia del trabajador para él trabaja, pues le empuja el hambre de su boca.
27 El hombre malvado trama el mal, tiene en los labios como un fuego ardiente.
28 El hombre perverso provoca querellas, el delator divide a los amigos.
29 El hombre violento seduce al vecino, y le hace ir por camino no bueno.
30 Quien cierra los ojos es para meditar maldades, el que se muerde los labios, ha consumado el mal.
31 Cabellos blancos son corona de honor; y en el camino de la justicia se la encuentra.
32 Más vale el hombre paciente que el héroe, el dueño de sí que el conquistador de ciudades.
33 Se echan las suertes en el seno, pero la decisión viene de Yahveh.
Reflexión del capítulo 16
El capítulo 16 pone a Dios en el centro de todo. Al hombre pertenecen los planes del corazón, pero de Yahveh viene la respuesta (16,1); el corazón del hombre medita su camino, pero es Yahveh quien asegura sus pasos (16,9). De ahí la invitación a encomendar las obras al Señor (16,3) y a reconocer que incluso las suertes se deciden por su voluntad (16,33). El sabio advierte contra la soberbia con una frase que ha pasado a la sabiduría universal: la arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída (16,18). Frente a ella, alaba la paciencia: más vale el hombre paciente que el héroe, el dueño de sí que el conquistador de ciudades (16,32). Y ensalza el buen hablar: palabras suaves son panal de miel, dulces al alma y saludables al cuerpo (16,24). Es una catequesis sobre la providencia y la humildad. Quien se deja conducir por Dios descubre que sus propios planes, corregidos por él, se vuelven más verdaderos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy, antes de empezar tu jornada, encomienda al Señor tus planes con una oración breve y deja espacio para que él los corrija. Si algo te sale distinto de lo previsto, no te irrites: mira dónde actúa Dios. Y trabaja tu paciencia con una situación concreta —un retraso, una persona difícil— sin perder la calma, porque el dueño de sí vale más que el conquistador.
Oración
Señor, a ti pertenece la respuesta y a ti encomendamos nuestros caminos. Dirige nuestros pasos, danos humildad y paciencia, y que nuestras palabras sean suaves y saludables para quienes nos escuchan. Sé tú nuestro guía. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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