Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 6 de 31Capítulo 6
1 Si has salido, hijo mío, fiador de tu prójimo, si has chocado tu mano con un extraño,
2 si te has obligado con las palabras de tu boca, si de la palabra de tu boca te has dejado prender,
3 haz esto, hijo mío, para quedar libre, pues has caído en manos de tu prójimo: Vete, póstrate, importuna a tu prójimo;
4 no concedas a tus ojos sueño ni a tus párpados reposo;
5 líbrate, como la gacela del lazo, como el pájaro de la mano del pajarero.
6 Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio.
7 Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo;
8 asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies.
9 ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿cuándo te levantarás de tu sueño?
10 Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados;
11 y llegará como vagabundo tu miseria y como un mendigo tu pobreza.
12 Un malvado, un hombre inicuo, anda con la boca torcida,
13 guiña el ojo, arrastra los pies, hace señas con los dedos.
14 Torcido está su corazón, medita el mal, pleitos siembra en todo tiempo.
15 Por eso vendrá su ruina de repente, de improviso quebrará, y no habrá remedio.
16 Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma:
17 ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente,
18 corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal,
19 testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos.
20 Garda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre.
21 Tenlos atados siempre a tu corazón, enlázalos a tu cuello;
22 en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar.
23 Porque el mandato es una lámpara y la lección una luz; camino de vida los reproches y la instrucción,
24 para librarte de la mujer perversa, de la lengua suave de la extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón, no te cautive con sus párpados,
26 porque un mendrugo de pan basta a la prostituta, pero la casada va a la caza de una vida preciosa.
27 ¿Puede uno meter fuego en su regazo sin que le ardan los vestidos?
28 ¿Puede uno andar sobre las brasas sin que se le quemen los pies?
29 Así le pasa al que se llega a la mujer del prójimo: no saldrá ileso ninguno que la toque.
30 No se desprecia al ladrón cuando roba para llenar su estómago, porque tiene hambre.
31 Mas, si le sorprenden, paga el séptuplo, tiene que dar todos los bienes de su casa.
32 Pero el que hace adulterar a una mujer es un mentecato; un suicida es el que lo hace;
33 encontrará golpes y deshonra y su vergüenza no se borrará.
34 Porque los celos enfurecen al marido. y no tendrá piedad el día de la venganza.
35 No hará caso de compensación alguna; aunque prodigues regalos, no aceptará.
Reflexión del capítulo 6
El capítulo 6 reúne consejos muy variados. Comienza con la advertencia contra salir fiador imprudentemente y quedar atado por la propia palabra (6,1-5). Sigue una de las páginas más famosas del libro: la lección de la hormiga, que sin jefe ni capataz asegura en el verano su sustento (6,6-8), y la denuncia de la pereza que lleva a la miseria. Luego describe al hombre inicuo que guiña el ojo y siembra pleitos, y enumera las seis cosas que Yahveh aborrece: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que fragua planes perversos, pies que corren al mal, testigo falso y quien siembra discordia entre hermanos (6,16-19). El capítulo termina con una advertencia severa contra el adulterio: no se puede llevar fuego en el regazo sin quemarse (6,27). Pero la luz que sostiene todo es el mandato del padre, lámpara y camino de vida (6,23). Es una catequesis sobre la responsabilidad y la vigilancia.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy vigila tu lengua, que el capítulo pone en el centro. Antes de hablar, pregúntate si tu palabra es verdadera y si construye o divide. Evita comentar lo que no te consta y no siembres discordia entre dos personas. Y combate la pereza con una tarea concreta: termina eso que llevas aplazando, aunque sea pequeña, ofreciéndola al Señor como servicio.
Oración
Señor, haz de tu mandato una lámpara para nuestros pies. Guarda nuestra lengua de la mentira y de la calumnia, nuestras manos de la violencia y nuestro corazón de los planes torcidos. Danos diligencia y paz, y ayúdanos a sembrar unión. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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