Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 27 de 31Capítulo 27
1 No te regocijes por el día de mañana, porque no sabes lo que deparará el día de hoy.
2 Que otro te alabe y no tu propia boca; un extraño, que no tus labios.
3 Pesada es la piedra y pesada la arena, la ira del necio es más pesada que ellas.
4 El furor es cruel, agua desbordada la cólera; mas ¿quién resistirá ante la envidia?
5 Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto.
6 Leales son las heridas del amigo, falsos los besos del enemigo.
7 Alma saciada pisotea la miel, al alma hambrienta, hasta lo amargo es dulce.
8 Como yerra el pájaro lejos de su nido, así yerra el hombre lejos de su lugar.
9 El aceite y el perfume alegran el corazón, la dulzura del amigo consuela el alma.
10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre; no entres en la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es vecino próximo que hermano alejado.
11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón; y podré responder al que me ultraja.
12 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo.
13 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños.
14 Al que ya de mañana a su prójimo bendice en alta voz, le será contado como una maldición.
15 Goteo incesante en día de lluvia y mujer chismosa, son iguales;
16 el que la retiene, retiene viento y aceite encuentra su derecha.
17 El hierro con hierro se aguza, y el hombre con su prójimo se afina.
18 El que vigila una higuera come de su fruto, el que guarda a su señor será honrado.
19 Como en el agua un rostro refleja otro rostro, así el corazón de un hombre refleja el de otro hombre.
20 Seol y Perdición son insaciables; tampoco se sacian los ojos del hombre.
21 Crisol para la plata, horno para el oro, el hombre vale según su reputación.
22 Aunque machaques al necio en el mortero, (entre el grano, con el pilón) no se apartará de él su necedad.
23 Conoce a fondo el estado de tu ganado, aplica tu corazón a tu rebaño;
24 porque no es eterna la riqueza, no se transmite una corona de edad en edad.
25 Cortada la hierba, aparecido el retoño, y apilado el heno de los montes,
26 ten corderos para poderte vestir, machos cabríos con que pagar un campo,
27 leche de cabras abundante para tu sustento, para alimentar a tu familia y mantener a tus criados.
Reflexión del capítulo 27
El capítulo 27 comienza con una advertencia de humildad: no te regocijes por el día de mañana, porque no sabes lo que deparará el día de hoy (27,1). Frente a la lisonja, ensalza la corrección sincera: leales son las heridas del amigo, falsos los besos del enemigo (27,6). Y ofrece una de las imágenes más citadas del libro: el hierro con hierro se aguza, y el hombre con su prójimo se afina (27,17). El sabio valora la amistad probada —no abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre (27,10)— y la prudencia en el trabajo: conoce a fondo el estado de tu ganado (27,23). Cierra con una advertencia sobre la necedad que no se corrige ni machacándola en el mortero (27,22). Es una sabiduría que aprende del tiempo y de la corrección fraterna, y que la tradición cristiana ha unido a la virtud de la humildad. Quien se deja afinar por el trato con los demás crece sin darse cuenta en madurez y en caridad.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy agradece y cuida una amistad antigua: llama o visita a ese amigo o familiar que te ha sido fiel. Y acepta bien una corrección, sin ofenderte, sabiendo que la herida del amigo es leal. Si tienes que corregir a alguien, hazlo con verdad y cariño, buscando su bien y no tu razón. Hazlo sin humillar y sin buscar tu propia gloria.
Oración
Señor, tú que nos afinas con el trato con los demás, danos amigos fieles y un corazón humilde para aceptar la corrección. Que sepamos agradecer lo que recibimos y no jactarnos del mañana, que está en tus manos. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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