Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 12 de 31Capítulo 12
1 El que ama la instrucción ama la ciencia, el que odia la reprensión es tonto.
2 El bueno obtiene el favor de Yahveh; pero él condena al hombre taimado.
3 Nadie se afianza por la maldad, la raíz de los justos no vacilará.
4 Mujer virtuosa, corona del marido, mujer desvergonzada, caries en los huesos.
5 Las intenciones de los justos son equidad, los planes de los malos, son engano.
6 Las palabras de los malos son trampas sangrientas, pero a los rectos su boca los pone a salvo.
7 Derribados los malos, no existen ya más, mas la casa de los justos permanece.
8 Se alaba al hombre según su prudencia, el de corazón torcido será despreciado.
9 Más vale hombre sencillo que tiene un esclavo, que hombre glorioso a quien falta el pan.
10 El justo se cuida de su ganado, pero las entrañas de los malos son crueles.
11 Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato.
12 El placer del impío está en la maquinación de los malvados, pero la raíz de los justos producirá.
13 En el delito de los labios hay una trampa fatal, pero el justo saldrá de la angustia.
14 Por el fruto de su boca, se harta de bien el hombre, cada cual recibe el salario de sus obras.
15 El necio tiene por recto su camino, pero el sabio escucha los consejos.
16 El necio, al momento descubre su pena, el prudente oculta la ignominia.
17 Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad.
18 Quien habla sin tino, hiere como espada; mas la lengua de los sabios cura.
19 Los labios sinceros permanecen por siempre, la lengua mentirosa dura un instante.
20 Fraude en el corazón de quien trama el mal; gozo para los que aconsejan paz.
21 Ninguna desgracia le sucede al justo, pero los malos están llenos de miserias.
22 Los labios mentirosos abomina Yahveh; los que practican la verdad alcanzan su favor.
23 El hombre cauto oculta su ciencia, el corazón del insensato proclama su necedad.
24 La mano diligente obtiene el mando; la flojedad acaba en trabajos forzados.
25 Ansiedad en el corazón deprime al hombre, pero una palabra buena le causa alegría.
26 El justo enseña el camino a su prójimo, el camino de los malos los extravía.
27 El indolente no pone a asar su caza; la diligencia es la mejor fortuna del hombre.
28 En la senda de la justicia está la vida; el camino de los rencorosos lleva a la muerte.
Reflexión del capítulo 12
El capítulo 12 desarrolla el valor de la corrección y de la palabra. El que ama la instrucción ama la ciencia; el que odia la reprensión es tonto (12,1). El sabio no se presenta como quien nunca falla, sino como quien acepta ser corregido y escucha consejos (12,15). Varios dichos giran en torno a la lengua: quien habla sin tino hiere como espada, mas la lengua de los sabios cura (12,18); los labios sinceros permanecen por siempre, la lengua mentirosa dura un instante (12,19). Frente a la ansiedad, que deprime el corazón del hombre, una palabra buena le causa alegría (12,25). El capítulo toca también lo doméstico y lo laboral: la mujer virtuosa es corona del marido, el justo se cuida de su ganado, el diligente obtiene el mando (12,4.10.24). Es una sabiduría cercana, que santifica las relaciones y el trabajo diario y que la tradición cristiana ha leído como una escuela de caridad en la palabra.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy propone una palabra que cure: elige a una persona que sabes que está cansada o triste y dile algo verdadero y alentador. Cuando alguien te corrija, escucha sin defenderte a la primera. Y si algo te inquieta, no lo guardes solo para ti: cuéntalo a Dios en la oración y a alguien de confianza, porque la ansiedad compartida pesa menos.
Oración
Señor, pon en nuestros labios palabras que curen y no que hieran. Danos un corazón dócil a la corrección y agradecido al consejo, y que en medio de la ansiedad escuchemos tu voz que consuela. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
Compartir
Enlace copiado