Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
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Capítulo 10 de 31Capítulo 10
1 Proverbios de Salomón. El hijo sabio es la alegría de su padre, el hijo necio entristece a su madre.
2 Tesoros mal adquiridos no aprovechan, mas la justicia libra de la muerte.
3 Yahveh no permite que el justo pase hambre, pero rechaza la codicia de los malos.
4 Mano indolente empobrece, la mano de los diligentes enriquece.
5 Amontonar en verano es de hombre sensato, dormirse en la cosecha es de hombre indigno.
6 Bendiciones sobre la cabeza del justo; pero la boca de los impíos rezuma violencia.
7 El recuerdo del justo sirve de bendición; el nombre de los malos se pudre.
8 El sensato de corazón acepta los mandatos, el hombre charlatán corre a su ruina.
9 Quien va a derecho, va seguro, quien va con rodeos es descubierto.
10 El que guiña de ojos, dará disgustos, quien reprende a la cara, proporciona paz.
11 Manantial de vida la boca del justo; la boca de los impíos rezuma violencia.
12 El odio provoca discusiones, el amor cubre todas las faltas.
13 En labios del inteligente se encuentra sabiduría, palo a las espaldas del falto de seso.
14 Los sabios atesoran conocimiento, la boca del necio es ruina immediata.
15 La fortuna del rico es su plaza fuerte, la ruina de los débiles es su pobreza.
16 El salario del justo es para vivir, la renta del malo es para pecar.
17 Camina hacia la vida el que guarda las instrucciones; quien desatiende la reprensión se extravía.
18 Los labios mentirosos disimulan el odio; quien profiere una calumnia es un necio.
19 En las muchas palabras no faltará pecado; quien reprime sus labios es sensato.
20 Plata elegida es la lengua del justo, el corazón de los malos vale poco.
21 Los labios del justo apacientan a muchos, los insensatos mueren en su falta de seso.
22 La bendición de Yahveh es la que enriquece, y nada le añade el trabajo a que obliga.
23 Como un juego es para el necio cometer el crimen, la sabiduría lo es para el hombre inteligente.
24 Lo que teme el malo, eso le sucede, lo que el justo desea, se le da.
25 Cuando pasa la tormenta, ya no existe el malo, mas el justo es construcción eterna.
26 Vinagre para los dientes y humo para los ojos: así es el perezoso para quien lo envía.
27 El temor de Yahveh prolonga los días, los años de los malos son acortados.
28 La espera de los justos es alegría, la esperanza de los malos fracasará.
29 Fortaleza es para el íntegro la senda de Yahveh; pero ruina para los malhechores.
30 Jamás el justo será conmovido, pero los malos no habitarán la tierra.
31 La boca del justo da frutos de sabiduría, la lengua perversa será cortada.
32 Los labios del justo saben de benevolencia; la boca de los malos, de perversidad.
Reflexión del capítulo 10
Con el capítulo 10 comienzan las colecciones de dichos breves atribuidos a Salomón. Ya no hay discursos largos, sino sentencias encadenadas que comparan al justo con el malvado y muestran, una y otra vez, el poder de las palabras. La boca del justo es manantial de vida (10,11), el amor cubre todas las faltas (10,12), en las muchas palabras no falta pecado (10,19). El trabajo honrado enriquece y la mano indolente empobrece (10,4). El sabio no promete una vida sin problemas, pero sí un orden: el recuerdo del justo sirve de bendición, mientras el nombre de los malos se pudre (10,7). Una frase resume el espíritu del capítulo: la bendición de Yahveh es la que enriquece, y nada le añade el trabajo a que obliga (10,22). Es una sabiduría de lo cotidiano, que se juega en la lengua, en las manos y en la mirada, y que la tradición cristiana ha aplicado desde antiguo al examen de conciencia diario, ese hábito humilde de repasar la jornada ante Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy elige tres momentos para callar: cuando te tienten a criticar, a exagerar o a quejarte sin motivo. Usa esas palabras para algo que dé vida: un agradecimiento, un ánimo, una verdad dicha con caridad. Y haz tu trabajo de hoy con esmero, aunque nadie lo vea, recordando que la bendición de Dios es la que enriquece de verdad.
Oración
Padre, bendice el trabajo de nuestras manos y guarda nuestra lengua. Que nuestra boca sea manantial de vida y que el amor cubra las faltas de quienes nos rodean. Enséñanos a vivir con rectitud y a confiar en tu bendición. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
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