Proverbios
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 915 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 11 de 31Capítulo 11
1 Abominación de Yahveh la balanza falsa, pero el peso justo gana su favor.
2 Detrás de la insolencia viene el insulto; mas con los modosos está la sabiduría.
3 A los rectos su integridad les guía; a los pérfidos les arruina su perversidad.
4 Nada servirán riquezas el día de la ira, mas la justicia libra de la muerte.
5 A los íntregros su justicia les allana el camino, pero el malo cae en su malicia.
6 A los rectos les salva su justicia, los pérfidos en su codicia son atrapados.
7 En la muerte del malo se esfuma su esperanza, la confianza en las riquezas se desvanece.
8 El justo es librado de la angustia, y el malo viene a ocupar su lugar.
9 Con la boca el impío pierde a su vecino, por la ciencia se libran los justos.
10 Con el bien de los justos la ciudad se regocija, con la perdición de los malos grita de alegría.
11 Con la bendición de los rectos, se levanta la ciudad; la boca de los malos la destruye.
12 Quien desprecia a su vecino es un insensato; el hombre discreto se calla.
13 El que anda calumniando descubre secretos, el de espíritu leal oculta las cosas.
14 Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación.
15 El mal se busca quien avala al desconocido, quien no es amigo de chocar la mano está seguro.
16 Mujer graciosa consigue honor, y los audaces consiguen la riqueza.
17 A sí mismo se beneficia el que es compasivo, a sí mismo se perjudica el hombre cruel.
18 El malo consigue un jornal falso; el que siembra justicia, un salario verdadero.
19 Al que establece justicia, la vida, al que obra el mal, la muerte.
20 A los de corazón torcido abomina Yahveh; a los de camino intachable da su favor.
21 De cierto que el malo no quedará impune, mas la raza de los justos quedará a salvo.
22 Anillo de oro en nariz de un puerco, mujer hermosa pero sin gusto.
23 El deseo de los justos es sólo el bien, la esperanza de los malos, la ira.
24 Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.
25 El alma generosa será colmada, y el que sacia a otro la sed, también será saciado.
26 El pueblo maldice al que acapara trigo; bendición para la cabeza del que vende.
27 Quien busca el bien, se procura favor, quien va tras el mal, le saldrá al encuentro.
28 Quien confía en su riqueza, ése caerá, los justos brotarán como follaje.
29 Quien desordena su casa, hereda viento, el insensato será esclavo del sabio.
30 El fruto del justo es un árbol de vida; cautivador de las almas es el sabio.
31 Si el justo recibe su recompensa en la tierra, ¡cuánto más el pecador y el malo!
Reflexión del capítulo 11
El capítulo 11 insiste en la justicia como fundamento de la vida social. Abomina Yahveh la balanza falsa, pero el peso justo gana su favor (11,1): la honradez en los negocios y en las medidas es asunto religioso, no solo comercial. La integridad guía a los rectos, y la justicia libra de la muerte (11,3-4). El sabio habla también de la ciudad: con la bendición de los rectos se levanta, y la boca de los malos la destruye (11,11); donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde (11,14). Pero la página culmina en una promesa sorprendente para el mundo antiguo: el alma generosa será colmada, y el que sacia a otro la sed, también será saciado (11,25). Quien confía en su riqueza caerá, pero los justos brotarán como follaje (11,28). La Iglesia ha visto en estos versículos una prefiguración de la bienaventuranza de los misericordiosos y un criterio para el uso cristiano de los bienes.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy revisa tu relación con el dinero y con las medidas: sé exacto y justo en lo que vendes, compras o repartes, sin aprovecharte de la ignorancia de otros. Busca una ocasión concreta de dar: comparte algo tuyo con quien lo necesita, apoya una obra de caridad o ayuda a alguien con tu tiempo. Y agradece lo que tienes sin confiar tu corazón en ello.
Oración
Señor, tú que amas el peso justo y la mano generosa, danos un corazón honrado y compasivo. Que no pongamos nuestra confianza en las riquezas, sino en ti, y que nuestra generosidad sea reflejo de la tuya. Amén.
Acerca del libro de Proverbios
El libro de los Proverbios pertenece a la literatura sapiencial de Israel y la tradición lo vincula a Salomón, hijo de David, a quien se atribuye el impulso inicial de esta colección; junto a él aparecen otros sabios, como los hombres de Ezequías (25,1), Agur y Lemuel (30-31). No es un tratado sistemático, sino una serie de dichos breves y poéticos que nacen de la experiencia, de la observación de la vida y, sobre todo, de la fe en Yahveh. Su horizonte es la alianza: la sabiduría no es mera astucia humana, sino el arte de vivir en la presencia de Dios. Por eso el estribillo que lo abre y lo recorre: el temor de Yahveh es el principio de la sabiduría (1,7; 9,10). El libro contrapone dos caminos, el del justo y el del malvado, y enseña que la palabra, la lengua, la laboriosidad, la templanza y la fidelidad conyugal tienen consecuencias reales. Su página más luminosa es el capítulo 8, donde la Sabiduría se presenta como presente junto a Dios en la creación, arquitecta y delicia suya. La tradición católica ha leído ese texto a la luz de Cristo, sabiduría de Dios (1 Cor 1,24) y Palabra por quien todo fue hecho. Proverbios invita al creyente a una vida ordenada, prudente y confiada, y alimenta la oración y la catequesis sobre las virtudes. Leído en la Iglesia, no es un simple manual de moral, sino una escuela de discernimiento que conduce a la Sabiduría encarnada.
Compartir
Enlace copiado