II Macabeos

Antiguo Testamento | 15 capítulos | 556 versículos

2 Mac

Capítulo 2

1 Se encuentra en los documentos que el profeta Jeremías mandó a los deportados que tomaran fuego como ya se ha indicado;

2 y cómo el profeta, después de darles la Ley, ordenó a los deportados que no se olvidaran de los preceptos del Señor ni se desviaran en sus pensamientos al ver ídolos de oro y plata y las galas que los envolvían.

3 Entre otras cosas, les exhortaba a no apartar la Ley de sus corazones.

4 Se decía también en el escrito cómo el profeta, después de una revelación, mandó llevar consigo la Tienda y el arca; y cómo salió hacia el monte donde Moisés había subido para contemplar la heredad de Dios.

5 Y cuando llegó Jeremías, encontró una estancia en forma de cueva; allí metió la Tienda, el arca y el altar del incienso, y tapó la entrada.

6 Volvieron algunos de sus acompañantes para marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo.

7 En cuanto Jeremías lo supo, les reprendió diciéndoles: «Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a reunir a su pueblo y le sea propicio.

8 El Señor entonces mostrará todo esto; y aparecerá la gloria del Señor y la Nube, como se mostraba en tiempo de Moisés, cuando Salomón rogó que el Lugar fuera solemnemente consagrado.»

9 Se explicaba también cómo éste, dotado de sabiduría, ofreció el sacrificio de la dedicación y la terminación del Templo.

10 Como Moisés oró al Señor y bajó del cielo fuego, que devoró las ofrendas del sacrificio, así también oró Salomón y bajó fuego que consumió los holocaustos.

11 Moisés había dicho: «La víctima por el pecado ha sido consumida por no haber sido comida.»

12 Salomón celebró igualmente los ocho días de fiesta.

13 Lo mismo se narraba también en los archivos y en las Memorias del tiempo de Nehemías; y cómo éste, para fundar una biblioteca, reunió los libros referentes a los reyes y a los profetas, los de David y las cartas de los reyes acerca de las ofrendas.

14 De igual modo Judas reunió todos los libros dispersos a causa de la guerra que sufrimos, los cuales están en nuestras manos.

15 Por tanto, si tenéis necesidad de ellos, enviad a quienes os los lleven.

16 A punto ya de celebrar la purificación, os escribimos: Bien haréis también en celebrar estos días.

17 El Dios que salvó a todo su pueblo y que a todos otorgó la heredad, el reino, el sacerdocio y la santidad,

18 como había prometido por la Ley, el mismo Dios, como esperamos, se apiadará pronto de nosotros y nos reunirá de todas partes bajo el cielo en el Lugar Santo; pues nos ha sacado de grandes males y ha purificado el Lugar.

19 La historia de Judas Macabeo y de sus hermanos, la purificación del más grande Templo, la dedicación del altar,

20 las guerras contra Antíoco Epífanes y su hijo Eupátor,

21 y las manifestaciones celestiales en favor de los que combatieron viril y gloriosamente por el Judaísmo, de suerte que, aun siendo pocos, saquearon toda la región, ahuyentaron las hordas bárbaras,

22 recuperaron el Templo famoso en todo el mundo, liberaron la ciudad y restablecieron las leyes que estaban a punto de ser abolidas, pues el Señor se mostró propicio hacia ellos con toda benignidad;

23 todo esto, expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, intentaremos nosotros compendiarlo en uno solo.

24 Porque al considerar la marea de números y la dificultad existente, por la amplitud de la materia, para los que quieren sumergirse en los relatos de la historia,

25 nos hemos preocupado por ofrecer algún atractivo a los que desean leer, facilidad a los que gustan retenerlo de memoria, y utilidad a cualquiera que lo lea.

26 Para nosotros, que nos hemos encargado de la fatigosa labor de este resumen, no es fácil la tarea, sino de sudores y desvelos,

27 como tampoco al que prepara un banquete y busca el provecho de los demás le resulta esto cómodo. Sin embargo, esperando la gratitud de muchos, soportamos con gusto esta fatiga,

28 dejando al historiador la tarea de precisar cada suceso y esforzándonos por seguir las normas de un resumen.

29 Pues así como al arquitecto de una casa nueva corresponde la preocupación por la estructura entera; y, en cambio, al encargado de la encáustica y pinturas, el cuidado de lo necesario para la decoración, lo mismo me parece de nosotros:

30 profundizar, revolver las cuestiones y examinar punto por punto corresponde al que compone la historia;

31 pero buscar concisión al exponer y renunciar a tratar el asunto de forma exhaustiva debe concederse al divulgador.

32 Comencemos, por tanto, desde ahora la narración, después de haber abundado tanto en los preliminares; pues sería absurdo abundar en lo que antecede a la historia y ser breve en la historia misma.

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo narra el martirio de Eleazar, anciano escriba de noventa años, obligado a comer carne de cerdo prohibida por la Ley. Su decisión de morir rather than fingir obediencia es uno de los testimonios más luminosos de la Escritura sobre la integridad de conciencia. Eleazar rechaza la complicidad incluso cuando sus propios verdugos le sugieren simular; prefiere entregar la vida real que una vida fingida que traicionaría a los jóvenes. El autor subraya que su muerte es un «modelo de nobleza» y un «monumento de virtud». Aquí descubrimos que la fidelidad no es asunto privado: nuestro testimonio educa o escandaliza a quienes nos miran. Eleazar comprende que Dios conoce los corazones y que fingir para salvar la piel sería una mentira ante el Santo. Su ejemplo anticipa la enseñanza de Cristo sobre no temer a quien mata el cuerpo. La motivación última de Eleazar es la resurrección: él entrega la vida presente confiando en el Dios de los vivos. Contemplar su figura nos interpela sobre las pequeñas complicidades cotidianas con las que a veces compramos aceptación social a costa de la verdad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy una situación en la que, por comodidad o aceptación, dejas de manifestar tu fe o tu convicción moral. Elige una fidelidad pequeña pero real: vivir coherentemente en una conversación difícil, sin fingir. Ofrece esa coherencia por los que sufren persecución por la fe.

Oración

Dios de nuestros padres, que diste a Eleazar la fuerza de morir por tu Ley, concédenos integridad de conciencia y la valentía de no fingir ante el mundo. Que nuestro testimonio sea luz para los jóvenes. Amén.

Acerca del libro de II Macabeos

El libro de II Macabeos, junto con I Macabeos, narra la heroica resistencia del pueblo judío frente a la violenta helenización impulsada por Antíoco IV Epífanes en el siglo II antes de Cristo. A diferencia de I Macabeos, este segundo relato no es una crónica militar continua, sino una obra de carácter más teológico y didáctico, compuesta originariamente en griego por un autor desconocido que resume la obra mayor de Jason de Cirene. La Iglesia Católica venera II Macabeos como parte integrante del canon deuterocanónico, inspirado por el Espíritu Santo, y así lo confirmaron los concilios de Hipona y Cartago y, de modo definitivo, el Concilio de Trento. Su valor no reside solo en los hechos, sino en la luz con la que los interpreta: la fidelidad a la Ley, el poder de la oración, el sacrificio expiatorio por los difuntos y la certeza de la resurrección. El libro sitúa la persecución dentro del designio de Dios, que permite la prueba para purificar a su pueblo, pero nunca lo abandona. Los martirios de Eleazar y de la madre con sus siete hijos, así como las victorias de Judas, muestran que la fuerza verdadera nace de la confianza en el Señor y no de la superioridad militar. Para nosotros hoy, II Macabeos es una invitación a la coherencia de vida: creer en la resurrección comporta vivir con esperanza incluso en el sufrimiento, honrar a quienes nos precedieron en la fe y entender el dolor como ocasión de santificación. Leerlo con oración nos ayuda a descubrir que Dios escribe recto sobre los renglones torcidos de la historia.

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