II Macabeos

Antiguo Testamento | 15 capítulos | 556 versículos

2 Mac

Capítulo 8

1 Judas, llamado también Macabeo, y sus compañeros entraban sigilosamente en los pueblos, llamaban a sus hermanos de raza y acogiendo a los que permanecían fieles al judaísmo, llegaron a reunir 6.000 hombres.

2 Rogaban al Señor que mirase por aquel pueblo que todos conculcaban; que tuviese piedad del santuario profanado por los hombres impíos;

3 que se compadeciese de la ciudad destruida y a punto de ser arrasada, y que escuchase las voces de la sangre que clamaba a él;

4 que se acordase de la inicua matanza de niños inocentes y de las blasfemias proferidas contra su nombre, y que mostrase su odio al mal.

5 Macabeo, con su tropa organizada, fue ya invencible para los gentiles, al haberse cambiado en misericordia la cólera del Señor.

6 Llegando de improviso, incendiaba ciudades y pueblos; después de ocupar las posiciones estratégicas, causaba al enemigo grandes pérdidas.

7 Prefería la noche como aliada para tales incursiones. La fama de su valor se extendía por todas partes.

8 Al ver Filipo que este hombre progesaba paulatinamente y que sus éxitos eran cada día más frecuentes, escribió a Tolomeo, estratega de Celesiria y Fenicia para que viniese en ayuda de los intereses del rey.

9 Este designó enseguida a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus primeros amigos, y le envió al frente de no menos de 20.000 hombres de todas las naciones para exterminar la raza entera de Judea. Puso a su lado a Gorgias, general con experiencia en lides guerreras.

10 Nicanor intentaba, por su parte, saldar con la venta de prisioneros judíos, el tributo de 2.000 talentos que el rey debía a los romanos.

11 Pronto envió a las ciudades marítimas una invitación para que vinieran a comprar esclavos judíos, prometiendo entregar noventa esclavos por un talento sin esperarse el castigo del Todopoderoso que estaba a punto de caer sobre él.

12 Llegó a Judas la noticia de la expedición de Nicanor. Cuando comunicó a los que le acompañaban que el ejército se acercaba,

13 los cobardes y desconfiados de la justicia divina, comenzaron a escaparse y alejarse del lugar;

14 los demás vendían todo lo que les quedaba, y pedían al mismo tiempo al Señor que librara a los que el impío Nicanor tenía vendidos aun ante de haberse enfrentado.

15 Si no por ellos, sí por las alianzas con sus padres y porque invocaban en su favor el venerable y majestuoso Nombre.

16 Después de reunir a los suyos, en número de 6.000, el Macabeo les exhortaba a no dejarse amedrentar por los enemigos y a no temer a la muchedumbre de gentiles que injustamente venían contra ellos, sino a combatir con valor,

17 teniendo a la vista el ultraje que inicuamente habían inferido al Lugar Santo, los suplicios infligidos a la ciudad y la abolición de las instituciones ancestrales.

18 «Ellos, les dijo, confían en sus armas y en su audacia; pero nosotros tenemos nuestra confianza puesta en Dios Todopoderoso, que puede abatir con un gesto a los que vienen contra nosotros y al mundo entero.»

19 Les enumeró los auxilios dispensados a sus antecesores, especialmente frente a Senaquerib, cuando perecieron 185.000,

20 y el recibido en Babilonia, en la batalla contra los gálatas, cuando entraron en acción todos los 8.000 judíos junto a los 4.000 macedonios, y cuando los macedonios se hallaban en apuros, los 8.000 derrotaron a 120.000, gracias al auxilio que les llegó del cielo, y se hicieron con un gran botín.

21 Después de haberlos enardecido con estas palabras y de haberlos dispuesto a morir por las leyes y por la patria, dividió el ejército en cuatro cuerpos.

22 Puso a sus hermanos, Simón, José y Jonatán, al frente de cada cuerpo, dejando a las órdenes de cada uno 1.500 hombres.

23 Además mandó a Esdrías que leyera el libro sagrado; luego, dando como consigna «Auxilio de Dios», él mismo al frente del primer cuerpo trabó combate con Nicanor.

24 Al ponerse el Todopoderoso de su parte en la lucha, dieron muerte a más de 9.000 enemigos, hirieron y mutilaron a la mayor parte del ejército de Nicanor, y a todos los demás los pusieron en fuga.

25 Se apoderaron del dinero de los que habían venido a comprarlos. Después de haberlos perseguido bastante tiempo, se volvieron, obligados por la hora,

26 pues era víspera del sábado, y por esta causa no continuaron en su persecución.

27 Una vez que hubieron amontonado las armas y recogido los despojos de los enemigos, comenzaron la celebración del sábado, desbordándose en bendiciones y alabanzas al Señor que en aquel día les había salvado, estableciendo el comienzo de su misericordia.

28 Al acabar el sábado, dieron una parte del botín a los que habían sufrido la persecución, así como a las viudas y huérfanos; ellos y sus hijos se repartieron el resto.

29 Hecho esto, en rogativa pública rogaron al Señor misericordioso que se reconciliara del todo con sus siervos.

30 En su combate con las tropas de Timoteo y Báquides, mataron a éstos más de 20.000 hombres, se adueñaron por completo de altas fortalezas y dividieron el inmenso botín en partes iguales, una para ellos y otra para los que habían sufrido la persecución, los huérfanos y las viudas, así como para los ancianos.

31 Con todo cuidado reunieron las armas capturadas en lugares convenientes y llevaron a Jerusalén el resto de los despojos.

32 Mataron al filarca de la escolta de Timoteo, hombre muy impío que había causado mucho pesar a los judíos.

33 Mientras celebraban la victoria en su patria, quemaron a los que habían incendiado los portones sagrados, así como a Calístenes, que estaban refugiados en una misma casita, y que recibieron así la merecida paga de su impiedad.

34 Nicanor, tres veces criminal, que había traído a los mil comerciantes para la venta de los judíos,

35 con el auxilio del Señor, quedó humillado por los mismos que él despreciaba como los más viles; despojándose de sus galas, como un fugitivo a campo través, buscando la soledad llegó hasta Antioquía con mucha suerte, después del desastre de su ejército.

36 El que había pretendido saldar el tributo debido a los romanos con la venta de los prisioneros de Jerusalén, proclamaba que los judíos tenían a Alguien que les defendía, y que los judíos eran invulnerables por el hecho de que seguían las leyes prescritas por Aquél.

Reflexión del capítulo 8

El octavo capítulo narra la alianza de Judas con Roma y la muerte de Judas en la batalla de Bat-Zar (Elasa). Tras firmar un tratado con los romanos, considerados entonces una potencia justa y fuerte, Judas se enfrenta a las tropas de Demetrio comandadas por Báquides y Nicanor. Aunque exhortado a huir, Judas elige morir combatiendo por su pueblo: «Lejos de nosotros abandonar la batalla». El autor presenta su muerte no como fracaso, sino como entrega heroica, y el pueblo lo llora como a un libertador. Lo notable es que el libro no oculta la derrota: la fidelidad puede costar la vida, y aun así permanece gloriosa. Judas comprende que la causa de Dios no depende de un solo hombre; su sacrificio consolida la memoria de libertad del pueblo. Este capítulo nos enseña que el valor cristiano no garantiza ausencia de sufrimiento, pero sí sentido eterno. Morir por los hermanos es participar en la lógica pascual de Cristo. La alianza con Roma, además, nos recuerda la prudencia política del creyente, que busca la paz sin traicionar la fe.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy acepta con entereza una cruz pequeña que se te presenta, en lugar de huir de ella. Ofrece algún sacrificio por el bien de otro, imitando a Judas que no abandonó la batalla. Sé fiel aunque cueste.

Oración

Señor, que diste a Judas la valentía de morir por su pueblo, concédenos no abandonar la batalla del bien. Que nuestra entrega, aunque pequeña, tenga sentido en tu Reino. Amén.

Acerca del libro de II Macabeos

El libro de II Macabeos, junto con I Macabeos, narra la heroica resistencia del pueblo judío frente a la violenta helenización impulsada por Antíoco IV Epífanes en el siglo II antes de Cristo. A diferencia de I Macabeos, este segundo relato no es una crónica militar continua, sino una obra de carácter más teológico y didáctico, compuesta originariamente en griego por un autor desconocido que resume la obra mayor de Jason de Cirene. La Iglesia Católica venera II Macabeos como parte integrante del canon deuterocanónico, inspirado por el Espíritu Santo, y así lo confirmaron los concilios de Hipona y Cartago y, de modo definitivo, el Concilio de Trento. Su valor no reside solo en los hechos, sino en la luz con la que los interpreta: la fidelidad a la Ley, el poder de la oración, el sacrificio expiatorio por los difuntos y la certeza de la resurrección. El libro sitúa la persecución dentro del designio de Dios, que permite la prueba para purificar a su pueblo, pero nunca lo abandona. Los martirios de Eleazar y de la madre con sus siete hijos, así como las victorias de Judas, muestran que la fuerza verdadera nace de la confianza en el Señor y no de la superioridad militar. Para nosotros hoy, II Macabeos es una invitación a la coherencia de vida: creer en la resurrección comporta vivir con esperanza incluso en el sufrimiento, honrar a quienes nos precedieron en la fe y entender el dolor como ocasión de santificación. Leerlo con oración nos ayuda a descubrir que Dios escribe recto sobre los renglones torcidos de la historia.

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