Juan

Nuevo Testamento | 21 capítulos | 879 versículos

Jn

Capítulo 12

1 Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.

2 Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

3 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.

4 Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar:

5 «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»

6 Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.

7 Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.

8 Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.»

9 Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.

10 Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,

11 porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

12 Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén,

13 tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡ Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el Rey de Israel!»

14 Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito:

15 No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna.

16 Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él, y que era lo que le habían hecho.

17 La gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro de la tumba y le resucitó de entre los muertos, daba testimonio.

18 Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que él había realizado aquella señal.

19 Entonces los fariseos se dijeron entre sí: «¿Veis cómo no adelantáis nada?, todo el mundo se ha ido tras él.»

20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.

21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.»

22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

23 Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.

24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.

25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.

26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!

28 Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»

29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»

30 Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.

31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.

32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»

33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

34 La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?»

35 Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va.

36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos.

37 Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en él;

38 para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías: Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras? Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló?

39 No podían creer, porque también había dicho Isaías:

40 Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con los ojos, ni comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los sane.

41 Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de él.

42 Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga,

43 porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.

44 Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado;

45 y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado.

46 Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.

47 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.

48 El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día;

49 porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar,

50 y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»

Reflexión del capítulo 12

Seis días antes de la Pascua, María unge los pies de Jesús con perfume costoso y los seca con sus cabellos, gesto de amor que Judas critica por avaricia. Jesús lo acepta como preparación para su sepultura. Al día siguiente, la entrada en Jerusalén es triunfal: la gente extiende ramos y aclama al Rey, aunque con expectativas políticas. Unos griegos desean ver a Jesús, y él anuncia que ha llegado la hora de ser glorificado: el grano de trigo debe morir para dar fruto. Ante la angustia, el Padre responde desde el cielo: 'Lo he glorificado y lo glorificaré'. Jesús anuncia su juicio sobre el mundo y su atracción de todos los hombres. Este capítulo revela que la gloria de Cristo pasa por la cruz, y que el amor verdadero se entrega sin medida. Para nosotros, Juan 12 enseña a desprenderse de lo propio por Cristo, a acoger su realeza humilde y a morir a uno mismo para dar fruto. La unción de María es imagen de la adoración que prepara el corazón para la Pascua. Seguir a Jesús es servirlo, y donde él esté, allí estará su servidor.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy ofrece a Cristo un 'perfume costoso': un sacrificio concreto de tiempo, dinero o comodidad por amor, y síguele en su camino de entrega.

Oración

Señor Jesús, Rey humilde y glorificado, acepta nuestra entrega sin medida. Haznos morir a nosotros mismos para dar fruto en tu Reino. Amén.

Acerca del libro de Juan

El Evangelio según san Juan, redactado hacia el año 90-100 d.C., es el cuarto y más contemplativo de los Evangelios. A diferencia de Mateo, Marcos y Lucas, Juan no ofrece una crónica de infancia ni una lista de parábolas, sino un relato teológico profundo que presenta a Jesús como el Verbo encarnado, el Hijo único del Padre. Su autor, el discípulo amado, escribe para llevar al lector a la fe y a la vida en el nombre de Cristo. En el contexto de las primeras comunidades, enfrentadas a tensiones con el judaísmo y a la maduración de la fe, Juan subraya la divinidad de Jesús y su unidad con el Padre.

Los temas centrales incluyen el Verbo hecho carne, los siete signos, los discursos del Yo soy, el amor mutuo, la verdad y la vida eterna. Juan ocupa un lugar privilegiado en la historia de la salvación porque revela con mayor claridad el misterio trinitario y la gloria de la cruz. Aquí el Calvario es el trono desde el que Cristo atrae a todos los hombres. La obra culmina invitando a cada discípulo a un encuentro personal con el Señor resucitado.

Para leerlo hoy en oración, Juan pide lentitud y silencio. Sus páginas no se agotan en la primera lectura; invitan a detenerse en una sola frase, como hizo la samaritana junto al pozo. Leer a Juan orantemente es dejarse mirar por Cristo y responderle con confianza. Que este Evangelio nos enseñe a creer, a amar y a permanecer en él como el sarmiento en la vid.

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