Juan
Nuevo Testamento | 21 capítulos | 879 versículos
Capítulo 5
1 Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2 Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos.
3 En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua.
4 Porque el Angel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera.
5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?»
7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.»
8 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.»
9 Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día.
10 Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla.»
11 El le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda.»
12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?»
13 Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar.
14 Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.»
15 El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.»
18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis.
21 Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.
22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.
24 En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
26 Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo,
27 y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.
28 No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz
29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.
30 Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
31 «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido.
32 Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
33 Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.
35 El era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.
36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.
37 Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro,
38 ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha enviado.
39 «Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí;
40 y vosotros no queréis venir a mí para tener vida.
41 La gloria no la recibo de los hombres.
42 Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis.
44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
45 No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza.
46 Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí.
47 Pero si no creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?»
Reflexión del capítulo 5
En la piscina de Betesda, Jesús sana a un enfermo que llevaba treinta y ocho años esperando, pidiéndole levantar su lecho en sábado. Los judíos lo acusan de violar la ley, pero Jesús responde: 'Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo trabajo'. Se declara Hijo del Padre, con igual poder para dar vida y juzgar. El capítulo contiene un gran discurso sobre la autoridad del Hijo: quien honra al Padre honra también al Hijo, y quien rechaza al Hijo rechaza al que lo envió. Jesús apela a Juan Bautista, a sus obras y a las Escrituras como testimonio. Este texto revela la igualdad divina de Cristo y la unidad de la voluntad con el Padre. La curación en sábado anuncia que la ley está al servicio de la vida. Para nosotros, Juan 5 enseña a buscar a Cristo en las Escrituras, que dan testimonio de él, y a no reducir la religión a normas sin misericordia. La verdadera libertad es la del hijo de Dios, llamado a obrar el bien siempre, incluso cuando choca con costumbres rígidas.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy haz una obra de misericordia concreta aunque requiera 'romper' una comodidad tuya, y honra al Padre obrando el bien que Él te pide.
Oración
Señor Jesús, Hijo del Padre, sana nuestra paralisis interior y enséñanos a obrar el bien. Que tu voluntad sea una con la del Padre. Amén.
Acerca del libro de Juan
El Evangelio según san Juan, redactado hacia el año 90-100 d.C., es el cuarto y más contemplativo de los Evangelios. A diferencia de Mateo, Marcos y Lucas, Juan no ofrece una crónica de infancia ni una lista de parábolas, sino un relato teológico profundo que presenta a Jesús como el Verbo encarnado, el Hijo único del Padre. Su autor, el discípulo amado, escribe para llevar al lector a la fe y a la vida en el nombre de Cristo. En el contexto de las primeras comunidades, enfrentadas a tensiones con el judaísmo y a la maduración de la fe, Juan subraya la divinidad de Jesús y su unidad con el Padre.
Los temas centrales incluyen el Verbo hecho carne, los siete signos, los discursos del Yo soy, el amor mutuo, la verdad y la vida eterna. Juan ocupa un lugar privilegiado en la historia de la salvación porque revela con mayor claridad el misterio trinitario y la gloria de la cruz. Aquí el Calvario es el trono desde el que Cristo atrae a todos los hombres. La obra culmina invitando a cada discípulo a un encuentro personal con el Señor resucitado.
Para leerlo hoy en oración, Juan pide lentitud y silencio. Sus páginas no se agotan en la primera lectura; invitan a detenerse en una sola frase, como hizo la samaritana junto al pozo. Leer a Juan orantemente es dejarse mirar por Cristo y responderle con confianza. Que este Evangelio nos enseñe a creer, a amar y a permanecer en él como el sarmiento en la vid.
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