Juan
Nuevo Testamento | 21 capítulos | 879 versículos
Capítulo 15
1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
9 Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11 Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15 No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.»
18 «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
19 Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
20 Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán.
21 Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
22 Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
23 El que me odia, odia también a mi Padre.
24 Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
25 Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.
26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.
Reflexión del capítulo 15
Jesús se presenta como la vid verdadera y el Padre como el viñador; los discípulos son los sarmientos que deben permanecer en él para dar fruto. Sin él no pueden hacer nada; el que no permanece es arrojado y se seca. El Padre poda al que da fruto para que dé más. El mandamiento es claro: permanecer en su amor y amarse unos a otros como él los amó, hasta el extremo de dar la vida. Ya no son siervos, sino amigos, porque conocen el designio de Dios. Este capítulo es el gran discurso de la unión con Cristo. La imagen de la vid revela que la vida cristiana no es esfuerzo solitario, sino comunión vital con el Señor. Para nosotros, Juan 15 enseña que la oración fecunda brota de esa permanencia, y que el amor al hermano es la prueba de la unión. La poda dolorosa de las pruebas purifica para mayor fruto. El discípulo amado es amigo de Dios y testimonia su alegría. Permanecer en Cristo es la fuente de toda santidad y de toda misión.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy permanece en Cristo unos minutos en silencio y luego vive un acto concreto de amor al hermano, fruto visible de esa unión.
Oración
Señor, vid verdadera, haz que permanezcamos en ti y demos fruto. Purifícanos con tu amor y danos amarnos unos a otros como Tú nos amaste. Amén.
Acerca del libro de Juan
El Evangelio según san Juan, redactado hacia el año 90-100 d.C., es el cuarto y más contemplativo de los Evangelios. A diferencia de Mateo, Marcos y Lucas, Juan no ofrece una crónica de infancia ni una lista de parábolas, sino un relato teológico profundo que presenta a Jesús como el Verbo encarnado, el Hijo único del Padre. Su autor, el discípulo amado, escribe para llevar al lector a la fe y a la vida en el nombre de Cristo. En el contexto de las primeras comunidades, enfrentadas a tensiones con el judaísmo y a la maduración de la fe, Juan subraya la divinidad de Jesús y su unidad con el Padre.
Los temas centrales incluyen el Verbo hecho carne, los siete signos, los discursos del Yo soy, el amor mutuo, la verdad y la vida eterna. Juan ocupa un lugar privilegiado en la historia de la salvación porque revela con mayor claridad el misterio trinitario y la gloria de la cruz. Aquí el Calvario es el trono desde el que Cristo atrae a todos los hombres. La obra culmina invitando a cada discípulo a un encuentro personal con el Señor resucitado.
Para leerlo hoy en oración, Juan pide lentitud y silencio. Sus páginas no se agotan en la primera lectura; invitan a detenerse en una sola frase, como hizo la samaritana junto al pozo. Leer a Juan orantemente es dejarse mirar por Cristo y responderle con confianza. Que este Evangelio nos enseñe a creer, a amar y a permanecer en él como el sarmiento en la vid.
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