Marcos

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 674 versículos

Mc

Capítulo 12

1 Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.

2 Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.

3 Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.

4 De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.

5 Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.

6 Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: "A mi hijo le respetarán".

7 Pero aquellos labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia."

8 Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

9 ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

10 ¿No habéis leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido;

11 fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»

12 Trataban de detenerle - pero tuvieron miedo a la gente - porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

13 Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra.

14 Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?»

15 Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.»

16 Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.»

17 Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

18 Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaban:

19 «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.

20 Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia;

21 también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo.

22 Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer.

23 En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.»

24 Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios?

25 Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

26 Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?

27 No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error.»

28 Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»

29 Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,

30 y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

31 El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»

32 Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que El es único y que no hay otro fuera de El,

33 y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

34 Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

35 Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?

36 David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

37 El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía con agrado.

38 Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas,

39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;

40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.

41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho.

42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.

43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.

44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Reflexión del capítulo 12

Jesús enfrenta abiertamente a los dirigentes con la parábola de los viñadores homicidas: el dueño envía siervos y finalmente a su hijo amado, que es asesinado. Los oyentes reconocen el veredicto: el Reino se quitará y se dará a otro pueblo. Sigue la trampa sobre el tributo a César: 'dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios', síntesis de la recta relación entre lo político y lo sagrado. Los saduceos, que niegan la resurrección, reciben la lección de que Dios es Dios de vivos, no de muertos. Ante el escriba que pregunta por el mandamiento mayor, Jesús une amar a Dios y al prójimo como un solo precepto, y alaba su respuesta sensata. El capítulo cierra con la viuda pobre que echa dos moneditas: da más que los ricos, porque ofrece todo cuanto tenía para vivir. La generosidad medida por el corazón vale más que la abundancia calculada. El Evangelio invierte la lógica del mundo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy da 'como la viuda': una ofrenda o un servicio que cueste algo real, no lo que te sobra. Además, vive la unidad del doble mandamiento con un acto concreto de amor al prójimo nacido de tu amor a Dios, especialmente con quien no te cae bien. Recuerda que el culto auténtico se mide por la entrega generosa del corazón.

Oración

Dios de vivos, que enseñaste a amarte sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, haz generoso mi corazón. Que mi ofrenda sea signo de entrega total y que mi amor al otro nazca siempre de tu amor. Que tu ley de amor me guíe. Amén.

Acerca del libro de Marcos

El Evangelio según san Marcos es, según la tradición unánime de la Iglesia, la predicación del apóstol Pedro puesta por escrito por Juan Marcos, compañero de Pablo y de Pedro. Redactado hacia el año 65-70 d.C., con toda probabilidad en Roma y dirigido a cristianos de origen pagano, es el más breve y el más antiguo de los cuatro evangelios. Marcos escribe con urgencia y movimiento: la palabra 'en seguida' atraviesa sus páginas, revelando un Mesías que no cesa de actuar. Su contexto es el de una comunidad que sufre persecución, quizá bajo Nerón, y que necesita comprender que el camino del discípulo pasa por la Cruz antes que por la gloria.

Literariamente, Marcos se presenta como un relato teológico, no como una biografía. Subraya el 'secreto mesiánico': Jesús pide silencio sobre su identidad porque su verdadero rostro se revela plenamente en la Cruz y en la Resurrección. Los temas centrales son el Reino de Dios que irrumpe con poder, la autoridad de Jesús sobre el demonio y la enfermedad, y la disciplina costosa del seguimiento. En la historia de la salvación, Marcos cumple las profecías de Isaías: el desierto y la voz que clama en él encuentran en Jesús su plenitud.

Para leerlo hoy de modo orante, conviene recorrerlo como quien camina tras el Maestro: detenerse en cada milagro como signo del amor de Dios, y acoger las preguntas que Jesús dirige a los discípulos como dirigidas a nosotros. La lectura orante nos ayuda a reconocer a Cristo en la debilidad de nuestra fe y a dejarnos transformar por su misericordia. La fe cristiana no es primero una doctrina, sino una persona; por eso Marcos nos introduce de inmediato en el encuentro con Jesús, invitándonos a una conversión que cambia la vida. Al concluir con las apariciones del Resucitado, nos recuerda que la Cruz no es el final, sino la puerta de la esperanza.

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