Marcos

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 674 versículos

Mc

Capítulo 3

1 Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada.

2 Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle.

3 Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.»

4 Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban.

5 Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» El la extendió y quedó restablecida su mano.

6 En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,

8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él.

9 Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran.

10 Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.

11 Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»

12 Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

13 Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él.

14 Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar

15 con poder de expulsar los demonios.

16 Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro;

17 a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno;

18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo

19 y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

20 Vuelve a casa. Se aglomera otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer.

21 Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: «Está fuera de sí.»

22 Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.»

23 El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?

24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.

25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir.

26 Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.

27 Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa.

28 Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean.

29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.»

30 Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo.»

31 Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar.

32 Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.»

33 El les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?»

34 Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.

35 Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Reflexión del capítulo 3

Marcos presenta ahora el creciente contraste entre la compasión de Jesús y la hostilidad de quienes lo observan. En sábado, frente a un hombre de la mano seca, Jesús plantea la pregunta decisiva: ¿es lícito hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla? La curación es acto de justicia y de amor, pero los fariseos ya conspiran con Herodes para matarlo. El capítulo se vuelve solemne cuando Jesús sube a la montaña y elige a los doce, los envía de dos en dos y los constituye apóstoles, fundamentos de la Iglesia. Marcos también recoge la calumnia de los escribas, que atribuyen su poder a Belzebú; Jesús responde con la parábola del reino dividido y advierte sobre el pecado contra el Espíritu Santo, la cerrazón definitiva al perdón. Cierra el pasaje con una enseñanza conmovedora: quien hace la voluntad de Dios es para él madre, hermano y hermana. La verdadera familia de Cristo no se funda en la sangre, sino en la obediencia amorosa.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy si hay en ti actitudes de 'mano seca', esto es, capacidades que no pones al servicio del bien por comodidad o miedo. Haz un acto de voluntad concreto para 'sanar' esa mano al servicio de otro, especialmente de quien no puede devolverte nada. Y recite en algún momento del día el deseo de pertenecer a la verdadera familia de Cristo: los que hacen la voluntad de Dios.

Oración

Jesús, que sanaste la mano seca y elegiste a los doce, hazme miembro fiel de tu familia. Que tu Espíritu desarme mi orgullo y abra mi voluntad al bien, y concédeme no caer en la cerrazón que rechaza el perdón. Que tu gracia obre en mis manos para servir. Amén.

Acerca del libro de Marcos

El Evangelio según san Marcos es, según la tradición unánime de la Iglesia, la predicación del apóstol Pedro puesta por escrito por Juan Marcos, compañero de Pablo y de Pedro. Redactado hacia el año 65-70 d.C., con toda probabilidad en Roma y dirigido a cristianos de origen pagano, es el más breve y el más antiguo de los cuatro evangelios. Marcos escribe con urgencia y movimiento: la palabra 'en seguida' atraviesa sus páginas, revelando un Mesías que no cesa de actuar. Su contexto es el de una comunidad que sufre persecución, quizá bajo Nerón, y que necesita comprender que el camino del discípulo pasa por la Cruz antes que por la gloria.

Literariamente, Marcos se presenta como un relato teológico, no como una biografía. Subraya el 'secreto mesiánico': Jesús pide silencio sobre su identidad porque su verdadero rostro se revela plenamente en la Cruz y en la Resurrección. Los temas centrales son el Reino de Dios que irrumpe con poder, la autoridad de Jesús sobre el demonio y la enfermedad, y la disciplina costosa del seguimiento. En la historia de la salvación, Marcos cumple las profecías de Isaías: el desierto y la voz que clama en él encuentran en Jesús su plenitud.

Para leerlo hoy de modo orante, conviene recorrerlo como quien camina tras el Maestro: detenerse en cada milagro como signo del amor de Dios, y acoger las preguntas que Jesús dirige a los discípulos como dirigidas a nosotros. La lectura orante nos ayuda a reconocer a Cristo en la debilidad de nuestra fe y a dejarnos transformar por su misericordia. La fe cristiana no es primero una doctrina, sino una persona; por eso Marcos nos introduce de inmediato en el encuentro con Jesús, invitándonos a una conversión que cambia la vida. Al concluir con las apariciones del Resucitado, nos recuerda que la Cruz no es el final, sino la puerta de la esperanza.

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