Marcos

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 674 versículos

Mc

Capítulo 2

1 Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa.

2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.

3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.

4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

6 Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:

7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»

8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:

11 "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."»

12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

13 Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.

15 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.

16 Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»

17 Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»

19 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.

20 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor.

22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.

23 Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas.

24 Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»

25 El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,

26 cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»

27 Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.

28 De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo reúne episodios que ponen de relieve la autoridad nueva de Jesús y la libertad del Evangelio frente a las estructuras rígidas. El relato del paralítico bajado por el techo es una de las páginas más queridas de Marcos: la fe de los amigos abre camino donde no lo hay, y Jesús responde primero perdonando los pecados y luego curando el cuerpo. Con ello revela que él es quien tiene potestad en la tierra para perdonar, algo que escandaliza a los escribas. La llamada de Leví, el publicano, muestra que la mesa de Jesús acoge a los pecadores; el banquete con ellos es signo del Reino que no excluye a nadie. Ante la acusación de comer con gente impura, Jesús recuerda que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos, y cita a Oseas: 'misericordia quiero y no sacrificio'. Las discusiones sobre el ayuno y sobre el sábado confirman que el Hijo del hombre es señor también del descanso, pues la ley fue hecha para el hombre y no el hombre para la ley.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy practica una obra de misericordia concreta con alguien que suele quedar al margen de tu atención. Recuerda que el Evangelio crece más en la acogida que en el juicio, y déjate sorprender por la fe sencilla de un 'amigo' que intercede por ti. Además, al terminar el día, examina si has etiquetado a alguien como indigno, y pide perdón a Dios por esa cerrazón del corazón.

Oración

Buen Maestro, que perdonaste al paralítico y comiste con los pecadores, enséñame a preferir siempre la misericordia sobre el sacrificio vacío. Abre mi corazón a los que la ley descarta y hazme instrumento de tu acogida. Que tu palabra sane mi alma como sanó aquel cuerpo. Amén.

Acerca del libro de Marcos

El Evangelio según san Marcos es, según la tradición unánime de la Iglesia, la predicación del apóstol Pedro puesta por escrito por Juan Marcos, compañero de Pablo y de Pedro. Redactado hacia el año 65-70 d.C., con toda probabilidad en Roma y dirigido a cristianos de origen pagano, es el más breve y el más antiguo de los cuatro evangelios. Marcos escribe con urgencia y movimiento: la palabra 'en seguida' atraviesa sus páginas, revelando un Mesías que no cesa de actuar. Su contexto es el de una comunidad que sufre persecución, quizá bajo Nerón, y que necesita comprender que el camino del discípulo pasa por la Cruz antes que por la gloria.

Literariamente, Marcos se presenta como un relato teológico, no como una biografía. Subraya el 'secreto mesiánico': Jesús pide silencio sobre su identidad porque su verdadero rostro se revela plenamente en la Cruz y en la Resurrección. Los temas centrales son el Reino de Dios que irrumpe con poder, la autoridad de Jesús sobre el demonio y la enfermedad, y la disciplina costosa del seguimiento. En la historia de la salvación, Marcos cumple las profecías de Isaías: el desierto y la voz que clama en él encuentran en Jesús su plenitud.

Para leerlo hoy de modo orante, conviene recorrerlo como quien camina tras el Maestro: detenerse en cada milagro como signo del amor de Dios, y acoger las preguntas que Jesús dirige a los discípulos como dirigidas a nosotros. La lectura orante nos ayuda a reconocer a Cristo en la debilidad de nuestra fe y a dejarnos transformar por su misericordia. La fe cristiana no es primero una doctrina, sino una persona; por eso Marcos nos introduce de inmediato en el encuentro con Jesús, invitándonos a una conversión que cambia la vida. Al concluir con las apariciones del Resucitado, nos recuerda que la Cruz no es el final, sino la puerta de la esperanza.

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