Judit
Antiguo Testamento | 16 capítulos | 340 versículos
Capítulo 12
1 Mandó luego que la introdujeran donde tenía su vajilla y ordenó que le sirvieran de sus propios manjares y le dieran a beber de su propio vino.
2 Pero Judit dijo: «No debo comer esto, para que no me sea ocasión de falta. Se me dará de las provisiones que traje conmigo.»
3 Holofernes le dijo: «Cuando se te acaben las cosas que tienes, ¿de dónde podremos traerte otras iguales? Porque no hay nadie de los tuyos con nosotros.»
4 Respondió Judit: «Por tu vida, mi señor; que, antes que tu sierva haya consumido lo que traje, cumplirá el Señor, por mi mano, sus designios.»
5 Los siervos de Holofernes la condujeron a la tienda, y ella durmió hasta media noche. Al acercarse la vigilia de la aurora, se levantó,
6 y envió a decir a Holofernes: «Ordene mi señor que se dé a tu sierva permiso para salir a orar.»
7 Holofernes ordenó a su escolta que no se lo impidieran. Judit permaneció tres días en el campamento. Cada noche se dirigía hacia el barranco de Betulia y se lavaba en la fuente donde estaba el puesto de guardia.
8 A su regreso, suplicaba al Señor, Dios de Israel, que diese buen fin a sus proyectos para exaltación de los hijos de su pueblo.
9 Y, ya purificada, entraba en la tienda y allí permanecía hasta que le traían su comida de la tarde.
10 Al cuarto día, dio Holofernes un banquete exclusivamente para sus oficiales; no invitó a ninguno de los encargados de los servicios.
11 Dijo, pues, a Bagoas, el eunuco que tenía al frente de sus negocios: «Trata de persuadir a esa mujer hebrea que tienes contigo, que venga a comer y beber con nosotros.
12 Sería una vergüenza para nosotros que dejáramos marchar a tal mujer sin habernos entretenido con ella. Si no somos capaces de atraerla, luego hará burla de nosotros.»
13 Salió Bagoas de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y dijo: «Que esta bella esclava no se niegue a venir donde mi señor, para ser honrada en su presencia, para beber vino alegremente con nosotros y ser, en esta ocasión, como una de las hijas de los asirios que viven en el palacio de Nabucodonosor.»
14 Judit le respondió: «¿Quién soy yo para oponerme a mi señor? Haré prontamente todo cuanto le agrade y ello será para mí motivo de gozo mientras viva.»
15 Después se levantó y se engalanó con sus vestidos y todos sus ornatos femeninos. Se adelantó su sierva para extender en tierra, frente a Holofernes, los tapices que había recibido de Bagoas para el uso cotidiano, con el fin de que pudiera tomar la comida reclinada sobre ellos.
16 Entrando luego Judit, se reclinó. El corazón de Holofernes quedó arrebatado por ella, su alma quedó turbada y experimentó un violento deseo de unirse a ella, pues desde el día que la vio, andaba buscando ocasión de seducirla.
17 Díjole Holofernes: «¡Bebe, pues, y comparte la alegría con nosotros!»
18 Judit respondió: «Beberé señor; pues nunca, desde el día en que nací, nunca estimé en tanto mi vida como ahora.»
19 Y comió y bebió, frente a él, sirviéndose de las provisiones que su sierva había preparado.
20 Holofernes, que se hallaba bajo el influjo de su encanto, bebió vino tan copiosamente como jamás había bebido en todos los días de su vida.
Reflexión del capítulo 12
El capítulo duodécimo muestra la disciplina y la entereza de Judit en medio del peligro. Holofernes manda servirle de sus propios manjares y de su vino, pero ella se niega: no debe comer de aquello que podría serle ocasión de falta, y se alimenta de las provisiones que trajo consigo. Es una señal de su fidelidad a la Ley incluso en el corazón del campamento enemigo.
Cada noche, Judit sale hacia el barranco de Betulia, se lava en la fuente y suplica al Señor, Dios de Israel, que dé buen fin a sus proyectos. Después, ya purificada, vuelve a la tienda. Su vida de oración sostiene su misión: la valentía de Judit no nace de su astucia, sino de su trato constante con Dios.
Al cuarto día, Holofernes ofrece un banquete solo para sus oficiales y ordena a Bagoas, el eunuco que administra sus negocios, que persuada a Judit de venir. Ella acepta y se engalana. El corazón de Holofernes queda arrebatado por ella, y bebe vino tan copiosamente como jamás lo había hecho. El narrador prepara así el desenlace: el poderoso que se cree dueño de la situación queda a merced de su propia pasión y de su embriaguez, mientras la mujer humilde permanece dueña de sí misma y fiel a Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Judit se cuida incluso en los detalles: no come lo que podría hacerle flaquear y mantiene su oración cada noche. Hoy elige una «pequeña disciplina» que te proteja: evitar una conversación, un lugar o un contenido que te aleje de Dios. Y sostén tu oración diaria, aunque estés en medio de ocupaciones y tensiones, porque ella es la raíz de tu fortaleza.
Oración
Señor, Dios de Israel: enséñame la disciplina de Judit, que supo cuidar su corazón en medio del peligro. Sostén mi oración diaria y dame la fuerza de evitar lo que me hace flaquear, para permanecer fiel a ti. Amén.
Acerca del libro de Judit
El libro de Judit, escrito originariamente en griego y recibido por la Iglesia católica como parte del Antiguo Testamento, narra cómo una viuda piadosa de Betulia salva a su pueblo de la amenaza del ejército asirio de Nabucodonosor y de su general Holofernes. Su ambientación histórica presenta anacronismos deliberados —Nabucodonosor es llamado rey de los asirios en Nínive—, lo que indica que no es una crónica sino un relato edificante, una parábola teológica sobre la acción salvadora de Dios.
La figura central es Judit, cuyo nombre significa «la judía»: bella, rica y viuda, pero sobre todo «con un gran temor de Dios». Su historia es un relato de fe, valentía y confianza en el Señor en medio de la angustia extrema. Cuando la ciudad sitiada se muere de sed y sus jefes se comprometen a entregarla en cinco días, Judit se levanta para recordarles que no se pone a prueba a Dios, y se ofrece como instrumento para librar a su pueblo.
Los temas centrales son la defensa de los humildes por parte de Dios, la fuerza de la oración, la castidad y la fidelidad a la Ley, el contraste entre la soberbia de los poderosos y la confianza de los pequeños, y la salvación que Dios realiza «por mano de mujer».
Para la fe católica, Judit es figura de María: el libro la llama «bendita entre las mujeres» y la alaba como la que salvó a Israel. La Iglesia la lee como signo de la victoria de la humildad sobre la soberbia y de la fidelidad de Dios a su alianza.
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