Judit

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 340 versículos

Jdt

Capítulo 6

1 Calmado el tumulto provocado por los hombres que estaban en torno al Consejo. Holofernes, jefe supremo del ejército de Asiria, dijo a Ajior delante de todos los pueblos extranjeros y de los moabitas:

2 «¿Quién eres tú, Ajior, y quiénes los mercenarios de Ammón, que te permites hoy lanzar profecías entre nosotros y nos aconsejas que no luchemos contra esta ralea de Israel, porque su Dios los cubrirá con su escudo? ¿Qué otro dios hay fuera de Nabucodonosor? Este enviará su fuerza y los aniquilará de sobre la faz de la tierra, sin que su Dios pueda librarlos.

3 Nosotros, sus siervos, los batiremos como si fueran sólo un hombre,

4 y no podrán resistir el empuje de nuestros caballos. Los pasaremos a fuego sin distinción. Sus montes se embriagarán de su sangre y sus llanuras se colmarán con sus cadáveres. No podrán mantenerse a pie firme ante nosotros y serán totalmente destruidos, dice el rey Nabucodonosor, Señor de toda la tierra. Porque lo ha dicho y no quedarán sin cumplimiento sus palabras.

5 Cuanto a ti, Ajior, mercenario ammonita, que has dicho estas palabras el día de tu iniquidad, a partir de ahora no verás ya mi rostro hasta el día en que tome venganza de esa ralea venida de Egipto.

6 Entonces, el hierro de mis soldados y la lanza de mis servidores te atravesará los costados y caerás junto a sus heridos, cuando yo me revuelva contra ellos.

7 Mis servidores te van a llevar a la montaña y te van a dejar en una de las ciudades que están en las subidas.

8 No perecerás sino cuando seas aniquilado justo con ellos.

9 Y no muestres un rostro tan abatido ya que en tu corazón esperas que no serán conquistados. Así lo digo y no dejará de cumplirse ni una sola de mis palabras.»

10 Holofernes ordenó a los servidores que estaban al servicio de su tienda que tomasen a Ajior, lo llevasen a Betulia y lo entregasen en manos de los israelitas.

11 Los servidores le agarraron y le condujeron fuera del campamento, a la llanura; y de la llanura abierta pasaron a la región montañosa, alcanzando las fuentes que había al pie de Betulia.

12 Cuando los hombres de la ciudad los divisaron desde la cumbre del monte, corrieron a las armas y salieron fuera de la ciudad, a la cumbre del monte, mientras los honderos dominaban la subida y disparaban sus piedras contra ellos.

13 Entonces los asirios se deslizaron al pie del monte, ataron a Ajior, lo dejaron tendido en la falda y se volvieron donde su señor.

14 Los israelitas bajaron de su ciudad, se acercaron y desatándole le llevaron a Betulia y le presentaron a los jefes de la ciudad,

15 que en aquel tiempo eran Ozías, hijo de Miqueas, de la tribu de Simeón, Jabrís, hijo de Gotoniel, y Jarmís, hijo de Melkiel.

16 Estos mandaron convocar a todos los ancianos de la ciudad. Se unieron también a la asamblea todos lo jóvenes y las mujeres; pusieron a Ajior en medio de todo el pueblo y Ozías le interrogó acerca de los sucedido.

17 Ajior respondió narrándoles las deliberaciones habidas en el Consejo de Holofernes, todas las cosas que él mismo había dicho delante de todos los jefes de los asirios y las bravatas que Holofernes había proferido contra la casa de Israel.

18 Entonces el pueblo se postró, adoró a Dios y clamó:

19 «Señor, Dios del cielo, mira su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza y mira con piedad el rostro de los que te están consagrados».

20 Después dieron ánimos a Ajior y le felicitaron calurosamente,

21 y a la salida de la asamblea, Ozías le condujo a su propia casa y ofreció un banquete a los ancianos. Y estuvieron invocando la ayuda del Dios de Israel durante toda la noche.

Reflexión del capítulo 6

El capítulo sexto pone frente a frente dos concepciones de la vida. Holofernes, irritado por las palabras de Ajior, lanza su desafío blasfemo: «¿Qué otro dios hay fuera de Nabucodonosor?». Es la pretensión totalitaria del poder que se arroga el lugar de Dios y promete aniquilar a quien se le resista. Y ordena entregar a Ajior a los israelitas, como si lo condenara a compartir su destino.

Los servidores llevan a Ajior hasta las cercanías de Betulia y lo dejan atado en la falda del monte. Los hombres de la ciudad bajan, lo desatan y lo conducen ante los jefes Ozías, Jabrís y Jarmís, que convocan a los ancianos, a los jóvenes y a las mujeres. Ajior les narra las deliberaciones del consejo enemigo y las bravatas de Holofernes contra la casa de Israel.

La reacción del pueblo es hermosa: se postran, adoran a Dios y claman: «Señor, Dios del cielo, mira su soberbia, compadécete de la humillación de nuestra raza». Después dan ánimos a Ajior, le felicitan y Ozías le ofrece un banquete. Y toda la noche invocan la ayuda del Dios de Israel. En medio de la amenaza, la comunidad elige acoger al extranjero que ha dicho la verdad y poner su confianza en Dios, no en sus propias fuerzas.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dos gestos de este capítulo merecen imitarse: acoger a quien dice la verdad y orar en comunidad. Hoy fíjate en alguien a quien el entorno ha dejado de lado por decir algo justo, y acércate a él con respeto. Y antes de dormir, dedica un momento a orar —solo o con los tuyos— por las dificultades que parecen insuperables, confiando en el Dios que ve la soberbia y escucha al humilde.

Oración

Señor, Dios del cielo, que miras la soberbia de los poderosos y te compadeces de los humildes: enséñame a acoger a quien dice la verdad y a confiar en ti. Escucha el clamor de tu pueblo y no lo abandones. Amén.

Acerca del libro de Judit

El libro de Judit, escrito originariamente en griego y recibido por la Iglesia católica como parte del Antiguo Testamento, narra cómo una viuda piadosa de Betulia salva a su pueblo de la amenaza del ejército asirio de Nabucodonosor y de su general Holofernes. Su ambientación histórica presenta anacronismos deliberados —Nabucodonosor es llamado rey de los asirios en Nínive—, lo que indica que no es una crónica sino un relato edificante, una parábola teológica sobre la acción salvadora de Dios.

La figura central es Judit, cuyo nombre significa «la judía»: bella, rica y viuda, pero sobre todo «con un gran temor de Dios». Su historia es un relato de fe, valentía y confianza en el Señor en medio de la angustia extrema. Cuando la ciudad sitiada se muere de sed y sus jefes se comprometen a entregarla en cinco días, Judit se levanta para recordarles que no se pone a prueba a Dios, y se ofrece como instrumento para librar a su pueblo.

Los temas centrales son la defensa de los humildes por parte de Dios, la fuerza de la oración, la castidad y la fidelidad a la Ley, el contraste entre la soberbia de los poderosos y la confianza de los pequeños, y la salvación que Dios realiza «por mano de mujer».

Para la fe católica, Judit es figura de María: el libro la llama «bendita entre las mujeres» y la alaba como la que salvó a Israel. La Iglesia la lee como signo de la victoria de la humildad sobre la soberbia y de la fidelidad de Dios a su alianza.

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