Judit
Antiguo Testamento | 16 capítulos | 340 versículos
Capítulo 13
1 Cuando se hizo tarde, sus oficiales se apresusaron a retirarse y Bagoas cerró la tienda por el exterior, después de haber apartado de la presencia de su señor a los que todavía quedaban; y todos se fueron a dormir, fatigados por el exceso de bebida;
2 quedaron en la tienda tan sólo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino.
3 Judit había mandado a su sierva que se quedara fuera de su dormitorio y esperase a que saliera, como los demás días. Porque, en efecto, ella había dicho que saldría para hacer su oración y en este mismo sentido había hablado a Bagoas.
4 Todos se habían retirado; nadie, ni grande ni pequeño, quedó en el dormitorio. Judit, puesta de pie junto al lecho, dijo en su corazón: «¡Oh Señor, Dios de toda fuerza! Pon los ojos, en esta hora, a la empresa de mis manos para exaltación de Jerusalén.
5 Es la ocasión de esforzarse por tu heredad y hacer que mis decisiones sean la ruina de los enemigos que se alzan contra nosotros.»
6 Avanzó, después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes, tomó de allí su cimitarra,
7 y acercándose al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos y dijo: «¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!»
8 Y, con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la cabeza.
9 Después hizo rodar el tronco fuera del lecho, arrancó las colgaduras de las columnas y saliendo entregó la cabeza de Holofernes a su sierva,
10 que la metió en la alforja de las provisiones. Luego salieron las dos juntos a hacer la oración, como de ordinario, atravesaron el campemento, contornearon el barranco, subieron por el monte de Betulia y se presentaron ante las puertas de la ciudad.
11 Judit gritó desde lejos a los centinelas de las puertas: «¡Abrid, abrid la puerta! El Señor, nuestro Dios, está con nosotros para hacer todavía hazañas en Israel y mostrar su poder contra nuestros enemigos, como lo ha hecho hoy mismo.»
12 Cuando los hombres de la ciudad oyeron su voz, se apresuraron a bajar a la puerta y llamaron a los ancianos.
13 Acudieron todos corriendo, desde el más grande al más chico, porque no tenían esperanza de que ella volviera; abrieron, pues, la puerta, las recibieron, y encendiendo una hoguera para que se pudiera ver, hicieron corro en torno a ellas.
14 Judit, con fuerte voz, les dijo: «¡Alabad a Dios, alabadle! Alabad a Dios, que no ha apartado su misericordia de la casa de Israel, sino que esta noche ha destrozado a nuestros enemigos por mi mano.»
15 Y sacando de la alforja la cabeza, se la mostró, diciéndoles: «Mirad la cabeza de Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, y mirad las colgaduras bajo las cuales se acostaba en su borracheras. ¡El Señor le ha herido por mano de mujer!
16 ¡Vive el Señor!, el que me ha guardado en el camino que emprendí, que fue seducido, para perdición suya, por mi rostro, pero no ha cometido conmigo ningún pecado que me manche o me deshonre.»
17 Todo el pueblo quedó lleno de estupor y postrándose adoraron a Dios y dijeron a una: «¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado el día de hoy a los enemigos de tu pueblo!»
18 Ozías dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos.
19 Jamás tu confianza faltará en el corazón de los hombres que recordarán la fuerza de Dios eternamente.
20 Que Dios te conceda, para exaltación perpetua, el ser favorecida con todos los bienes, porque no vacilaste en exponer tu vida a causa de la humillación de nuestra raza. Detuviste nuestra ruina procediendo rectamente ante nuestro Dios.» Todo el pueblo respondió: «¡Amén, amén!»
Reflexión del capítulo 13
El capítulo decimotercero es el corazón del libro. Caída la noche, los oficiales se retiran y Bagoas cierra la tienda. Quedan solos Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando vino. Entonces Judit, de pie junto al lecho, ora en su corazón: «¡Oh Señor, Dios de toda fuerza! Pon los ojos, en esta hora, en la empresa de mis manos». No actúa por impulso, sino en diálogo con Dios.
Toma la cimitarra de Holofernes, agarra su cabeza por los cabellos y exclama: «¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!». Con todas sus fuerzas le descarga dos golpes y le corta la cabeza. Después hace rodar el tronco, arranca las colgaduras y entrega la cabeza a su sierva, que la mete en la alforja de las provisiones. Las dos salen como de costumbre, atraviesan el campamento, suben al monte y llegan a las puertas de Betulia.
Judit llama a los centinelas y muestra la cabeza: «El Señor le ha herido por mano de mujer». Y añade que no cometió con ella ningún pecado que la manche. Todo el pueblo queda estupefacto, adora a Dios y prorrumpe en alabanzas. Ozías la bendice con palabras que la liturgia aplicará después a María: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra!».
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Judit no actúa por cuenta propia: ora antes, durante y después. Hoy, antes de tomar una decisión importante o de enfrentar un conflicto, detente a orar y a examinar tus intenciones. Pregúntate si buscas la gloria de Dios y el bien de los demás, o tu propio interés. Y después de actuar, vuelve a dar gracias, sin atribuirte el mérito.
Oración
Señor, Dios de toda fuerza: pon los ojos en la obra de mis manos y dame fortaleza en el momento oportuno. Que actúe siempre desde la oración y busque tu gloria, no la mía, y que tú recibas todo el honor. Amén.
Acerca del libro de Judit
El libro de Judit, escrito originariamente en griego y recibido por la Iglesia católica como parte del Antiguo Testamento, narra cómo una viuda piadosa de Betulia salva a su pueblo de la amenaza del ejército asirio de Nabucodonosor y de su general Holofernes. Su ambientación histórica presenta anacronismos deliberados —Nabucodonosor es llamado rey de los asirios en Nínive—, lo que indica que no es una crónica sino un relato edificante, una parábola teológica sobre la acción salvadora de Dios.
La figura central es Judit, cuyo nombre significa «la judía»: bella, rica y viuda, pero sobre todo «con un gran temor de Dios». Su historia es un relato de fe, valentía y confianza en el Señor en medio de la angustia extrema. Cuando la ciudad sitiada se muere de sed y sus jefes se comprometen a entregarla en cinco días, Judit se levanta para recordarles que no se pone a prueba a Dios, y se ofrece como instrumento para librar a su pueblo.
Los temas centrales son la defensa de los humildes por parte de Dios, la fuerza de la oración, la castidad y la fidelidad a la Ley, el contraste entre la soberbia de los poderosos y la confianza de los pequeños, y la salvación que Dios realiza «por mano de mujer».
Para la fe católica, Judit es figura de María: el libro la llama «bendita entre las mujeres» y la alaba como la que salvó a Israel. La Iglesia la lee como signo de la victoria de la humildad sobre la soberbia y de la fidelidad de Dios a su alianza.
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