Judit

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 340 versículos

Jdt

Capítulo 2

1 El año dieciocho, el día veintidós del primer mes, se celebró consejo en el palacio de Nabucodonosor, rey de Asiria, en orden a la venganza que había de tomarse a toda aquella tierra, tal como lo había anunciado.

2 Convocó a todos sus ministros y a todos sus magnates y expuso ante ellos su secreto designio, decidiendo con su propia boca la total desgracia de aquella tierra.

3 Y ellos sentenciaron que debía ser destruida toda carne que no había escuchado las palabras de su boca.

4 Acabado el consejo, Nabucodonosor, rey de Asiria, llamó a Holofernes, jefe supremo del ejército y segundo suyo, y le dijo:

5 «Así dice el gran rey, señor de toda la tierra: Parte de junto a mí. Toma contigo hombres de valor probado, unos 120.000 infantes y una gran cantidad de caballos, con 12.000 jinetes;

6 marcha contra toda la tierra de occidente, pues no escucharon las palabras de mi boca.

7 Ordénales que pongan a tu disposición tierra y agua, porque partiré airado contra ellos y cubriré toda la superficie de la tierra con los pies de mis soldados, a los que entregaré el país como botín.

8 Sus heridos llenarán sus barrancos; sus ríos y torrentes, repletos todos de cadáveres, se desbordarán;

9 y los deportaré hasta los confines de la tierra.

10 Parte, pues, y comienza por apoderarte de su territorio. Si se rinden a ti, resérvamelos para el día de su vergüenza.

11 Pero que no perdone tu ojo a los rebeldes. Entrégalos a la muerte y al saqueo en todo el país conquistado.

12 Porque, por mi vida y por el poderío de mi reino, como lo he dicho, lo cumpliré por mi propia mano.

13 Por tu parte, no traspases ni una sola de las órdenes de tu señor; las cumplirás estrictamente, sin tardanza, tal como te lo he mandado.»

14 En saliendo Holofernes de la presencia de su señor, convocó a todos los príncipes, jefes y capitanes del ejército asirio,

15 y eligió a los hombres más selectos para la guerra, como lo había ordenado su señor: unos 120.000 hombres, más 12.000 arqueros a caballo,

16 y los puso en orden de combate, como se ordena una multitud para la batalla.

17 Tomó una gran cantidad de camellos, asnos y mulas para el bagage e incontable número de ovejas, bueyes y cabras para el avituallamiento;

18 provisiones abundantes para cada hombre y muchísimo oro y plata de la casa real.

19 Se puso luego Holofernes en camino con todo su ejército para preceder al rey Nabucodonosor y para cubrir toda la superficie de la tierra de occidente con sus carros, sus caballos y sus mejores infantes.

20 Se les agregó una multitud tan numerosa como la langosta y como la arena de la tierra, que les seguía en tan gran número que no se podía calcular.

21 Se alejaron de Nínive tres jornadas de camino hasta la llanura de Bektilez, y acamparon junto a Bektilez, cerca del monte que está a la izquierda de la Cilicia superior.

22 Tomó todo su ejército, infantes, jinetes y carros, y partió de allí hacia la montaña.

23 Desbarató a Put y Lud, devastó a todos los hijos de Rassis y a los hijos de Ismael que están al borde del desierto, al sur de Jeleón,

24 atravesó el Eufrates, recorrió Mesopotamia, arrasó todas las ciudades altas que dominan el torrente Abroná y llegó hasta el mar.

25 Se apoderó del territorio de Cilicia y, derrotando a cuantos se le oponían, alcanzó la frontera de Jafet por el sur, frente a Arabia.

26 Cercó a todos los madianitas, incendió sus tiendas y saqueó sus aduares;

27 descendió hacia la llanura de Damasco, al tiempo de la siega del trigo, incendió todos sus cultivos, exterminó sus rebaños de ovejas y bueyes, saqueó sus ciudades, devastó sus campos y pasó a cuchillo a todos sus jóvenes.

28 Temor y espanto de él cayó sobre todos los habitantes del litoral. Los de Sidón y Tiro, los habitantes de Sur y Okina, los de Yamnia, Azoto y Ascalón temblaron ante él.

Reflexión del capítulo 2

El capítulo segundo describe la ejecución del plan vengativo del rey. En consejo, Nabucodonosor decide la ruina total de las naciones que no escucharon su palabra, y confía la misión a Holofernes, jefe supremo del ejército y segundo suyo. Le entrega un ejército descomunal: ciento veinte mil infantes y doce mil jinetes, con camellos, provisiones abundantes y muchísimo oro y plata de la casa real.

La orden es implacable: someter a toda la tierra de occidente, exigir sumisión incondicional y no perdonar a los rebeldes. El narrador insiste en la magnitud de la fuerza: una multitud «tan numerosa como la langosta y como la arena de la tierra». Holofernes avanza arrasando cuanto encuentra: desbarata a Put y Lud, devasta a los hijos de Rassis y de Ismael, atraviesa el Éufrates y Mesopotamia, incendia los cultivos de Damasco y pasa a cuchillo a sus jóvenes.

El capítulo termina con el efecto que produce tanta violencia: «temor y espanto» caen sobre todos los habitantes del litoral; Sidón, Tiro, Ascalón y otras ciudades tiemblan ante él. Todo parece ceder al poder del imperio. El relato prepara así la tensión del libro: cuanto mayor es la amenaza, más brillará la intervención de Dios a favor de los pequeños.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

La violencia y el miedo suelen avanzar juntos. Hoy no alimentes esa dinámica: no difundas noticias alarmantes ni te dejes dominar por el miedo a quien grita más fuerte. Elige un ámbito donde la fuerza bruta parezca imponerse —una discusión familiar, un ambiente laboral— y responde con calma y firmeza, sin entrar en su juego. Y si hoy sientes miedo, dile a Dios «Tú eres mi refugio» antes de reaccionar.

Oración

Señor, refugio de los que temen: cuando la violencia y la amenaza crezcan a mi alrededor, no permitas que el miedo gobierne mi corazón. Enséñame a permanecer sereno, sabiendo que tú sostienes a los que confían en ti. Amén.

Acerca del libro de Judit

El libro de Judit, escrito originariamente en griego y recibido por la Iglesia católica como parte del Antiguo Testamento, narra cómo una viuda piadosa de Betulia salva a su pueblo de la amenaza del ejército asirio de Nabucodonosor y de su general Holofernes. Su ambientación histórica presenta anacronismos deliberados —Nabucodonosor es llamado rey de los asirios en Nínive—, lo que indica que no es una crónica sino un relato edificante, una parábola teológica sobre la acción salvadora de Dios.

La figura central es Judit, cuyo nombre significa «la judía»: bella, rica y viuda, pero sobre todo «con un gran temor de Dios». Su historia es un relato de fe, valentía y confianza en el Señor en medio de la angustia extrema. Cuando la ciudad sitiada se muere de sed y sus jefes se comprometen a entregarla en cinco días, Judit se levanta para recordarles que no se pone a prueba a Dios, y se ofrece como instrumento para librar a su pueblo.

Los temas centrales son la defensa de los humildes por parte de Dios, la fuerza de la oración, la castidad y la fidelidad a la Ley, el contraste entre la soberbia de los poderosos y la confianza de los pequeños, y la salvación que Dios realiza «por mano de mujer».

Para la fe católica, Judit es figura de María: el libro la llama «bendita entre las mujeres» y la alaba como la que salvó a Israel. La Iglesia la lee como signo de la victoria de la humildad sobre la soberbia y de la fidelidad de Dios a su alianza.

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