Hebreos

Nuevo Testamento | 13 capítulos | 303 versículos

Heb

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Capítulo 11 de 13

Capítulo 11

1 La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven.

2 Por ella fueron alabados nuestros mayores.

3 Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece.

4 Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que Caín, por ella fue declarado justo, con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas; y por ella, aun muerto, habla todavía.

5 Por la fe, Henoc fue trasladado, de modo que no vio la muerte y no se le halló, porque le trasladó Dios. Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor testimonio de haber agradado a Dios.

6 Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.

7 Por la fe, Noé, advertido por Dios de lo que aún no se veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.

8 Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba.

9 Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas.

10 Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11 Por la fe, también Sara recibió, aun fuera de la edad apropiada, vigor para ser madre, pues tuvo como digno de fe al que se lo prometía.

12 Por lo cual también de uno solo y ya gastado nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como las arenas de las orillas del mar.

13 En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra.

14 Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria;

15 pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella.

16 Más bien aspiran a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad...

17 Por la fe, Abraham, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda, y el que había recibido las promesas, ofrecía a su unigénito ,

18 respecto del cual se le había dicho: Por Isaac tendrás descendencia.

19 Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura.

20 Por la fe, bendijo Isaac a Jacob y Esaú en orden al futuro.

21 Por la fe, Jacob, moribundo, bendijo a cada uno de los hijos de José, y se inclinó apoyado en la cabeza de su bastón.

22 Por la fe, José, moribundo, evocó el éxodo de los hijos de Israel, y dio órdenes respecto de sus huesos.

23 Por la fe, Moisés, recién nacido, fue durante tres meses ocultado por sus padres, pues vieron que el niño era hermoso y no temieron el edicto del rey.

24 Por la fe, Moisés, ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija de Faraón,

25 prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar el efímero goce del pecado,

26 estimando como riqueza mayor que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo, porque tenía los ojos puestos en la recompensa.

27 Por la fe, salió de Egipto sin temer la ira del rey; se mantuvo firme como si viera al invisible.

28 Por la fe, celebró la Pascua e hizo la aspersión de sangre para que el Exterminador no tocase a los primogénitos de Israel.

29 Por la fe, atravesaron el mar Rojo como por una tierra seca; mientras que los egipcios intentando lo mismo, fueron tragados.

30 Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días.

31 Por la fe, la ramera Rajab no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores.

32 Y ¿a qué continuar? Pues me faltaría el tiempo si hubiera de hablar sobre Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas.

33 Estos, por la fe, sometieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones;

34 apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, curaron de sus infermedades, fueron valientes en la guerra, rechazando ejércitos extranjeros;

35 las mujeres recobraban resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor;

36 otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones;

37 apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de pieles de oveja y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados,

38 ¡hombres de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cavernas y antros de la tierra.

39 Y todos ellos, aunque alabados por su fe, no consiguieron el objeto de las promesas.

40 Dios tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no llegaran ellos sin nosotros a la perfección.

Reflexión del capítulo 11

El capítulo 11 es la página más famosa de Hebreos y una de las más hermosas de toda la Escritura. Comienza con una definición que se ha repetido durante veinte siglos: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven». No es credulidad, sino confianza fundada; no es salto en el vacío, sino apoyo en alguien.

Después desfila una galería de testigos: Abel, Henoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés, Rajab, Gedeón, Sansón, David, Samuel y los profetas. De cada uno se destaca un gesto concreto. Abraham salió «sin saber a dónde iba»; Sara concibió fuera de la edad apropiada; Moisés prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios antes que disfrutar del goce efímero del pecado. La fe siempre se traduce en un paso que se da.

El autor no oculta el precio. Habla de burlas, cadenas, prisiones, apedreados, aserrados, errantes por desiertos y cavernas, «hombres de los que no era digno el mundo». Y añade la clave: todos murieron sin conseguir el objeto de las promesas, porque Dios tenía dispuesto algo mejor para nosotros. La fe sostiene la vida entera mirando hacia delante.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Elige un testigo de este capítulo y aplicate su gesto. Si te cuesta confiar, imita a Abraham y da un paso sin ver el final: acepta ese trabajo, inicia ese diálogo. Si te acomoda el bienestar, imita a Moisés y renuncia a una comodidad concreta por fidelidad. Y cuando te canses, recuerda que la fe no es sentir, sino sostenerse en quien ha prometido.

Oración

Señor, tú que alabaste la fe de nuestros mayores, aumenta la mía. Dame la valentía de salir sin saber a dónde, de preferir tu pueblo a mis comodidades y de sostener la esperanza hasta el fin. Amén.

Acerca del libro de Hebreos

La carta a los Hebreos es uno de los escritos más densos y hermosos del Nuevo Testamento. No lleva el nombre de su autor, y ya en la antigüedad se discutió quién la escribió: Orígenes llegó a decir que solo Dios lo sabía. La tradición la ha vinculado a san Pablo, y la Iglesia la ha conservado en el canon como palabra inspirada. Su forma literaria no es exactamente una carta, sino una homilía —el propio autor la llama «palabra de exhortación»— dirigida a cristianos de origen judío que, cansados y perseguidos, estaban tentados de volver atrás.

El problema que afronta es la tentación de la apostasía. Para responderla, el autor desarrolla una comparación sostenida: Cristo es superior a los ángeles, a Moisés, a Aarón y a todo el sacerdocio levítico. No se trata de despreciar el Antiguo Testamento, sino de mostrar que en Jesús las promesas han alcanzado su cumplimiento. Los sacrificios antiguos debían repetirse porque no podían quitar el pecado; el de Cristo, ofrecido una vez para siempre, sí. Por eso habla de una esperanza mejor, una alianza mejor, promesas mejores.

Su página más conocida es el capítulo 11, el gran catálogo de la fe, que recorre la historia de los creyentes desde Abel hasta los macabeos. La conclusión es práctica: si semejante nube de testigos nos rodea, corramos con perseverancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús.

Para la fe católica, Hebreos fundamenta la doctrina del sacerdocio de Cristo y de la Eucaristía como sacrificio de la nueva alianza, y sostiene la liturgia de la Iglesia con sus palabras sobre el trono de gracia y el acceso confiado a Dios.

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