Hebreos
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 303 versículos
Capítulo 13
1 Permaneced en el amor fraterno.
2 No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles.
3 Acordaos de los presos, como si estuvierais con ellos encarcelados, y de los maltratados, pensando que también vosotros tenéis un cuerpo.
4 Tened todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal sea inmaculado; que a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.
5 Sea vuestra conducta sin avaricia; contentos con lo que tenéis, pues él ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré;
6 de modo que podamos decir confiados: El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?
7 Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imitad su fe.
8 Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre.
9 No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino.
10 Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda.
11 Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el Sumo Sacerdote al santuario para la expiación del pecado, son quemados fuera del campamento.
12 Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta.
13 Así pues, salgamos donde él fuera del campamento, cargando con su oprobio;
14 que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro.
15 Ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre.
16 No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.
17 Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y no lamentándose, cosa que no os traería ventaja alguna.
18 Rogad por nosotros, pues estamos seguros de tener recta conciencia, deseosos de proceder en todo con rectitud.
19 Con la mayor insistencia os pido que lo hagáis, para que muy pronto os sea yo devuelto.
20 Y el Dios de la paz que suscitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de la ovejas en virtud de la sangre de una Alianza eterna,
21 os disponga con toda clase de bienes para cumplir su voluntad, realizando él en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por mediación de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
22 Os ruego, hermanos, que aceptéis estas palabras de exhortación, pues os he escrito brevemente.
23 Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene pronto, iré con él a veros.
24 Saludad a todos vuestros dirigentes y a todos los santos. Os saludan los de Italia.
25 La gracia sea con vosotros.
Reflexión del capítulo 13
El último capítulo convierte la doctrina en vida cotidiana. Es una serie de exhortaciones breves y concretas: que permanezca el amor fraterno; que no se olvide la hospitalidad, porque algunos hospedaron ángeles sin saberlo; que se recuerde a los presos y a los maltratados; que el matrimonio sea honrado; que la conducta esté libre de avaricia, contentos con lo que se tiene, porque Dios ha dicho: «No te dejaré ni te abandonaré».
Después viene una de las frases más consoladoras de la carta: «Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre». En un mundo cambiante, él es el punto fijo. Y el autor pide imitar la fe de los dirigentes que anunciaron la Palabra, mirando el final de su vida.
La parte más original es la invitación a salir «fuera del campamento», cargando con el oprobio de Cristo. En la Ley, los animales sacrificados por el pecado se quemaban fuera del campamento; Jesús también padeció fuera de la puerta. El discípulo está llamado a acompañarlo allí, donde están los excluidos, sabiendo que no tenemos aquí ciudad permanente. Y el sacrificio que Dios quiere es concreto: alabanza, hacer el bien y compartir.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Haz hoy un gesto «fuera del campamento»: visita a alguien que está solo o enfermo, escribe a un preso, ayuda a una familia que pasa dificultades, o acoge en tu mesa a quien nadie invita. La carta dice que ésos son los sacrificios que agradan a Dios. Y acompáñalo con una palabra de alabanza, aunque el día no sea fácil: el fruto de los labios que celebran su nombre.
Oración
Dios de la paz, que suscitaste de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas, dispón mi corazón para cumplir tu voluntad. Dame contentamiento, hospitalidad y valentía para seguir a Jesús también fuera del campamento. Amén.
Acerca del libro de Hebreos
La carta a los Hebreos es uno de los escritos más densos y hermosos del Nuevo Testamento. No lleva el nombre de su autor, y ya en la antigüedad se discutió quién la escribió: Orígenes llegó a decir que solo Dios lo sabía. La tradición la ha vinculado a san Pablo, y la Iglesia la ha conservado en el canon como palabra inspirada. Su forma literaria no es exactamente una carta, sino una homilía —el propio autor la llama «palabra de exhortación»— dirigida a cristianos de origen judío que, cansados y perseguidos, estaban tentados de volver atrás.
El problema que afronta es la tentación de la apostasía. Para responderla, el autor desarrolla una comparación sostenida: Cristo es superior a los ángeles, a Moisés, a Aarón y a todo el sacerdocio levítico. No se trata de despreciar el Antiguo Testamento, sino de mostrar que en Jesús las promesas han alcanzado su cumplimiento. Los sacrificios antiguos debían repetirse porque no podían quitar el pecado; el de Cristo, ofrecido una vez para siempre, sí. Por eso habla de una esperanza mejor, una alianza mejor, promesas mejores.
Su página más conocida es el capítulo 11, el gran catálogo de la fe, que recorre la historia de los creyentes desde Abel hasta los macabeos. La conclusión es práctica: si semejante nube de testigos nos rodea, corramos con perseverancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús.
Para la fe católica, Hebreos fundamenta la doctrina del sacerdocio de Cristo y de la Eucaristía como sacrificio de la nueva alianza, y sostiene la liturgia de la Iglesia con sus palabras sobre el trono de gracia y el acceso confiado a Dios.
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