I Corintios

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos

1 Cor

Capítulo 10

1 No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar;

2 y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar;

3 y todos comieron el mismo alimento espiritual;

4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo.

5 Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

6 Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron.

7 No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: «Sentóse el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse.»

8 Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día.

9 Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes.

10 Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.

11 Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos.

12 Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.

13 No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito.

14 Por eso, queridos, huid de la idolatría.

15 Os hablo como a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo.

16 La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?

17 Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.

18 Fijaos en el Israel según la carne. Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar?

19 ¿Qué digo, pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo?

20 Pero si lo que inmolan los gentiles, ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! Y yo no quiero que entréis en comunion con los demonios.

21 No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios.

22 ¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?

23 «Todo es lícito», mas no todo es conveniente. «Todo es lícito», mas no todo edifica.

24 Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás.

25 Comed todo lo que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia;

26 pues del Señor es la tierra y todo cuanto contiene.

27 Si un infiel os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de conciencia.

28 Mas si alguien os dice: «Esto ha sido ofrecido en sacrificio», no lo comáis, a causa del que lo advirtió y por motivos de conciencia.

29 No me refiero a tu conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la libertad de mi conciencia por una conciencia ajena?

30 Si yo tomo algo dando gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo dando gracias?

31 Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.

32 No deis escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios;

33 lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría, para que se salven.

Reflexión del capítulo 10

Pablo recuerda a los corintios la historia del Éxodo como advertencia: los padres pasaron por el mar, fueron bautizados en Moisés, comieron el mismo alimento y bebieron de la roca espiritual que era Cristo; pero muchos no agradaron a Dios y quedaron tendidos en el desierto. Aquello sucedió en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal ni caigamos en idolatría, fornicación o murmuración. Y de ahí brota una promesa consoladora: Dios es fiel y no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas, pues con la tentación da también la manera de resistirla. Luego, al hablar de la Eucaristía, afirma que la copa de bendición es comunión con la sangre de Cristo y el pan partido, comunión con su cuerpo; por eso no se puede beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. Todo es lícito, pero no todo conviene ni edifica: hacedlo todo para gloria de Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Ante una tentación concreta de hoy, recuerda que Dios te da siempre una salida: identifícala y tómala. Y antes de comulgar, examina tu corazón, para que tu sí a la mesa del Señor sea un sí completo y no compartido con otros ídolos.

Oración

Señor, tú eres fiel y no me dejas solo en la tentación. Dame fuerza para huir de la idolatría y para comulgar con un corazón entero, haciendo todo para tu gloria. Amén.

Acerca del libro de I Corintios

La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.

Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.

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