Romanos
Nuevo Testamento | 16 capítulos | 431 versículos
Capítulo 1
1 Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios,
2 que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas,
3 acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne,
4 constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro,
5 por quien recibimos la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles,
6 entre los cuales os contáis también vosotros, llamados de Jesucristo,
7 a todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
8 Ante todo, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo, por todos vosotros, pues vuestra fe es alabada en todo el mundo.
9 Porque Dios, a quien venero en mi espíritu predicando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de cuán incesantemente me acuerdo de vosotros,
10 rogandole siempre en mis oraciones, si es de su voluntad, encuentre por fin algún día ocasión favorable de llegarme hasta vosotros,
11 pues ansío veros, a fin de comunicaros algún don espiritual que os fortalezca,
12 o más bien, para sentir entre vosotros el mutuo consuelo de la común fe: la vuestra y la mía.
13 Pues no quiero que ignoréis, hermanos, las muchas veces que me propuse ir a vosotros - pero hasta el presente me he visto impedido - con la intención de recoger también entre vosotros algún fruto, al igual que entre los demás gentiles.
14 Me debo a los griegos y a los barbaros; a los sabios y a los ignorantes:
15 de ahí mi ansia por llevaros el Evangelio también a vosotros, habitantes de Roma.
16 Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego.
17 Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.
18 En efecto, la cólera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia;
19 pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó.
20 Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables;
21 porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció:
22 jactándose de sabios se volvieron estúpidos,
23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.
24 Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos;
25 a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
26 Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza;
27 igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.
28 Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene:
29 llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad, chismosos,
30 detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,
31 insensatos, desleales, desamorados, despiadados,
32 los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.
Reflexión del capítulo 1
El capítulo primero es la gran introducción de la carta y, a la vez, el diagnóstico de la humanidad sin Dios. Pablo se presenta como «siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación» y anuncia un Evangelio que no inventó: Dios lo había prometido por medio de los profetas, y su centro es Jesús, nacido del linaje de David según la carne y constituido Hijo de Dios con poder por su resurrección. La fe de los cristianos de Roma ya es conocida en todo el mundo. De su Evangelio afirma con valentía que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree.
De ahí pasa a la parte oscura del capítulo. La cólera de Dios se revela contra quienes aprisionan la verdad en la injusticia, porque lo invisible de Dios —su poder eterno y su divinidad— se deja ver a la inteligencia a través de las criaturas. El hombre, sin embargo, conociendo a Dios, no le dio gloria ni gracias: cambió la gloria del Dios incorruptible por representaciones de hombres, aves y reptiles. Es la raíz de toda idolatría.
Y de esa raíz brota el desorden: entregados a sus apetencias, los hombres deshonraron sus cuerpos, su corazón se entenebreció y llenaron su vida de injusticia, envidia y engaño. El capítulo no es un catálogo de condenación, sino una llamada a reconocer la verdad: la creación habla de Dios y nuestra libertad es responsable ante él.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Reconoce hoy a Dios en lo creado: detente a contemplar algo bello —el cielo, un rostro, un árbol— y dale gracias en voz alta, como quien responde a una palabra que se le ha dicho. Y examina qué «ídolos» modernos —el dinero, la propia imagen, la comodidad— han ocupado en tu corazón el lugar que solo Dios merece. Pide la gracia de devolverle la gloria que le corresponde.
Oración
Señor, que no aprisione tu verdad en la injusticia ni cambie tu gloria por cosas pequeñas. Abre mis ojos para verte en tus obras, darte gracias cada día y no avergonzarme nunca de tu Evangelio. Amén.
Acerca del libro de Romanos
La carta a los Romanos es la exposición más completa y sistemática del Evangelio que nos dejó san Pablo. La escribió hacia el año 57, probablemente desde Corinto, al final de su tercer viaje misionero, y la dirigió a la comunidad cristiana de Roma, una Iglesia que no había fundado y a la que deseaba visitar camino de España. Se trata, por tanto, de una carta de presentación y de un testamento teológico: Pablo quiere dejar por escrito el corazón de su predicación antes de emprender nuevas rutas.
El tema central es la justicia de Dios, es decir, la salvación que Dios ofrece gratuitamente en Cristo, acogida por la fe y no por las obras de la ley. Pablo recorre un camino riguroso: todos los hombres, judíos y gentiles, están bajo el pecado; nadie se salva por sus propias fuerzas; pero Dios ha manifestado su justicia en la muerte y resurrección de Jesús, y quien cree en él es justificado. Desde ahí desarrolla la vida nueva del bautizado, la liberación del pecado, la acción del Espíritu Santo, el misterio de Israel y la moral cristiana.
Para la fe católica, Romanos es una fuente inagotable: el bautismo como muerte y resurrección con Cristo (capítulo 6), la vida en el Espíritu y la filiación divina (capítulo 8), la presentación del cuerpo como víctima viva (capítulo 12), la caridad como plenitud de la ley (capítulo 13). Y en el centro de todo, Cristo: el nuevo Adán que repara la desobediencia del primero, el Hijo de Dios resucitado de quien nada ni nadie puede separarnos.
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