Romanos
Nuevo Testamento | 16 capítulos | 431 versículos
Capítulo 3
1 ¿Cuál es, pues, la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad de la circuncisión?
2 Grande, de todas maneras. Ante todo, a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios.
3 Pues ¿qué? Si algunos de ellos fueron infieles ¿frustrará, por ventura, su infidelidad la fidelidad de Dios?
4 ¡De ningún modo! Dios tiene que ser veraz y todo hombre mentiroso, como dice la Escritura: Para que seas justificado en tus palabras y triunfes al ser juzgado.
5 Pero si nuestra injusticia realza la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será acaso injusto Dios al descargar su cólera? (Hablo en términos humanos.)
6 ¡De ningún modo! Si no, ¿cómo juzgará Dios al mundo?
7 Pero si con mi mentira sale ganando la verdad de Dios para gloria suya ¿por qué razón soy también yo todavía juzgado como pecador?
8 Y ¿por qué no hacer el mal para que venga el bien, como algunos calumniosamente nos acusan que decimos? Esos tales tienen merecida su condenación.
9 Entonces ¿qué? ¿Llevamos ventaja? ¡De ningún modo!
10 Pues ya demostramos que tanto judíos como griegos están bajo el pecado, como dice la Escritura: No hay quien sea justo, ni siquiera uno solo.
11 No hay un sensato, no hay quien busque a Dios.
12 Todos se desviaron, a una se corrompieron; no hay quien obre el bien, no hay siquiera uno.
13 Sepulcro abierto es su garganta, con su lengua urden engaños. Veneno de áspides bajo sus labios;
14 maldición y amargura rebosa su boca.
15 Ligeros sus pies para derramar sangre;
16 ruina y miseria son sus caminos.
17 El camino de la paz no lo conocieron,
18 no hay temor de Dios ante sus ojos.
19 Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley lo dice para los que están bajo la ley, para que toda boca enmudezca y el mundo entero se reconozca reo ante Dios,
20 ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado.
21 Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas,
22 justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen - pues no hay diferencia alguna;
23 todos pecaron y están privados de la gloria de Dios -
24 y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús,
25 a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente,
26 en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del que cree en Jesús.
27 ¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse? Queda eliminado.!? Por qué ley? ¿Por la de las obras? No. Por la ley de la fe.
28 Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.
29 ¿Acaso Dios lo es únicamente de los judíos y no también de los gentiles? ¡Sí, por cierto!, también de los gentiles;
30 porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de la fe.
31 Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? ¡De ningún modo! Más bien, la consolidamos.
Reflexión del capítulo 3
El capítulo tercero responde a la objeción: si judíos y gentiles están igualmente bajo el pecado, ¿de qué sirvió la elección de Israel? Pablo no relativiza el don: a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios, y la infidelidad humana no frustra la fidelidad divina. Pero su conclusión es tajante y universal: todos, judíos y griegos, están bajo el pecado; no hay quien sea justo, ni uno solo; nadie será justificado por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado.
Entonces aparece el gran «pero ahora» que ilumina toda la carta. Independientemente de la ley, atestiguada por la ley y los profetas, se ha manifestado la justicia de Dios: justicia por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús. El vocabulario es de rescate: Dios lo puso como instrumento de propiciación por su sangre, para mostrar su justicia y ser, a la vez, justo y justificador del que cree en Jesús.
Con esto queda eliminado todo motivo de jactancia: la salvación es gracia, no logro propio. Y lejos de anular la ley, la fe la consolida, porque lleva a su cumplimiento pleno en Cristo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Renuncia hoy a toda jactancia religiosa: no eres mejor por cumplir, sino amado por gracia. Da gracias en concreto por la redención de Cristo, y trata a los demás con la misma misericordia con que Dios te ha tratado a ti. Si algo bueno haces, reconócelo como don recibido y no como mérito propio. Y hazlo hoy con alguien concreto, sin esperar nada a cambio.
Oración
Señor, tú eres justo y justificas al que cree: gracias por salvarme gratuitamente en Cristo. Que nunca me gloríe en mí mismo, sino solo en tu cruz y en tu misericordia, y que mi vida entera sea acción de gracias. Amén.
Acerca del libro de Romanos
La carta a los Romanos es la exposición más completa y sistemática del Evangelio que nos dejó san Pablo. La escribió hacia el año 57, probablemente desde Corinto, al final de su tercer viaje misionero, y la dirigió a la comunidad cristiana de Roma, una Iglesia que no había fundado y a la que deseaba visitar camino de España. Se trata, por tanto, de una carta de presentación y de un testamento teológico: Pablo quiere dejar por escrito el corazón de su predicación antes de emprender nuevas rutas.
El tema central es la justicia de Dios, es decir, la salvación que Dios ofrece gratuitamente en Cristo, acogida por la fe y no por las obras de la ley. Pablo recorre un camino riguroso: todos los hombres, judíos y gentiles, están bajo el pecado; nadie se salva por sus propias fuerzas; pero Dios ha manifestado su justicia en la muerte y resurrección de Jesús, y quien cree en él es justificado. Desde ahí desarrolla la vida nueva del bautizado, la liberación del pecado, la acción del Espíritu Santo, el misterio de Israel y la moral cristiana.
Para la fe católica, Romanos es una fuente inagotable: el bautismo como muerte y resurrección con Cristo (capítulo 6), la vida en el Espíritu y la filiación divina (capítulo 8), la presentación del cuerpo como víctima viva (capítulo 12), la caridad como plenitud de la ley (capítulo 13). Y en el centro de todo, Cristo: el nuevo Adán que repara la desobediencia del primero, el Hijo de Dios resucitado de quien nada ni nadie puede separarnos.
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