Romanos

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 431 versículos

Rm

Capítulo 10

1 Hermanos, el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de ellos es que se salven.

2 Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.

3 Pues desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.

4 Porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente.

5 En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: Quien la cumpla, vivirá por ella.

6 Mas la justicia que viene de la fe dice así: No digas en tu corazón ¿quién subirá al cielo?, es decir: para hacer bajar a Cristo;

7 o bien: ¿quién bajará al abismo?, es decir: para hacer subir a Cristo de entre los muertos.

8 Entonces, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros proclamamos.

9 Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.

10 Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación.

11 Porque dice la Escritura: Todo el que crea en él no será confundido.

12 Que no hay distinción entre judío y griego, pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que le invocan.

13 Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

14 Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?

15 Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien!

16 Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a nuestra predicación?

17 Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo.

18 Y pregunto yo: ¿Es que no han oído? ¡Cierto que sí! Por toda la tierra se ha difundido su voz y hasta los confines de la tierra sus palabras.

19 Pero pregunto: ¿Es que Israel no comprendió? Moisés es el primero en decir: Os volveré celosos de una que no es nación; contra una nación estúpida os enfureceré.

20 Isaías, a su vez, se atreve a decir: Fui hallado de quienes no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mi.

21 Mas a Israel dice: Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo incrédulo y rebelde.

Reflexión del capítulo 10

El capítulo décimo es una oración y un programa misionero. Pablo confiesa que el anhelo de su corazón es que sus hermanos se salven, y reconoce que tienen celo de Dios, aunque no conforme a un pleno conocimiento. Buscan establecer su propia justicia en lugar de someterse a la de Dios. Y entonces pronuncia una frase que resume la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente.

La justicia que viene de la fe no exige hazañas imposibles ni viajes al cielo o al abismo: la palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón. Basta confesar con la boca que Jesús es Señor y creer en el corazón que Dios lo resucitó. Con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. Y no hay distinción entre judío y griego: todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Pero esa invocación supone una cadena que Pablo describe con preguntas encadenadas: ¿cómo invocarán sin creer?, ¿cómo creerán sin oír?, ¿cómo oirán sin quien predique?, ¿cómo predicarán si no son enviados? De ahí la afirmación central: la fe viene de la predicación. Y la alabanza final: «¡cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien!».

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy puedes ser el eslabón que faltaba en la cadena: habla de Jesús con naturalidad a una persona que no lo conoce, sin discursos, contando sencillamente lo que él ha hecho en tu vida. Y reza por los misioneros, catequistas y sacerdotes que anuncian el Evangelio donde nadie lo ha oído todavía. Ofrece tu trabajo y tu descanso por ellos.

Oración

Señor, la fe viene de la predicación: envía obreros a tu mies y hazme testigo valiente y humilde. Que mi boca confiese lo que mi corazón cree, para que otros puedan invocar tu nombre y salvarse. Amén.

Acerca del libro de Romanos

La carta a los Romanos es la exposición más completa y sistemática del Evangelio que nos dejó san Pablo. La escribió hacia el año 57, probablemente desde Corinto, al final de su tercer viaje misionero, y la dirigió a la comunidad cristiana de Roma, una Iglesia que no había fundado y a la que deseaba visitar camino de España. Se trata, por tanto, de una carta de presentación y de un testamento teológico: Pablo quiere dejar por escrito el corazón de su predicación antes de emprender nuevas rutas.

El tema central es la justicia de Dios, es decir, la salvación que Dios ofrece gratuitamente en Cristo, acogida por la fe y no por las obras de la ley. Pablo recorre un camino riguroso: todos los hombres, judíos y gentiles, están bajo el pecado; nadie se salva por sus propias fuerzas; pero Dios ha manifestado su justicia en la muerte y resurrección de Jesús, y quien cree en él es justificado. Desde ahí desarrolla la vida nueva del bautizado, la liberación del pecado, la acción del Espíritu Santo, el misterio de Israel y la moral cristiana.

Para la fe católica, Romanos es una fuente inagotable: el bautismo como muerte y resurrección con Cristo (capítulo 6), la vida en el Espíritu y la filiación divina (capítulo 8), la presentación del cuerpo como víctima viva (capítulo 12), la caridad como plenitud de la ley (capítulo 13). Y en el centro de todo, Cristo: el nuevo Adán que repara la desobediencia del primero, el Hijo de Dios resucitado de quien nada ni nadie puede separarnos.

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