Romanos

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 431 versículos

Rm

Capítulo 12

1 Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual.

2 Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.

3 En virtud de la gracia que me fue dada, os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene; tened más bien una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual.

4 Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función,

5 así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros.

6 Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe;

7 si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando;

8 la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad.

9 Vuestra caridad sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien;

10 amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros;

11 con un celo sin negligencia; con esp1ritu fervoroso; sirviendo al Señor;

12 con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;

13 compartiendo las necesitades de los santos; practicando la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis.

15 Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran.

16 Tened un mismo sentir los unos para con los otros; sin complaceros en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no os complazcáis en vuestra propia sabiduria.

17 Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hobres:

18 en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres;

19 no tomando la justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues dice la Escritura: Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor.

20 Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza.

21 No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.

Reflexión del capítulo 12

El capítulo duodécimo marca el giro de la carta: después de exponer la salvación, Pablo pasa a la vida concreta. Y lo hace con una imagen sacrificial tomada del culto: ofreced vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios. Ya no se trata de ofrecer animales muertos, sino la propia existencia entera, y ese es el culto espiritual del cristiano. Junto a esto viene una exhortación que define la vida cristiana en el mundo: no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para poder discernir la voluntad de Dios.

El capítulo describe después la comunidad como un cuerpo con muchos miembros y dones diferentes: profecía, ministerio, enseñanza, exhortación, generosidad, presidencia, misericordia. Ninguno es dueño de todo, y ninguno es inútil. De ahí brota una serie de mandatos breves y luminosos: caridad sin fingimiento, amarse cordialmente, estimar a los otros, servir con fervor, alegrarse en la esperanza, ser constantes en la tribulación, perseverar en la oración, compartir con los santos y practicar la hospitalidad.

La última parte es quizá la más exigente: bendecir a los que persiguen, alegrarse con quien se alegra y llorar con quien llora, no devolver mal por mal, dejar a Dios la venganza, dar de comer al enemigo hambriento. Y la sentencia final: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien».

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Elige hoy una persona con la que estés enfrentado o distanciado y hazle un bien concreto, aunque no lo merezca: una ayuda, una palabra amable, un favor pequeño. Vence así el mal con el bien, sin esperar reciprocidad ni reconocimiento, y deja a Dios el juicio. Empieza por quien tienes más cerca y más te cuesta amar; el bien pequeño de hoy vale más que un gran propósito mañana.

Oración

Señor, haz de mi vida entera una víctima viva y agradable a ti. Renueva mi mente, no me dejes acomodarme al mundo y enséñame a vencer el mal con el bien, bendiciendo a quien me hace daño. Amén.

Acerca del libro de Romanos

La carta a los Romanos es la exposición más completa y sistemática del Evangelio que nos dejó san Pablo. La escribió hacia el año 57, probablemente desde Corinto, al final de su tercer viaje misionero, y la dirigió a la comunidad cristiana de Roma, una Iglesia que no había fundado y a la que deseaba visitar camino de España. Se trata, por tanto, de una carta de presentación y de un testamento teológico: Pablo quiere dejar por escrito el corazón de su predicación antes de emprender nuevas rutas.

El tema central es la justicia de Dios, es decir, la salvación que Dios ofrece gratuitamente en Cristo, acogida por la fe y no por las obras de la ley. Pablo recorre un camino riguroso: todos los hombres, judíos y gentiles, están bajo el pecado; nadie se salva por sus propias fuerzas; pero Dios ha manifestado su justicia en la muerte y resurrección de Jesús, y quien cree en él es justificado. Desde ahí desarrolla la vida nueva del bautizado, la liberación del pecado, la acción del Espíritu Santo, el misterio de Israel y la moral cristiana.

Para la fe católica, Romanos es una fuente inagotable: el bautismo como muerte y resurrección con Cristo (capítulo 6), la vida en el Espíritu y la filiación divina (capítulo 8), la presentación del cuerpo como víctima viva (capítulo 12), la caridad como plenitud de la ley (capítulo 13). Y en el centro de todo, Cristo: el nuevo Adán que repara la desobediencia del primero, el Hijo de Dios resucitado de quien nada ni nadie puede separarnos.

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