I Corintios

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos

1 Cor

Capítulo 14

1 Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía.

2 Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios. En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.

3 Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.

4 El que habla en lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.

5 Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación.

6 Y ahora, hermanos, supongamos que yo vaya donde vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué os aprovecharía yo, si mi palabra no os trajese ni revelación ni ciencia ni profecía ni enseñanza?

7 Así sucede con los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la cítara?

8 Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?

9 Así también vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.

10 Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje.

11 Mas si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí.

12 Así pues, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea.

13 Por tanto, el que habla en lengua, pida el don de interpretar.

14 Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.

15 Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente.

16 Porque si no bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?

17 ¡Cierto!, tu acción de gracias es excelente; pero el otro no se edifica.

18 Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros;

19 pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua.

20 Hermanos, no seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.

21 Está escrito en la Ley: Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.

22 Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.

23 Si, pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?

24 Por el contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por todos.

25 Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra, adorará a Dios confesando que Dios está verdaderamente entre vosotros.

26 ¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación.

27 Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un interprete.

28 Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios.

29 En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.

30 Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.

31 Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.

32 Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas,

33 pues Dios no es un Dios de confusión, sino de paz. Como en todas la Iglesias de los santos,

34 las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.

35 Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea.

36 ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios? O ¿solamente a vosotros ha llegado?

37 Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor.

38 Si no lo conoce, tampoco él es conocido.

39 Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas.

40 Pero hágase todo con decoro y orden.

Reflexión del capítulo 14

Pablo ordena la búsqueda de los dones: hay que aspirar a la caridad y, entre los carismas, especialmente a la profecía, porque quien profetiza edifica, exhorta y consuela a la asamblea, mientras quien habla en lenguas sin intérprete se edifica solo a sí mismo. Con ejemplos tomados de la música —la flauta, la cítara, la trompeta que debe dar un sonido claro para preparar la batalla— insiste en que nada aprovecha si no se entiende. Por eso pide orar con el espíritu pero también con la mente, y cantar de igual modo, para que el que escucha pueda decir amén. En la asamblea prefiere cinco palabras inteligibles que diez mil en lengua. Recuerda que las lenguas son señal para los no creyentes, pero la profecía para los creyentes, pues puede descubrir los secretos del corazón y llevar a un infiel a postrarse y adorar a Dios. Y todo, concluye, debe hacerse con decoro y orden, porque Dios no es un Dios de confusión, sino de paz.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando ores o sirvas en tu comunidad, busca que los demás entiendan y se edifiquen, no que te luzcas. Hoy prepara con esmero una lectura, una oración o una palabra de aliento, para que sea clara y ayude de verdad a quien la reciba.

Oración

Señor, Dios de paz y no de confusión: ordena mis dones y mis palabras para edificar a tu pueblo. Que busque el bien de los demás y no mi propio lucimiento. Amén.

Acerca del libro de I Corintios

La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.

Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.

Compartir

Enlace copiado