I Corintios
Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos
Capítulo 12
1 En cuanto a los dones espírituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia.
2 Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos.
3 Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo.
4 Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
5 diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo;
6 diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos.
7 A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común,
8 Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;
10 a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.
11 Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad.
12 Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
14 Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.
15 Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?
16 Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?
17 Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde el olfato?
18 Ahora bien, Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad.
19 Si todo fuera un solo miembro ¿dónde quedaría el cuerpo?
20 Ahora bien, muchos son los miembros, mas uno el cuerpo.
21 Y no puede el ojo decir a la mano: «¡No te necesito!» Ni la cabeza a los pies: «¡No os necesito!»
22 Más bien los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables.
23 Y a los que nos parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así a nuestras partes deshonestas las vestimos con mayor honestidad.
24 Pues nuestras partes honestas no lo necesitan. Dios ha formado el cuerpo dando más honor a los miembros que carecían de él,
25 para que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo mismo los unos de los otros.
26 Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo.
27 Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte.
28 Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas.
29 ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros?
30 ¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 ¡Aspirad a los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente.
Reflexión del capítulo 12
Pablo enseña que los carismas son muchos, pero el Espíritu es uno: diversidad de dones, de ministerios y de operaciones, pero un mismo Dios que obra en todos. Nadie puede decir Jesús es Señor sino con el Espíritu Santo. Y cada uno recibe la manifestación del Espíritu para provecho común: a unos, sabiduría o ciencia; a otros, fe, curaciones, milagros, profecía, discernimiento, lenguas o interpretación, repartidos según la voluntad del Espíritu. Para explicarlo, usa la imagen del cuerpo: muchos miembros, pero un solo cuerpo, y así es Cristo. El pie no deja de ser del cuerpo por no ser mano, ni el oído por no ser ojo. Más aún, los miembros que parecen más débiles son indispensables, y Dios ha dispuesto que todos se preocupen unos de otros: si un miembro sufre, todos sufren; si uno es honrado, todos se alegran. Y la conclusión es una identidad: ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Descubre hoy tu carisma: ¿en qué sirves con naturalidad a los demás? Ofrécelo conscientemente a tu comunidad, aunque parezca pequeño. Y alegra de verdad el éxito de otro, viviendo la comunión del Cuerpo de Cristo.
Oración
Espíritu Santo, que repartes tus dones como quieres: muéstrame el mío y úsame para el bien común. Que sienta como mío el dolor y el gozo de mis hermanos. Amén.
Acerca del libro de I Corintios
La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.
Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.
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