I Corintios

Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos

1 Cor

Capítulo 5

1 Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre.

2 Y ¡vosotros andáis tan hinchados! Y no habéis hecho más bien duelo para que fuera expulsado de entre vosotros el autor de semejante acción.

3 Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya, como si me hallara presente, al que así obró:

4 que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro,

5 sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor.

6 ¡No es como para gloriaros! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?

7 Puruficaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado.

8 Así que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.

9 Al escribiros en mi carta que no os relacionarais con los impuros,

10 no me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idólatras. De ser así, tendriais que salir del mundo.

11 ¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho o ladrón. Con ésos ¡ni comer!

12 Pues ¿por que voy a juzgar yo a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis?

13 A los de fuera Dios los juzgará. ¡Arrojad de entre vosotros al malvado!

Reflexión del capítulo 5

Pablo enfrenta un caso grave: en la comunidad se tolera una inmoralidad que ni los paganos admiten, un hombre que vive con la mujer de su padre, y encima los corintios se sienten orgullosos. El apóstol reacciona con firmeza: no se puede dejar fermentar el mal, porque un poco de levadura fermenta toda la masa. Su lenguaje es severo, pero su intención es la salvación del pecador y la pureza de la comunidad. Y entonces ofrece una de las imágenes más hermosas de la carta: Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; por eso hemos de celebrar la fiesta con ázimos de pureza y verdad, no con la vieja levadura de la malicia. Aclara que no se refiere a apartarse de los pecadores del mundo —sería imposible—, sino a no convivir con quien se llama hermano y vive en el pecado sin arrepentirse, para que la comunidad no se corrompa.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa hoy si has dejado crecer en tu vida una tolerancia cómoda hacia algo que sabes que te aleja de Dios. Pide la gracia de una conversión sincera y, si es necesario, busca la Confesión, para celebrar la Pascua con un corazón limpio.

Oración

Cordero pascual inmolado por nosotros, purifica la vieja levadura de mi corazón. Dame sinceridad para reconocer mi pecado y valentía para apartarme de él. Amén.

Acerca del libro de I Corintios

La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.

Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.

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